11:49 pm - Miércoles julio 18, 2018

Los Desafíos de Crecer en un País No Musulmán

Por Deana Nassar

Enfrentar uno que otro desafío y ser vulnerable era más que natural durante esos años de prueba a los que retorno para ayudarme a recordar.

Como musulmana criada en un país no musulmán, las pruebas han sido duras y uno se inclina a ponerse una máscara para enfrentarse a algunas confrontaciones que con toda ecuanimidad podría haber enfrentado cualquiera, especialmente como presión de par que al crecer podrían pasar la factura.

Intentar explicar a tus profesores por qué rezas, discriminación por usar el velo, pararse en clases cuando el Islam es atacado y a veces lidiar con los padres que no alcanzan a comprender a lo que nos enfrentamos en el “mundo exterior” eran sólo algunas de las dificultades que afronté por mí misma y con el pequeño número de jóvenes musulmanes practicantes durante mis años más jóvenes.

Uno se da cuenta que el Islam nunca fue una fe individualista, reservada para los pocos elegidos. Aprendí que los musulmanes tienen el deber de difundir la religión y al ser lo que era categorizado como una “joven musulmana practicante” tenía un rol crucial que jugar. Necesité leer mucho y aprender más, continuar cuestionando y en síntesis practicar lo que predicaba.

Me conciencié que mientras algunos padres estaban ocupados proveyendo de una buena vida para sus hijos a nivel material por medio del trabajo, en algunos casos con dos o tres empleos, fracasaban en pasar tiempo con sus hijos y adolescentes para brindarles los valores islámicos que formarían la base de su sistema de creencias e identidad para el resto de sus vidas.

Mis padres se enfocaron en la religión para mantenernos con los pies en la tierra, eligiendo correctamente sus prioridades, tomando decisiones y haciendo sacrificios a lo largo del proceso. Por lo que les estoy agradecida.

Criar a cualquier adolescente puede ser duro, pero criarlos en una sociedad que está conformada de manera diferente o de forma diferente a lo que el Islam nos enseña es, creo, lo que debe haber sido el máximo desafío. Es con esto en mente que mis padres nos alentaban a mezclarnos e interactuar todos los días con niños musulmanes y no musulmanes por igual, creyendo que era lo más saludable para nuestro crecimiento.

Recuerdo bien esto y me viene a la memoria una dama francesa a quien verdaderamente amé que se volvió al Islam y es allí conde comenzaron las preguntas y continúan hasta este día. Su nombre era Amina y la amaba mucho. Aprendí de ella lo que mis padres siguieron martillando en mi cabeza, que todo el trabajo que hacemos debe ser, de manera ideal, en nombre de Dios.

No estamos aquí para ganar puntos o un concurso de popularidad sino que estamos allanando nuestro camino hacia el Más Allá, básicamente alcanzando nuestra meta: el Paraíso. De algún modo es distinto cuando alguien distinto de tus padres te lo dice; tiene un sabor completamente distinto.

A mis hermanos y a mí se nos enseñó que el viaje del Islam es un todo y nuestro propio viaje personal como musulmanes no siempre sería fácil y nos encontraríamos con pruebas y dificultades. Como mencioné antes, eran plenos. Nos dijeron que Dios da a los creyentes la fuerza y el coraje de superar las pruebas y que debíamos poner nuestra confianza en los planes de Dios y no estar desalentados ya que contábamos con la voluntad de Dios de superar estas tribulaciones. Se nos pidió permanecer firmes en el viaje de la fe y eso es lo que hicimos; o al menos intentamos. A medida que crecimos aprendimos a estar orgullosos de nuestra religión y asistir a las festividades Eid era siempre una ocasión esperada.

Había muchos musulmanes que asistían y sentí una abrumadora sensación de orgullo un año en que mi escuela primaria nos dio permiso a los musulmanes de nuestra comunidad para festejar allí las festividades.

La administración escolar había declarado que yo era un buen ejemplo de una musulmana media y nos dieron la bienvenida. Literalmente, podía explotar de orgullo y felicidad e invité a unos pocos amigos no musulmanes para que asistan, pidiéndoles a mis amigos musulmanes que les presten especial atención. Creo que ha sido uno de mis más memorables Eid de niña.

Mientras tanto mis padres nos apoyaban en las decisiones que tomábamos guiándonos siempre, no obstante, nos daban bastante libertad, siempre bajo su atenta mirada.

La Iglesia en Venta

Escuchamos atentamente y como jóvenes, nadamos contra la corriente; después de todo era bueno para el corazón y tomamos coraje. Nos enseñaron que no hay dificultades, ninguna, ni pruebas o malos entendidos que temer si permanecemos unidos a Dios.

Armados con estas herramientas alentamos a los musulmanes más grandes que asistan a la subasta en la que se vendía una iglesia. Había mucho trabajo por hacer y pedimos a aquellas que sabían hornear, coser o hacer algo para juntar dinero de modo que pudiésemos comprar la iglesia que estaba al lado de una mezquita de allí. Queríamos un lugar en el que pudiésemos aprender árabe y donde el Corán pudiera ser enseñado con los bellos hadices del Profeta Muhammad.

El viaje fue largo pero jamás nos rendimos. Algunas personas del Ejército de Salvación intentaron obstruir el proceso. Me di cuenta que como niña ser musulmana era maravilloso, pero ser una minoría era difícil. Sin embargo, la mayoría de las personas, musulmanas y no musulmanas por igual, se unieron en el esfuerzo de juntar dinero.

Después de batallar y trabajar duro por casi tres años, nos entregaron las llaves. Hasta hoy miro atrás con orgullo y me entusiasmo tanto como el primer día.

Además de ser modelos de rol al intentar practicar el Islam, mis padres hicieron lo mejor para proveernos de material de lectura del Profeta Muhammad (la paz sea con él) y nos alentaron a intercambiarlos con los demás en una subasta para promover el conocimiento. La televisión por cable no estaba tan al alcance como ahora y cualquier video que caía en nuestras manos que cualquier amigo o pariente nos pudiera proveer era muy apreciado.

La vida del Profeta, sus esposas y los compañeros eran discutidas y mi padre a menudo nos preguntaba qué pensábamos que hubieran hecho los compañeros en una situación importante de nuestras vidas. Quizá en ese momento nos habíamos sentido obligados a practicar la religión como jóvenes que temían a sus padres y a veces entender algo que era intangible nos era difícil. Cierto es que poníamos en blanco los ojos como cualquier adolescente, por supuesto, sin que ellos nos vieran; pero creo que era parte de crecer.

Ahora, al tener hijos crecidos propios, puedo entender totalmente los temores de mis padres, en especial en un país no musulmán. Sin embargo, he llegado a la conclusión que aunque la práctica de la religión en un país no musulmán tenía sus desafíos e inquietudes, no es muy distinta, en mi opinión, de criarlos en un país musulmán. Con el mundo literalmente en la palma de la mano a menos que estés centrado, Occidente puede controlarte a ti y la vida de tu hijo.

Criar hijos depende sólo de los padres y a pesar que existen obstáculos con las plegarias continuadas y quizá, la fe con menos firmeza, tal vez seamos capaces de llegar a destino. Tal vez algunos en estos días y época sientan que Dios significa menos para ti, esta perspectiva es en sí, un desafío.

Es importante que inculquemos el entendimiento que no debemos pensar necesariamente que precisamos más a Dios, sino que debemos más obediencia a Dios.

En resumen, independientemente de dónde te halles y en qué país te acerques más a Dios, simplemente significa que tenemos que seguir Su camino.

Traducido por Fabiana Ríos, para UMMA, de:

http://www.onislam.net/english/reading-islam/living-islam/personal-stories/in-their-own-words/464470-challenges-of-growing-up-in-a-non-muslim-country.html

 

 

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