9:02 am - Miércoles julio 30, 2014

Las Pruebas y Tribulaciones del Creyente

Una Exposición de Hadiz del Imam Jomeini

Muhammad ibn Ya’qub al- Kulayni (R) de ‘Ali ibn Ibrahim, de su padre, de Ibn Mhbub, de Abu ‘Abd Alllah (A) que dijo: “Ciertamente, es mencionado en el Libro de ‘Ali que de toda la humanidad, los profetas experimentarían las pruebas más severas, y después de ellos los awsiya’, y luego de ellos los elegidos hasta el alcance de su nobleza. Verdaderamente, el creyente experimenta pruebas en proporción a sus buenas acciones. Por lo que aquél cuya fe es sólida y cuyas acciones son buenas, pasa por pruebas más severas. Esto es verdaderamente porque Dios Todopoderoso no hizo a este mundo un lugar para recompensar al creyente y castigar al impío. Y aquél cuya fe es débil y cuyos (buenas) acciones son pocas, enfrenta menos tribulaciones. Ciertamente, las tribulaciones se acercan creyente con más prisa que la lluvia hacia las profundidades de la tierra.” [145]

Exposición

Algunos han sostenido por nas (personas, humanidad) en esta noble tradición y es como que significaron seres humanos perfectos (kamilun) como los profetas y los awsiya’, y que en realidad son ellos los nas, mientras que los demás son lil-nas (para la gente), como se mencionó en otras tradiciones.

Sin embargo, esa interpretación no aplica aquí y parece apropiado que la humanidad y la gente en general deba haber sido incluida aquí. Esto es evidente en otras tradiciones de este capítulo de al- KAfi, y se ha dicho en algunas tradiciones que por nas se quiere decir kamilun, no significa que la palabra tiene este significado en todos los lugares donde se la encuentra. También, bala’ significa prueba, análisis, examen y se aplica tanto a los buenos como a los malos, y los lexicógrafos lo han declarado de manera expresa. Al- Jawhari en al- Sihah dice a este respecto: “Y Dios Todopoderoso dice: ‘Para hacer experimentar a los creyentes un favor venido de Él.’ (8:17)

Todo ello con lo que Dios, a Quien pertenecen la Gloria y la Majestad, prueba a Sus siervos es bala’ e ibtila’, se trate de enfermedades y males o adversidades como la pobreza, la humillación y la pérdida de la fortuna mundana, o algo opuesto como la adquisición de poder y gloria, riqueza, elevada posición, honor y similares. Sin embargo, cada vez que bala’, baliyyah o ibtila’ y similares son mencionadas, es con el significado anterior de las cosas. Amthal quiere decir “más noble y mejor”: Por lo tanto, la frase ثُمَّ الأمْثَلَ فَالأمْثَلَ significa que aquél que es mejor y más noble después de los profetas y los awsiya’ tiene que enfrentar una clase más severa de bala’ que los demás, y aquellos que son mejores y más nobles que los demás después de ellos, tienen que enfrentar una grado más severo de pruebas. El grado de severidad de bala’ es acorde al decreto de mérito. Este tipo de expresión (i. e., como ثُمَّ الأمْثَلَ فَالأمْثَلَ ) no existe en persa. “Sukhf” quiere decir “debilidad de la facultad racional” o “insensatez”, como se mencionó en al- Sihah y otras obras de lexicografía. Qarar quiere decir “lugar de reposo”, como se menciona en los diccionarios: la disculpa significa que, de la misma manera en que la tierra está en el lugar de reposo de donde viene la lluvia para descansar y continuar, el creyente está en el lugar de reposo de los sufrimientos y tribulaciones, que se apuran a él, descansan en él y no lo abandonan. Dios mediante, mencionaremos lo que es necesario para la exposición de esta noble tradición en el transcurso de unas pocas secciones.

El Significado de Prueba

Hagamos saber que las almas humanas existen a un nivel de potencialidad desde el comienzo de su origen, su acoplamiento a los cuerpos y su descensión al campo de la existencia corpórea (mulk), al respecto de todas las cosas, incluyendo al conocimiento, los buenos y malos rasgos y todo tipo de facultades perceptivas y conductuales. Gradualmente se mudan de la potencialidad a la actualidad con la gracia de Dios, Todopoderoso y Sublime. Al principio, surgen en el alma débiles impresiones relativas a lo particular (como opuestas a lo universal), como las impresiones de tacto u otras de los sentidos externos, moviéndose de lo más bajo a lo más elevado. Siguiendo esto, las percepciones internas también surgen en ella. Sin embargo, todas sus facultades existen sólo a un nivel potencial y no crecen sin la estimulación adecuada. Por ejemplo, si las facultades de tipo básico son dominantes, se está inclinado a la fealdad y malicia, ya que sus potencias internas, tales como shahwah (lujuria), ghadhab (ira), etc., empujan al pecado, a la promiscuidad, a la agresión y tiranía. Después de seguirlas un tiempo, crece como un monstruo extraño y un muy grotesco demonio.

No obstante, como la gracia y la misericordia de Dios Todopoderoso han acompañado a los Hijos de Adán desde la eternidad, Él les otorga dos educadores y maestros que son como dos alas con las que pueden volar desde las profundidades de la ignorancia, el defecto, la fealdad y el infortunio a las alturas del conocimiento, la perfección, la belleza y la felicidad y llevarse desde el estrecho valle de la naturaleza hasta alcanzar los amplios y abiertos horizontes del ámbito del espíritu (malakut). Las primeras de estas son las facultades del intelecto y el discernimiento, que son los maestros internos; y la segunda, el maestro externo, está representado por los profetas y los guías divinos que empujan por el camino de la felicidad para distinguirlo de los senderos de los infortunios.

Ninguno de ellos puede, por sí solo, llegar al final sin el otro. Ya que el intelecto humano por sí mismo no puede identificar los senderos de la felicidad y el infortunio ni encontrar el camino al mundo oculto y el ámbito de la existencia del Más Allá. Del mismo modo, la guía de los profetas no puede ser efectiva sin el ejercicio de las facultades de discernimiento del intelecto.

Por consiguiente, Dios, el Caritativo y Sublime, les dio estos dos educadores, para que a través de ellos, todas las potencialidades, facultades y capacidades ocultas, latentes en el alma humana, deban ser realizadas y actualizadas. Dios Todopoderoso los bendijo con estos dos grandes tesoros para probar y examinar a los seres humanos, ya que es a través de estos tesoros que los seres humanos individuales son separados en felices e infortunados, obedientes y rebeldes, perfectos e imperfectos. Y de este modo el Gran Wali de Dios dijo: “Y por aquél a quien Él envió [el Profeta (S)] con la Verdad, seréis mezclados y combinados y luego separados a través del tamiz (de la prueba y tribulación Divinas) [146]

En el noble al- Kafi, en el capítulo relativo a la prueba y tribulación Divinas (bab al- tamhis wa al- ‘imtihan), Ibn Abi Ya’fur informa que el Ima al- Sadiq (A) ha dicho: “Es inevitable que la humanidad deba ser purificada, separada y pasada por el tamiz, por lo que un gran número es excluido por cedazo.” [147]

También al- Kulayni informa con su isnad de Mansur la siguiente tradición: El Imam Sadiq (A) dijo: “¡Oh, Mansur! Ciertamente este tema [i. e., la aparición de al- Mahdi (A)] no ha de llegar a vosotros excepto hasta después de la desesperación y hasta que, por Dios, hayáis sido separados,

y hasta que, por Dios no hayáis sido purificados, y no hasta que, por Dios, los desafortunados alcancen el infortunio y los felices logren la felicidad.” [148]

En otra tradición, se comenta que Abu al- Hasan (A) dijo: “Seréis purificados de la manera en que lo es el oro.” [149]

Se informa de la siguiente tradición en al- Kafi bab al- ‘ibtila’ wa al- ‘ikhtibar, con isnad del Imam al- Sadiq (A): “Él dijo: ‘No hay qabd (extensión) ni bast (contracción) excepto que en ello haya un propósito de Dios, un decreto y una prueba.’” [150]

En otra tradición se informa que dijo: “Ciertamente, no existe qabd ni bast en lo que Dios ha ordenado o prohibido, excepto que en ello haya un decreto o una prueba de Dios.” [151]

Qabd significa imsak, retención; man’ obstrucción, impedimento; y akhdh, apropiación. Bast es nashr, despliegue, difusión, resurrección; y ‘ata’, don, concesión. Por lo tanto, cada don, expansión y obstrucción, y cada orden, prohibición y deber es por el bien de las pruebas.

De este modo llegamos a saber que el envío de los profetas y la revelación de las escrituras celestiales es todo por el bien de la separación de la humanidad; de la separación de los infortunados de los felices y afortunados; de los obedientes de los pecadores. Y el significado de la prueba y examinación Divinas es la propia separación de los hombres entre sí, no el conocimiento de su separación, porque el conocimiento de Dios Todopoderoso es eterno; abarca todas las cosas previas a su creación. El hukama’ ha discutido de manera exhaustiva la realidad de la prueba e ibtila’ y está más allá del campo de esta exposición para mencionar sus opiniones.

De todos modos, el resultado de esta prueba y examinación es la separación de los afortunados de los infortunados. En el transcurso de la misma, la prueba (hujjah) de Dios es establecida contra las creaturas. Por lo tanto, su vida, felicidad y salvación, o su destrucción y maldición ocurre después del establecimiento de la prueba y testimonio (bayyinah) y  no hay sitio para la objeción. El que logra la felicidad y la vida eterna lo hace a través del Divino socorro y guía, ya que Dios ha otorgado todos los medios para lograrlas.

También, aquél que gana el infortunio y cae en la destrucción, siguiendo a Satán y a su yo carnal, su infortunio y maldición también los gana por su propio libre albedrío, porque lo hace a pesar de contar con la disponibilidad de todos los medios de guía y felicidad. La prueba concluyente de Dios es establecida en su contra y no hay lugar para los pretextos. De hecho, el Corán dice: “Lo que uno haya hecho redundará en su propio bien o en su propio mal.” (2: 286)

Los Profetas y la Prueba Divina

Se mencionó antes que todo acto del ser humano, o más bien cada suceso que acaece en el ámbito del cuerpo y está relacionado con las percepciones del alma, deja una especie de impresión en el yo. Esto es verdad acerca de las buenas y malas acciones (cuyas impresiones en el alma están mencionadas en las tradiciones  como la aparición de un “punto blanco” o un “punto negro”, respectivamente) como también los placeres y los dolores.

Por ejemplo, cada experiencia placentera, derivada de la comida, la bebida, el sexo u otra cosa más, deja una impresión en el alma y crea o aumenta el amor y el apego por esa clase de placer en el alma. Cuanto más nos sumergimos en estos placeres y deseos, más grande se vuelve el amor y el apego del yo por este mundo y su dependencia de él. Por consiguiente, el yo es nutrido por el amor del mundo y educado conforme a él.

Cuanto más grande sea el placer sensual obtenido con él, más fuerte serán las raíces de este amor; y cuanto más disponibles estén los medios para la comodidad y el lujo, más robusto se vuelve el árbol del apego al mundo. Y cuanto más se dirija la atención del alma hacia el mundo, más proporcionadamente grande es la negligencia para con Dios y el mundo del Más Allá. Así, cuando su dependencia del mundo se vuelve completa, el alma asume una forma mundana y materialista, y la ausencia de atención hacia Dios Todopoderoso y el reino de Su munificencia y retribuciones también se vuelve total y completo. Es acerca de un alma así que el Corán dice: “Pero se apegó a la tierra y siguió su pasión.” (7: 176)

El resultado inevitable de esta inmersión interna en el mar del placer y el deseo es el amor al mundo, y el amor al mundo crea antipatía hacia lo que no le es similar; la atención al reino corpóreo (mulk) ocasiona la desatención del mundo espiritual (malakut). Por el contrario, si se tiene una mala y dolorosa experiencia acerca de algo, la impresión de esa experiencia crea antipatía en el alma. Cuanto más fuerte es esa impresión, mayor es la antipatía interna. Por ejemplo, si después que alguien se muda a otra ciudad, tiene  que enfrentarse  a numerosos tormentos e infortunios y está sometido a adversidades internas y externas, es natural que odie ese lugar. Cuanto mayor sea el número de adversidades que enfrente allí, mayor será su odio por ese sitio. Si conoce un lugar mejor, se mudará a él, y si no es capaz de hacer ese viaje, su corazón se irá hacia la ciudad de su agrado. Por consiguiente, si un hombre enfrenta adversidades, dolores y tormentos en este mundo y  es superado por oleadas de calamidades y tribulaciones,  inevitablemente se resentirá por ello. Su apego por él disminuirá y desconfiará de él. Si cree en otro mundo, un mundo amplio, libre de toda clase de dolor y pena, inevitablemente querrá ir a él, y si es incapaz de hacer el viaje de manera física, enviará a su corazón a que lo realice.

Además, es evidente que todos los males espirituales, morales y de conducta surgen del amor al mundo y el descuido de Dios Todopoderoso y el Más Allá. El amor al mundo es la fuente de todo pecado, del mismo modo que el amor de Dios, la aspiración a vivir eternamente de Su recompensa, la renuncia al mundo y la ausencia de dependencia y confianza en su embellecimiento son la fuete de todas las curas espirituales y de la reforma moral y de conducta.

Después de estos preliminares llegamos a saber que cada vez que Dios Todopoderoso tiene una mayor consideración y amor por alguien, y cuando alguien es, en gran medida, objeto de la misericordia de Su Sagrada Esencia, Él lo contiene de este mundo y sus encantos con las olas de calamidades y tribulaciones, de modo que su alma se aleje por el disgusto hacia el mundo y sus adornos y vuelva su rostro y su corazón, hasta el alcance de su fe, hacia el mundo del Más Allá. Si no existiere otra razón, excepto esta, para la resistencia de las calamidades, hubiera sido suficiente, y una noble tradición también señala en este sentido.

El Imam al- Baqir (A) dijo: “Ciertamente, Dios Todopoderoso trata al creyente con tribulaciones de la misma manera que un hombre trata a su familia con regalos después de su ausencia (por un viaje), y lo contiene del mundo de la misma manera en que el médico prescribe controles para el enfermo.” [152]

Lo mismo se dice en otro hadiz, y no debemos imaginar que el amor de Dios y el gran cuidado de Su Sagrada Esencia por algunas personas sean –que Dios nos ampare- extravagante y carente de sentido. Más bien, con cada paso que da un fiel siervo de Dios hacia él, la gracia de Dios se vuelve a él y el Todopoderoso se acerca a él. La similitud de los grados de la fe y la disponibilidad de los

medios del Divino socorro es la de un hombre moviendo una lámpara en la oscuridad; con cada paso que da hacia adelante, algo más en el sendero delante de él es iluminado, lo que le permite adelantar otro paso. Con cada paso que el hombre da hacia el Más Allá, ese sendero se le aparece más claramente y la gracia de Dios sobre él, aumenta, preparando los medios de atención hacia el mundo de la Divina proximidad y la antipatía hacia el mundo de la separación y la distancia.

El eterno conocimiento de su obediencia durante los términos del deber. Por ejemplo, si tenéis dos hijos acerca de los cuales sabéis, con anterioridad, que, en su infancia uno de ellos os traerá satisfacciones, mientras que el otro crecerá para ocasionaros disgustos y enojos, vuestro amor por el obediente será mayor desde el mismo comienzo.

La Recordación de Dios

Otro punto relacionado con la severidad de las tribulaciones del elegido de entre los siervos de Dios es que son hechos para recordad a Dios debido a estas adversidades y tribulaciones y para orar y lamentarse frente a Su Sagrada Esencia. Esto los hace acostumbrarse a recordarlo y mantener sus pensamientos ocupados con Él. Es natural para los seres humanos el buscar y aprender acerca de lo que creen que es una fuente de apoyo en los tiempos de adversidad. En tiempos de consuelo y bienestar, se olvidan y lo descuidan. Y como el elegido no conoce más fuente de apoyo que Dios, su atención se vuelve a Él, pone toda su confianza en Su sagrada posición, y Dios Todopoderoso, también, con el amor que tiene por él, prepara los medios de esa atención y confianza indivisas.

No obstante esto, como también en el punto anterior, no es verdad acerca de los profetas y el perfecto awliya’, ya que su posición es muy elevada en santidad y su corazón está muy firme en la fe como para desarrollar apego por las cosas mundanas (como la comodidad y el bienestar) o dudar de su confianza en Dios. Esto también puede porque los profetas y el perfecto awliya’, a través de su luz interior y experiencia espiritual, han determinado que Dios Todopoderoso no tiene contemplaciones por este mundo y sus adornos y que todo en él es básico y humilde a los ojos de Su Sagrada Esencia, y por ello han preferido la pobreza a la riqueza, la tribulación a la comodidad y facilidad, y la adversidad a lo que no se le parece.

Muchas nobles tradiciones también apoyan este punto de vista.

Es mencionado en el hadiz que Gabriel trajo la llave de los tesoros de la tierra al Sello de los Profetas (S) y le dijo que debía aceptarla, que en nada disminuiría su estación en el Más Allá. Pero el Profeta (S) no las aceptó en nombre de la humildad ante Dios Todopoderoso y eligió la pobreza.

En el noble al- Kafi, al- Kulayni, con una cadena de trasmisores que llega al Imam Sadiq (S), cuenta que el Imam (A) había dicho: “Ciertamente, Dios tiene tan poca contemplación por el impío que de pedirle a Él el mundo y lo que hay en él, se lo daría.”[153]

Y esto es debido a la futilidad del mundo a los ojos del Todopoderoso. Es mencionado en el hadiz que desde el momento en que el Todopoderoso creó el mundo corpóreo, no lo miró con favor.

Otro punto relacionado con la severidad de las tribulaciones de los creyentes que ha sido mencionada en las tradiciones es que existen ciertas posiciones para los creyentes que no pueden alcanzar sin padecer sufrimientos, dolores y aflicciones. Es posible que estas aflicciones sean la forma corporal de los grados de renunciación del mundo y devoción a Dios, y es posible que estos sufrimientos tengan forma celestial (suwar- e malakit), que no pueden  ser sabidos son la ocurrencia en el mundo corpóreo y las aflicciones en él. El Imam al- Sadiq (A), en una noble tradición de al- Kafi, con una continua cadena de trasmisión que se eleva a él, afirma: “Ciertamente, el siervo tiene ciertas estaciones ceca de Dios que no pueden ser sabidas sin uno de estos dos atributos: la pérdida de sus riquezas o la aflicción en su cuerpo.” [154]

En una tradición relacionada con el martirio del Doyen de los Mártires [el Imam Hussein (A)] es mencionado que él (A) vio al Profeta (S) en un sueño. El Profeta (S) ledecía a un mazlum: “Existe una estación para ti en el Paraíso a la que no puedes llegar sino a través del martirio.” LA forma celestial del martirio no puede ser alcanzada sin su ocurrencia en el reino corporal, como ha sido demostrado en ciencias más elevadas. Es mencionado en tradiciones mutawatir que por cada acción existe una forma correspondiente en el otro mundo, y se cuenta que el Imam al- Sadiq (A) dijo en al- Kafi que: “La grandeza de la recompensa del hombre va con la grandeza del sufrimiento, y Dios no ama a una persona a la que no hizo sujeto del sufrimiento.” [155]

Existen muchas tradiciones con respecto a este tema.

El Sufrimiento de los Profetas

El gran muhaddith al- Majlisi (M) dice: “Estas tradiciones relativas a las tribulaciones de los profetas, que han sido narradas por las cadenas de trasmisión tanto sunitas como chiitas (turuq), claramente indican que los profetas y los awliya’ difieren de los demás en cuanto a los males y aflicciones corporales. Más bien, tienen más derechos que los demás a sufrir  debido a gran recompensa, que es responsable de la nobleza de sus estaciones. Y este sufrimiento no solo no es contrario a su estación, incluso significa la confirmación de su posición. De no sufrir aflicciones, a pesar de la manifestación de milagros y sucesos extraordinarios en sus manos, la gente diría tales cosas sobre ellos como los cristianos de sus profetas. Esta explicación también es mencionada en las tradiciones.

El sutil investigador y gran filósofo sagrado al- Tusi, que Dios llene su tumba de perfume, afirma en al- Tajrid: “Una de las cosas de las que los profetas deben estar libres es de lo que es tenido como aborrecible.” Y el Ulema de los ulemas del Islam [al- Ulema al- Hilli (R)] agrega en Sharh al- Tajrid que los profetas deben estar libres de males aborrecibles como la incontinencia urinaria, lepra y leucoderma, ya que su carácter odioso es contrario al objetivo de la  profecía.

Este escritor dice: “La estación de la profecía está sujeta a niveles y experiencias  espirituales y no tienen relación con lo corpóreo. De allí que las enfermedades  y defectos físicos no dañen la estación espiritual de los profetas y la aflicción con odiosas enfermedades no disminuyen en algo la sublimidad y grandeza de su estación, aunque pueden no contribuir de manera de confirmar su (ya establecida) excelencia y grados de sublimidad. Pero lo que estos dos investigadores han dicho tampoco es carente de validez. Esto es porque el común de la gente no puede hacer una distinción entre las dos estaciones (de espiritualidad y corporeidad) e imagina que los defectos físicos están relacionados o causados por un defecto espiritual.

Por consiguiente, consideran algunos defectos como contrarios a la elevada y gran estación de los profetas. Así que la Divina Gracias dicta que los profetas que son mensajeros y portadores de la Divina Shari’ah no deben ser afligidos con tales enfermedades en tanto son consideradas desagradables y abominables por la gente. Por lo tanto, la ausencia de esta clase de aflicción no es por ser dañosa para la estación de la profecía, sino para maximizar la efectividad de la misión profética de comunicar las enseñanzas Divinas (tabligh). Por lo tanto, no existe nada malo si algunos profetas con Shari’ah, gran awliya’ y fe son afectados con este tipo de males, como en el

caso de Hadrat Ayyub (Job) y Habib al- Najjar. Existen muchas tradiciones concernientes a la aflicción de Hadrat Ayyub (A), de las cuales son las dos siguientes: ‘Ali ibn Ibrahim, en una larga tradición cuanta, con la autorización de Abu Basir, que el Imam al- Sadiq (A) dijo: “entonces todo su cuerpo, excepto su intelecto y sus ojos, fueron objeto de enfermedad. Entonces Iblis sopló sobre él y se convirtió en una sola llaga que se extendió desde su cabeza hasta sus pies. Él (Job) permaneció por un tiempo con esa condición, orando y agradeciendo a Dios, hasta que se infectó con gusanos. Cada vez que un gusano caía de su cuerpo, lo volvía a colocar en su lugar, diciendo: ‘Regresa a tu lugar, adonde Dios te ha creado.’ Y comenzó a heder hasta que sus vecinos lo echaron del pueblo y su comida provenía de la basura desechada fuera del poblado.”

En al- Kafi, al- Kulayni comenta que Abu Basir le preguntó al Imam Sadiq (A) acerca de los versículos: “Cuando recites el Corán, busca refugio en Allah del último demonio. Él no puede nada contra los que creen y confían en su Señor. Sólo tiene poder sobre los que traban amistad con él y asocian a Él a otros dioses.” (16: 98- 100) El Imam dijo: “Oh, Abu Muhammad, por Dios, Él le otorga autoridad (a Satán) sobre el cuerpo del creyente, pero no sobre su fe (din). Le dio autoridad (a Satán) sobre Ayyub y Satán lo desfiguró físicamente, pero no le dio autoridad sobre su fe. Y sí le da autoridad sobre los cuerpos de los creyentes pero no sobre su fe.”

Majiyah dice: “Le dije a Abu Ja’far (A) que al- Mughirah dice que un creyente nunca es afligido con lepra, leucoderma y otros males así (¿es eso cierto?). El Imam le respondió: ‘¿No sabía que el Sahib Ya- Sin (Habib al- Najjar, el hombre mencionado en la Sura Ya Sin) estaba mutilado (mukanna)?’ Él (A) cerró sus dedos y dijo: ‘Es como si lo viese ir hacia su pueblo en su estado de mutilación (tajannu’) para advertirles y volver al día siguiente, cuando lo mataron.’ Luego agregó: ‘Ciertamente, el creyente sufre toda clase de aflicciones y muere de cualquier tipo de muerte, excepto de suicidio.’” [156]

Sahib Ya Sin es Habib al- Najar y takannu’ (la palabra se halla escrita con “nun” en la mayoría de los manuscritos), de acuerdo a al- Majlisi significa acortamiento y mutilación. Agrega que probablemente era lepra, lo que había resultado en el acortamiento de sus dedos. Sin embargo, esto, como muchos otros hadices, indican que a los creyentes y los profetas, a veces, se les infligen ciertas enfermedades abominables para su mayor conveniencia, aunque algunas tradiciones niegan la desfiguración y putrefacción del cuerpo de Hadrat Ayyub, y no hay demasiado beneficio en la discusión de este tema a menos que se desee afectar la reconciliación. En resumen, este tipo de enfermedades no dañan la condición de creyentes y no disminuyen en algo la estación de los profetas (A), más bien,  llevan a la elevación de su estación y Dios Todopoderoso bien conoce la verdad.

El Mundo no es un Lugar de Recompensa o Castigo

Sabed que este mundo, debido a sus defectos, debilidad y endeble naturaleza, no es lugar de recompensa de Dios Todopoderoso ni lugar de Su sanción y castigo. Es así porque la residencia de la Divina munificencia es un ámbito en el que las recompensas son puras, sin tormentos y sus consuelos n o están mezclados con dolor y pena. Tales recompensas no son posibles en este mundo, que es un sitio en el que reúnen las contradicciones y cuyas recompensas están mezcladas con numerosas clases de dolores, penurias y tormentos.

Más bien, como han dicho los filósofos, el placer de este mundo yace en evitar el dolor. Puede decirse que incluso sus placeres cusan dolor y cada uno de sus placeres está seguido por el dolor y la penuria. Más bien, el propio material de este mundo carece de la capacidad de aceptar la bondad absoluta y la recompensa completa. De la misma forma, sus dolores y penurias, tormentos y castigos también se hallan mezclados; cada uno de sus dolores y tormentos acarrea en sí alguna bondad y recompensa, y ninguna de sus aflicciones y adversidades está sin mezcla.

El propio material de este mundo carece de la capacidad de aceptar el castigo puro y absoluto, mientras que la residencia del castigo Divino es un lugar en el que el castigo es puro y total; sus dolores y aflicciones no se parecen a las de este mundo, que mientras afligen a un miembro del cuerpo, están ausente de los demás. Mientras los miembros saludables están cómodos y descansados, los miembros afectados sufren dolor y agonía. La noble tradición se refiere en parte a lo que se ha afirmado cuando se dijo: “Es decir, la razón por la que el creyente es afectado en este mundo con la tribulación es que Dios Todopoderoso no lo ha hecho lugar de Su recompensa para el creyente ni el lugar de castigo para el infiel. Este mundo es la residencia del deber y el semillero del Más Allá. Es un lugar de intercambio y ganancia mientras que el Más Allá es el lugar de recompensa y castigo, de retribución y condenación.

Aquellos que esperan que Dios Todopoderoso descubra inmediatamente al que peca o es indecente en este mundo o que comete alguna injusticia o agrede a alguien, y que corte su mano y lo elimine de la existencia, no son conscientes que su expectativa es contraria al orden de este mundo y se oponen al hábito y la sunnah de Dios.

Éste es el lugar de pruebas y la zona de separación de los infortunados de los felices y de los pecadores de los obedientes. Éste es el ámbito de la manifestación de los actos, no el sitio de la emergencia de los resultados de los actos y cualidades personales. Si ocasionalmente Dios Todopoderoso descubre al opresor, puede decirse que es debido a la misericordia del Todopoderoso hacia ese opresor (ya que evita que siga pecando). Ya que cuando Dios Todopoderoso deja a los pecadores y tiranos a sí mismos, Su ira toma la forma de istidraj, creciendo de manera gradual.

Por lo tanto, Dios Todopoderoso declara: “A quienes desmientan Nuestros signos, les conduciremos paso a paso, sin que sepan como. Y les concedo una prórroga. Mi estratagema es segura.” (7: 182- 183)

También dice: “Que no piensen los infieles que el que les concedamos una prórroga supone un bien para ellos. El concedérsela es para que aumente su pecado. Tendrán un castigo humillante.” (3: 178)

En Majma’ al- bayan, esta tradición es citada del Imam al- Sadiq (A): El Imam (A) dijo: “Cuando una persona comete un pecado y su retribución (que hubo recibido) le es renovada, deja de pedir perdón (istighfar) y esto constituye al-‘istidraj (como se menciona en el versículo 7: 182).”

Al final de la noble tradición, el Imam (A) dice: “Y aquél cuya fe es débil y su intelecto endeble, también tendrá una tribulación leve.”

Esto demuestra que las tribulaciones son espirituales y corporales, ya que las personas de intelectos débiles y endeble sensatez, tendrán tribulación espiritual y sufrimiento intelectual en proporción a su debilidad intelectual y la endeblez de su sensatez.

Por el contrario, aquellos con intelectos más completos y una sensatez más aguzada tendrán que padecer tribulaciones espirituales más intensas en proporción a la perfección y agudeza de su

intelecto y sensatez. Quizá fue por este motivo que el Santo Mensajero (S) dijo: “Ningún profeta fue atormentado al punto en que yo lo he sido.”

Esta queja del Profeta (S) se refiere a que, quienquiera que percibe la grandeza y la gloria del Señor hasta tal punto y sabe de la sagrada estación de Dios Todopoderoso más que los demás, sufre más y es más atormentado por los pecados y ofensas de las creaturas en contra de la santidad del Señor.

También, aquél que tiene un mayor amor y compasión por las creaturas de Dios es atormentado a un mayor grado por las condiciones y formas desafortunadas y tortuosas. Y, por supuesto, el Sello de los Profetas (S) era más perfecto en todas estas estaciones y más elevado que todos los profetas y awliya’ en cuanto al grado de excelencia y perfección. De este modo su tormento y sufrimiento era mayor que cualquiera de ellos. Esta también es otra explicación de la afirmación del Santo Mensajero, cuya mención no es apropiada en este lugar.

Y Dios sabe más y a Él le pertenecen todas las alabanzas.

 

Notas:

[145] Al-Kulayni, Usul al-Kafi, vol. II, p.259, hadith No.29.
[146] Nahj al-balaghah, Khutbah No.16.
[147] Usul al-Kafi, vol II, p.370, hadiz No.2.
[148] Usul al-Kafi, vol II, p.370, hadiz No.2.
[149] Usul al-Kafi, hadith No.4:
[150] Usul al-Kafi, vol. I, p.152.
[151] Usul al-Kafi, vol. I, p.152.
[152] Usul al-Kafi, vol. II, p.255, hadiz No.17.
[153] Usul al-Kafi, vol. II, p.255, hadiz No.17.
[154] Usul al-Kafi, vol. II, p.255.
[155] Usul al-Kafi, vol. II, p.255.
[156] Usul al-Kafi, vol. II, p.255.

 

Traducido por Fabiana Ríos, para UMMA, de:

http://www.imamreza.net/eng/imamreza.php?id=9886

 

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