5:48 am - jueves febrero 20, 2020

Hazrat Fátima Zahra (SA), la Dama Más Noble de todos los tiempos, desde el comienzo hasta el fin.

Recopilado por el Sayyid Ali Shahbaz

La vida de la Más Noble Dama de todos los tiempos, desde el principio hasta el fin. Fue la más grande de las hijas de Eva. Fue el Orgullo de la Virgen María –la madre de Jesús. Es llamada por Dios en el santo Corán como Kowsar –el bendito manantial de la perpetua abundancia.

Su pureza inmaculada, y la de su casa más inmediata, es respaldada por nada menos que el Creador Todopoderoso en la aleya 33 de la sura Ahzaab. Si su padre era la Persona Más Noble creada por Dios, su esposo si par era el segundo mejor en la creación de Dios, mientras que sus dos hijos inmaculados han sido aclamados como los Jóvenes del Paraíso.

Ella nació de una madre que, hasta el día de hoy, permanece como la única Madre de todos los Auténticos Creyentes. Fue el ancestro de una línea de Imames Infalibles, el último de los cuales es el Salvador Prometido para la humanidad, por cuyo gobierno de paz global, prosperidad y justicia la humanidad está esperando ansiosamente y cuyo teniente será Jesús, hijo de María. Ella es el parangón por excelencia de la fe, la honradez y la paciencia –incluso bajo las más adversas circunstancias. Ella es la Dama quien sin la más mínima duda es el supremo símbolo de las honradas virtudes femeninas y de hecho el perfecto ejemplo para todas las hijas, esposas y madres que luchan por la construcción de sociedades sólidas y sanas. Ella no es otra que Fátima (la paz sea con ella), cuyo propio nombre significa inmunidad del fuego del infierno para sus leales seguidores.

Nació al Profeta Muhammad (SAWA) el 20 de Jamadi al- Akher en el año quinto después de la proclamación pública de su misión universal del Islam, fue concebida en el vientre de Hazrat Jadiyah (SA), poco después de la me’raj del Profeta o ascensión al punto más alto de los cielos y vuelto a la tierra en el lapso de una noche. De hecho, fue llamada por su padre “Tuffahat al- Ferdows” o “la Manzana del Paraíso”.

Mientras crecía enfrentó calamidades, como resultado del boicot económico- social sobre la comunidad musulmana por parte de los infieles árabes de La Meca cuando fue la vasta riqueza de su madre la que alimentó, vistió, asiló y protegió a los nuevos musulmanes de la persecución de los paganos. Tenía alrededor de siete años cuando su noble madre abandonó el mundo mortal sin que quedara algo de su proverbial riqueza. La pequeña tomó sobre sí la responsabilidad de cuidar a su padre viuda al punto tal que se ganó el epíteto de “Umm Abiha”, demás del apodo “Batul”, que indica la purificación de todas las impurezas mundanas que tienen que atravesar las mujeres a causa de su naturaleza biológica, y de la que sólo otra dama estuvo inmune, la Virgen María. A diferencia de María, quien no se caso porque ningún hombre de su época era merecedor de su mano, Fátima halló a su par en el sexo opuesto en el inmaculado Imam Ali (AS), y se convirtió en la madre de cuatro niños impecables –los hijos eran el Imam Hassan y el Imam Hussein, y las hijas Zainab y Umm Kulthum- todos ellos han ganado la inmortalidad en los anales de la historia desde el punto de vista del rol que desempeñaron en la formación del destino del Islam.

No es de sorprender que a su nacimiento, cuando los paganos de Arabia que se enorgullecían de la descendencia masculina se burlaran del Profeta, el Arcángel Gabriel le había comunicado a su padre del Gran Regalo de la Sura al- Kowsar que Dios le otorgaba para asegurar la perpetuidad de su progenie a través de esta hija bendita, mientras que sus enemigos quedarían sin descendencia.

“Te hemos dado la abundancia.”

“Ora, pues, a tu Señor y ofrece sacrificios.”

“Sí, es quien te odia privado de posteridad.”

Se han registrado volúmenes para relatar las virtudes de Hazrat Fátima Zahra (SA) que se hallan fuera del ámbito de un breve programa de radio. Casada con una dote sencilla, solía llevar a cabo todas las tareas domésticas, mientras que su esposo  se ocupada del trabajo fuera del hogar. Disfrutaba de relaciones muy cordiales con su suegra, Fátima bint Asad (SA), la dama que había criado a su padre, el Profeta, como a su propio hijo y a cuyo cuidado el Profeta la había confiado cuando quedó huérfana de su madre, Hazrat Jadiyah (SA). Jamás permitió que su suegra se molestase realizando el trabajo doméstico y le dejaba a ella las relaciones sociales para mantener el contacto necesario con los miembros de la familia y amigos.

En 7 DH, cuando el Profeta le otorgó a Hazrat Fátima (SA) la virtuosa sierva abisinia, Fizza, dividió el trabajo por igual, dejándola descansar un día después de un día de trabajo y realizando ella misma las tareas ese día. Entre sus sobresalientes méritos, su presencia es la de la única mujer que acompañó a su padre, a su esposo y a sus dos pequeños hijos a la famosa Mobahela con los cristianos de Najran, para afirmar la verdad del Islam a través de la invocación de la maldición divina a los mentirosos, en cuanto a la revelación de la aleya 61 de la Sura Al- Imran, en la que las palabras “Nisa ana” (nuestras mujeres) solamente se refiere a Hazrat Fátima Zahra (SA).

También es conocida como la Muhaddissa, por el hecho que los ángeles solían hablar con ella. El Profeta solía ponerse de pie cada vez que su hija se presentaba ante él.

Después que él murió ella apenas vivió 95 días más y fue martirizada en defensa no sólo de los derechos de las mujeres en el Islam sino también por la Wilaya, o la autoridad conferida por Dios para gobernar, a su esposo cuando un grupo de revoltosos compañeros de su padre usurparon los derechos políticos del Imam Ali (AS).

Su famoso sermón, dado en esta ocasión, es un firme testimonio de su conocimiento, coraje y elocuencia. Soportó pacientemente las penurias, incluso un aborto provocado por ser golpeada entre la pared y la puerta de su casa que fue lanzada a su rostro, sin respeto alguno hacia su estado, por un grupo de rebeldes compañeros de su padre pretendieron forzar a su esposo a jurar lealtad a su gobierno político.

La Dama Más Veraz (Siddiqat al- Kubra) fue llevada a descansar, por su voluntad, en el medio de la noche en un lugar secreto. Sin dudas, el Profeta había comentado: “Fátima es parte de mí; quienquiera que la disguste, me ha disgustado y quienquiera que me haya disgustado [de hecho] disgusta a Allah, el Glorioso.”

Traducido por Fabiana Ríos, para UMMA, de:

http://www.imamreza.net/eng/imamreza.php?id=11297

 

 

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