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La Remoción del Islam de la Poesía de Rumi

Por Rozina Ali *

5 de Enero de 2017

 

Hace un par de años, cuando Chris Martin de Coldplay estaba pasando por un divorcio de la actriz Gwyneth Paltrow y sintiéndose afectado, un amigo le dio un libro para levantar su ánimo. Fue una colección de poesías de Jalaluddin Rumi, el poeta persa del siglo XIII, traducido por Coleman Barks. “Fue algo que cambió mi vida”, dijo Martin más tarde, en una entrevista. Una pista del álbum más reciente de Coldplay cuenta con Barks recitando uno de los poemas: “Este ser humano es una casa de huéspedes / Cada mañana una nueva llegada / Una alegría, una depresión, una mezquindad / alguna conciencia momentánea viene / como un visitante inesperado”.

Rumi ha ayudado en los viajes espirituales de otras celebridades (Madonna, Tilda Swinton) algunas de las cuales incorporaron su trabajo a los suyos de manera similar. Los aforismos atribuidos a Rumi circulan diariamente en las redes sociales ofreciendo motivación. “Si usted está irritado por cada roce, ¿cómo va a obtener pulido?”, dice uno de ellos. O: “Cada momento moldeo mi destino con un cincel. Soy un carpintero de mi propia alma”. Las traducciones de Barks, en particular, se comparten ampliamente en Internet. Son también las que se alinean en las estanterías de la librería americana y se recitan en las bodas. Rumi a menudo es descripto como el poeta más vendido en los Estados Unidos. Se le suele llamar un místico, un santo, un sufí, un hombre iluminado. Sin embargo, curiosamente, aunque de por vida fue erudito del Corán y del Islam, es menos frecuentemente definido como musulmán.

Las palabras que Martin presentó en su álbum provienen del Rumi “Masnavi”, un poema épico de seis libros que escribió hacia el final de su vida. Sus cincuenta mil líneas están en su mayoría en idioma persa, pero están plagadas de extractos de escrituras islámicas en idioma árabe. El libro con frecuencia alude a anécdotas coránicas que ofrecen lecciones morales. Fatemeh Keshavarz, una profesora de estudios persas de la Universidad de Maryland, me dijo que Rumi probablemente tenía el Corán memorizado, dada la frecuencia con la que lo reprodujo en su poesía. Rumi mismo describió a los “Masnavi” como “las raíces de las raíces de las raíces de la religión” -es decir, el Islam- y “el explicador del Corán”. Y sin embargo, hay poco rastro de la religión en las traducciones que se venden tan bien en Estados Unidos. “El Rumi que la gente ama es muy bello en inglés, y el precio que pagas es cortar la cultura y la religión”, me dijo recientemente Jawid Mojaddedi, un estudioso del Sufismo primitivo en Rutgers.

Rumi nació a principios del siglo XIII, en lo que hoy es Afganistán. Más tarde se estableció en Konya, en la actual Turquía, con su familia. Su padre era un predicador y un erudito religioso, e introdujo a Rumi al sufismo. Rumi continuó su educación teológica en Siria, donde estudió los códigos legales más tradicionales del Islam sunita, y más tarde volvió a Konya como profesor de seminario. Fue allí donde conoció a un anciano viajero, Shams-i-Tabriz, quien se convirtió en su mentor. La naturaleza de la amistad íntima entre los dos es muy debatida, pero Shams, todo el mundo coincide, tuvo una duradera influencia en la práctica religiosa de Rumi y su poesía. En una nueva biografía de Rumi, “El Secreto de Rumi”, Brad Gooch describe cómo Shams empujó a Rumi a cuestionar su educación escritural, debatiendo pasajes coránicos con él y enfatizando la idea de devoción como la de encontrar la unidad con Dios. Rumi vendría a mezclar el amor intuitivo por Dios que encontró en el sufismo con los códigos legales del Islam sunita y el pensamiento místico que aprendió de Shams.

Este inusual tapiz de influencias apartó a Rumi de muchos de sus contemporáneos, me dijo Keshavarz. Sin embargo, Rumi construyó un gran número de seguidores en la cosmopolita Konya, incorporando a sufíes, literalistas y teólogos musulmanes, cristianos y judíos, así como a los gobernantes sunitas locales. En “El secreto de Rumi”, Gooch narra amablemente los acontecimientos políticos y la educación religiosa que influyó en Rumi. “Rumi nació en una familia religiosa y siguió las reglas prescriptas de la oración diaria y el ayuno durante toda su vida”, escribe Gooch. Incluso en el libro de Gooch, sin embargo, hay una tensión entre estos hechos y el deseo de concluir que Rumi, en algún sentido, trasciende su trasfondo -que, como dice Gooch, “hizo reivindicaciones por una “religión de amor” que fuese más allá de todas las creencias organizadas”. Lo que puede perderse en tales lecturas es hasta qué punto la enseñanza musulmana de Rumi moldeó incluso esas ideas. Como señala Mojadeddi, el Corán reconoce a los cristianos y judíos como “la Gente del Libro”, ofreciendo un punto de partida hacia el universalismo. “La universalidad que muchos veneran hoy en Rumi proviene de su contexto musulmán”.

La eliminación del Islam de la poesía de Rumi comenzó mucho antes de que Coldplay se involucrara. Omid Safi, profesor de estudios de Oriente Medio e Islámico en la Universidad de Duke, dice que fue en la época Victoriana cuando los lectores de Occidente comenzaron a desacoplar a la poesía mística de sus raíces Islámicas. Los traductores y teólogos de la época no pudieron reconciliar sus ideas sobre una “religión del desierto”, con sus inusuales códigos morales y legales, y el trabajo de poetas como Rumi y Hafez. La explicación en la que se asentaron fue, según Safi, “que estas personas son místicas no a causa del Islam, sino a pesar de ello”. Esta fue una época en la que los musulmanes eran objeto de discriminación legal: una ley de 1790 redujo el número de musulmanes que podría entrar a los Estados Unidos y un siglo más tarde la Corte Suprema de los Estados Unidos describió la “intensa hostilidad del pueblo de fe musulmana hacia todas las demás sectas y particularmente a los cristianos”. En 1898, en la introducción a su traducción del “Masnavi”, escribió Sir James Redhouse: “Los Masnavi se dirigen a aquellos que abandonan el mundo, tratan de conocer y estar con Dios, se borran y se dedican a la contemplación espiritual”. Para los occidentales Rumi e Islam estaban separados.

En el siglo XX, una sucesión de prominentes traductores -entre ellos R. A. Nicholson, A.J. Arberry y Annemarie Schimmel- reforzaron la presencia de Rumi en el canon de lengua inglesa. Pero es Barks quien amplió enormemente el número de lectores de Rumi. No es traductor sino intérprete: no lee ni escribe persa. En cambio, transforma las traducciones del siglo XIX en versos americanos.

Es el verso de un tipo muy particular. Barks nació en 1937 y creció en Chattanooga, Tennessee. Recibió su Doctorado en Filosofía y Literatura Inglesa y publicó su primer libro de poesía “The Juice”, en 1971. La primera vez que oyó hablar de Rumi fue más tarde en esa década, cuando otro poeta, Robert Bly, le entregó una copia de las traducciones de Arberry y le dijo que tenían que ser “liberadas de sus jaulas”, es decir, puestas en verso libre americano. (Bly, que ha publicado poesía en The New Yorker durante más de treinta años, y cuyo libro “Iron John: Un libro sobre los hombres,” de 1990, informó en gran medida el movimiento de los hombres modernos, tradujo más tarde algunos poemas del mismo Rumi.) Barks nunca había estudiado literatura islámica. Pero poco después, me dijo recientemente por teléfono desde su casa en Georgia, tuvo un sueño. En el sueño, estaba durmiendo en un acantilado cerca de un río. Un desconocido apareció en un círculo de luz y dijo: “Te amo”. Barks no había visto a este hombre antes, pero lo conoció al año siguiente, en una orden sufí cerca de Filadelfia. El hombre era el líder de la orden. Barks comenzó a pasar sus tardes estudiando y reformulando las traducciones victorianas que Bly le había dado. Desde entonces, ha publicado más de una docena de libros de Rumi.

En nuestra conversación, Barks describió la poesía de Rumi como “el misterio de abrir el corazón”, una cosa que, me dijo, “no se puede expresar con palabras”. Para llegar a esa cosa inexpresable, se ha tomado algunas libertades con el trabajo de Rumi. Por un lado, ha minimizado las referencias al Islam. Considere el famoso poema “Like This” (“Así”). Arberry traduce una de sus líneas, bastante fielmente: “Quien te pregunte acerca de las Huríes, muestra (tu) rostro (y di) “Así” ”. Las Huríes son las vírgenes prometidas en el Paraíso en el Islam. Barks evita incluso la traducción literal de esa palabra. En su versión, la línea se convierte en: “Si alguien te pregunta cómo se verá la satisfacción perfecta de todos nuestros deseos sexuales, levanta tu rostro y di: Así”. El contexto religioso ha desaparecido. Y sin embargo, en otras partes del mismo poema, Barks mantiene referencias a Jesús y José. Cuando le pregunté acerca de esto, me dijo que no podía recordar si había hecho una elección deliberada para eliminar las referencias islámicas. “Me criaron Presbiteriano”, dijo. “Solía memorizar los versículos bíblicos, y conozco el Nuevo Testamento más de lo que sé del Corán”. Añadió: “El Corán es difícil de leer”.

Como muchos otros, Omid Safi acredita a Barks con la introducción de Rumi a millones de lectores en los Estados Unidos. Al transformar a Rumi en versos americanos, Barks ha dedicado mucho tiempo y amor a las obras y a la vida del poeta. Y hay otras versiones de Rumi que están aún más alejadas del original, como los libros New Age de Deepak Chopra y Daniel Ladinsky, que se comercializan y se venden como de Rumi, pero tienen poca semejanza con la escritura del poeta. Chopra, un autor de obras espirituales y un entusiasta de la medicina alternativa, admite que sus poemas no son las palabras de Rumi. Más bien, como escribe en la introducción a “Los poemas de amor de Rumi”, son “estados de ánimo” que hemos capturado como ciertas frases irradiadas del farsi original, dando vida a una nueva creación, pero conservando la esencia de su fuente.

Discutiendo estas “traducciones New Age”, Safi dijo: “aquí veo trabajando un tipo de ‘colonialismo espiritual’: pasar por alto, borrar y ocupar un paisaje espiritual que ha sido vivido y respirado e interiorizado por musulmanes desde Bosnia a Estambul y de Konya a Irán hasta Asia Central y del Sur”. Extraer lo espiritual del contexto religioso tiene profundas reverberaciones. El Islam es regularmente diagnosticado como un “cáncer”, que, incluyendo al General Michael Flynn, elegido por el presidente electo Donald Trump para Consejero de Seguridad Nacional, aún hoy, los políticos sugieren que los grupos no occidentales y no blancos no han contribuido a la civilización.

Por su parte, Barks ve la religión como secundaria a la esencia de Rumi. “La religión es un punto de discordia para el mundo”, me dijo. “Tengo mi verdad y tú tienes tu verdad, esto es absurdo. Estamos todos juntos en esto y estoy tratando de abrir mi corazón, y la poesía de Rumi ayuda con ello”. Podríamos detectar en esta filosofía algo del propio acercamiento de Rumi a la poesía: Rumi a menudo modificaba los textos del Corán para que ellos quepan en la rima lírica y en la métrica del verso persa. Pero mientras que los lectores persas de Rumi reconocerían la táctica, la mayoría de los lectores americanos desconocen el modelo islámico. Safi ha comparado la lectura de Rumi sin el Corán a la lectura de Milton sin la Biblia: incluso si Rumi fuera heterodoxo, es importante reconocer que lo era en un contexto musulmán y que la cultura islámica, hace siglos, tenía espacio para tal heterodoxia. Las obras de Rumi no son sólo capas de religión; representan el dinamismo histórico dentro de la erudición islámica.

Rumi usó el Corán, los Hadices y la religión de una manera explorativa, desafiando a menudo las lecturas convencionales. Una de las interpretaciones populares de Barks dice así: “Más allá de las ideas de hacer lo correcto y de hacer lo malo, hay un campo/Me encontraré contigo allí”. La versión original no hace mención a “hacer lo correcto” y de “hacer lo malo”. Las palabras que escribió Rumi fueron iman (“religión”) y kufr (“infidelidad”). Imagínese, pues, un erudito musulmán diciendo que la base de la fe no radica en el código religioso sino en un espacio elevado de compasión y amor. Lo que nosotros, y tal vez muchos clérigos musulmanes, podrían considerar radical hoy en día es una interpretación que Rumi planteó hace más de setecientos años.

Esas lecturas no eran totalmente únicas en ese entonces. Las obras de Rumi reflejaban un mayor empuje y atracción entre la espiritualidad religiosa y la fe institucionalizada, aunque con un ingenio que era inigualable. “Históricamente hablando, ningún texto ha moldeado la imaginación de los musulmanes, aparte del Corán, como la poesía de Rumi y Hafez”, dijo Safi. Es por esto que los voluminosos escritos de Rumi, producidos en un momento en que los escribas tuvieron que copiar obras a mano, han sobrevivido.

“El lenguaje no es sólo un medio de comunicación”, ha dicho el escritor y traductor Sinan Antoon. “Es un depósito de memoria, tradición y patrimonio”. Como conductos entre dos culturas, los traductores asumen un proyecto inherentemente político. Deben averiguar cómo hacer, por ejemplo, para que un poeta persa del siglo XIII sea comprensible para un público estadounidense contemporáneo. Pero tienen la responsabilidad de permanecer fieles a la obra original, un acto que, en el caso de Rumi, ayudaría a los lectores a reconocer que un profesor de Sharia también podría escribir algunas de las poesías de amor más leídas del mundo.

Jawid Mojaddedi ahora está en medio de un proyecto de varios años para traducir los seis libros de los “Masnavi”. Tres de ellos han sido publicados. El cuarto se dará a conocer esta primavera. Sus traducciones reconocen los textos islámicos y coránicos en el original usando cursiva para denotar cuando Rumi cambia al árabe. Sus libros también están plagados de notas al pie de página. La lectura de ellos requiere de algún esfuerzo, y tal vez un deseo de ver más allá de las ideas preconcebidas. Que, después de todo, es el punto de la traducción: para entender lo extranjero. Como lo expresó Keshavarz, la traducción es un recordatorio de que “todo tiene una forma, todo tiene cultura e historia. Un musulmán puede ser así, también”.

*Rozina Ali es miembro del personal editorial de The New Yorker.

Fuente: http://www.newyorker.com/books/page-turner/the-erasure-of-islam-from-the-poetry-of-rumi

Traducción: LAILA HAKIM  para UMMA

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