8:35 am - Sábado octubre 21, 2017

Las Mujeres, la Educación y la Tradición del Profeta (Sunnah)

En el Islam, la fe en los pilares y las principales creencias es algo que la gente tiene que obtener por sí misma a través de la razón, aunque sea el más simple razonamiento, y creer en ello de manera independiente e individual; en este caso es aceptado no seguir a otras personas o personajes religiosos. En otras palabras, ser religioso y practicante de la verdadera religión depende totalmente del conocimiento de los principios y aspectos de la religión y nadie puede avanzar en la práctica de la religión sin un conocimiento práctico de estos contenidos religiosos.

En la rica historia islámica, hay una relación que demuestra claramente la importancia de la reflexión y el razonamiento de las divinas enseñanzas. Se ha dicho que mientras el Profeta estaba caminando con su gente, se enfrentó con una anciana ocupada con su rueca mientras alababa a Dios al mismo tiempo. El Profeta le preguntó cómo había conocido a Dios; y en respuesta, refiriéndose a la rueca le contestó: “Como la rueca que no puede girar sin mi voluntad y esquema, este universo jamás puede girar sin una voluntad y esquema, que seguramente pertenece a Dios, también.” Es donde el Profeta dijo “para ustedes es religión de ancianas”, con lo que quiso decir que todos necesitan una razón al menos tan simple como la de ella para la existencia de Dios.

A su vez, en la jurisprudencia islámica, se tiene que aprender todas las órdenes religiosas que se necesiten. Por lo tanto, es necesario este nivel de educación para todos; y como el conocimiento es una virtud, entonces buscarla también está considerado una virtud y se alienta a la gente a que lo haga. Naturalmente, el conocimiento más notado por el Islam será el basado en las enseñanzas divinas y con resultados prácticos. No debe ser dejado de lado que el Corán habla de logros como la piedad, la intuición divina, etc., que no son exclusivas para ningún género. El Santo Corán habla acerca de la pureza del alma a la que cualquiera llega, serán capaces de descubrir el profundo significado del Corán. El Santo Libro enfatiza que hay una verdad en él que nadie puede reconocer, excepto la gente pura. La purificación del alma y hacer actos buenos y honestos puede lograrse a través de un conocimiento diferente; uno que, de acuerdo con los dichos islámicos es una luz de dios al corazón de quien Él desea. Por lo tanto puede ser observado que tanto hombres como mujeres son alentados por igual a estos logros. Aunque las ciencias clásicas no conducen necesariamente a estos logros, facilitarían el camino a ellas. En la tradición del Profeta, las mujeres no solo no tienen prohibido de disfrutar de los maestros y clérigos, sino que también, cuando el Profeta le pidió a un grupo de mujeres que dediquen una parte de su tiempo a ellos, él les dedicó un día de la semana para ellas, de esta manera, disfrutaban de sus enseñanzas de manera directa. Además, hubo épocas en las que el Profeta enviaba mujeres confundidas a otras mujeres cultas como Umme Waragheh Ansari, que era versada en el Corán y tenía un buen manejo de las enseñanzas y normas religiosas, y era designada por el Profeta para realizar las oraciones diarias para las amas de casa y la catalogó como Mártir; también se ha relatado que el Profeta solía visitarla ocasionalmente.

No hay necesidad de remarcar que el Profeta las elegía de entre las mujeres de Quraish y otras de La Meca, la única [Khadijah (SA)] que era conocida como la Sabia, incluso antes del Islam. Después, cuando uno de los musulmanes propuso a Safiyeh, la hija de Hayy ibn. Akhtab, al Profeta, el resaltó su sabiduría de entre su tribu. Eso era lo importante para el Profeta.

Otro ejemplo es Haffaseh, la hija de Omar ibn- Khattab (el segundo califa), que se hallaba bajo la educación de una dama llamada Shafah, la hija de Abdullah, antes de su matrimonio con el Profeta. Después de su casamiento, el Profeta puso la condición que la educación debía continuar. Estos son ejemplos obvios del peso que el Profeta le concedía a la educación y el conocimiento de las mujeres. Sería bueno mencionar también otro hecho en Medina donde vivía una mujer llamada Khoulah Attareh (la perfumera) que estaba vendiendo perfumes. Una vez, se detuvo en la casa del Profeta y él le dio una cálida bienvenida y le dijo: “Cada vez que entras a nuestra casa, traes esencias al lugar.” Ella educadamente respondió: “La esencia de la casa es por tu presencia; a propósito, no estoy acá para vender perfumes, sino para hacerte una pregunta acerca de la grandeza de Dios.” Entonces el Profeta respondió a su pregunta.

Por lo que es obvio que la presencia del Santo Profeta está acompañada por el conocimiento y la gracia para toda su gente.

Jaber ibn- Abdullah Ansari cuenta que a la víspera de un día, el Profeta realizó las oraciones y luego daba un sermón. Una vez hecho, se acercó a una mujer mientras era alcanzado por Bilal; entonces el Profeta repitió todas sus palabras a las mujeres y las inducía a la caridad. Más adelante, las mujeres donaron su caridad y limosnas. Contando el mismo hecho, Ibn- Abbas cree que como había tanta gente, el Profeta debió haber pensado que las mujeres no habían podido oírlo. Es evidente que en la tradición del Profeta, las mujeres son consideradas en la práctica y jamás han sido descuidadas. Dios dirige sus órdenes a ellas de manera independiente y tienen todo el derecho de aprender del Profeta y de participar de los buenos actos de la sociedad. Este relato del Profeta pone suficiente acento en esta discusión donde dice: “Si se tiene una esclava, se le da educación, luego se la libera y se la ayuda a casarse, se gozará de una doble recompensa.” Esto ilustra el comportamiento práctico y educativo del Profeta hacia las esclavas.

Traducción:

Fabiana Ríos para UMMA

Filed in: Moral y Familia, Práctica Islámica, Religión, Social

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