Amor, Disciplina Sexual y Castidad

Autor: Murtaza Mutahhari.
Traducción al Ingles: Muhammad Khurshid Ali.
Traducción al Español para U.M.M.A por Fátima N. Elía.

Tema: /Entrenamiento Moral/Sociedad/Familia y Matrimonio/
Organización: Departamento Extranjero de la Fundación Bethat.
Referencia: Ética sexual en el Islam y en el Mundo Occidental.
Dirección de referencia: http://www.al-islam.org

Texto Completo:


La Moral Democrática, el Amor en el Crecimiento de la Personalidad

Los principios de la libertad y la democracia humana deben regir en la moral, ambas son apropiadas y correctas, como también en el caso de la política. El significado intrínseco es que los seres humanos deben cooperar con sus instintos innatos y deseos naturales, de la misma forma que un gobierno justo y democrático lo hace con respecto a las masas de personas.

El Islam trata cuestiones concernientes al comportamiento sexual sobre la misma base ética común como es reconocido hoy en la regulación de las actividades políticas y económicas. En efecto, las personas son propensas a hacer genuinos y voluntarios sus errores al ordenar su vida sexual, sobre la base de su propio juicio moral. Ellos pueden, a través de una concepción errónea o desmotivada, ignorar la necesidad de mantener una conciencia democrática para la moralidad, para hacer frente con sus problemas individuales que surgen en circunstancias que evidencian la falta de cualquier restricción personal y de caos general.

En principio, cualquier regulación social de las actividades políticas y económicas debe reconocer los instintos y las tendencias humanas relevantes. Puesto que, el instinto de agresividad y de tendencia a dominar a otros puede ser un instrumento en la política. Las actividades económicas pueden ser motivadas por el deseo de acumular riqueza. De igual modo, la aptitud sexual puede conducir a la indulgencia en las actividades lujuriosas. Sin embargo, no se sabe porque los que apoyan a la propuesta de nueva liberad sexual considere a una política de no intervención apropiada sólo para los asuntos sexuales, mientras que aparentemente aceptan la manejabilidad de las actividades políticas y económicas.


Uno de los aspectos importantes de la ética sexual concierne a la emoción del amor. Desde tiempos antiguos, a la esencia del amor se le ha prestado una especial atención en la filosofía. Ibn Sina (en el Milenio Islámico) llevó a cabo un tratado sobre el amor. El amor humano, comúnmente se ha reconocido como una realidad sana, en todos los términos de su naturaleza global y sublime. En la literatura, especialmente en la poética, el amor no sólo ha sido alabado con un sentido de orgullo (hasta el punto de proclamar la superioridad del corazón por sobre la mente), sino también contrarrestado por el envilecimiento de la lujuria como en la naturaleza animal.

Sobre todo en nuestra literatura encontramos que el amor ha sido elogiado no sólo en términos de su connotación Divina, sino en el contexto emocional realista de los humanos. En uno u otro caso, no ha habido confusión del amor con cualquier tipo de lujuria.

En contraste, ha habido otros, que eligieron equiparar al amor con una especie de libido, o con alguna intensidad metabólica persistente del instinto sexual. Evidentemente, ellos tienden a asumir que el amor es más bien incapaz de sublimación incluso en términos Divinos. Ellos tratan al amor como si no tuviese ningún origen espiritual, o si tampoco fuera (o debería ser) humano en calidad, o ni pudiera ser humanitario en su propósito.

Aquellos quienes tratan al amor como Divino y humano diferencian entre la manifestación del gusto animal y la realización del amor humano. Los otros no hacen tal distinción, es entonces que el amor y la lujuria se vuelven sinónimos.

Hoy en día una tercera categoría de pensadores se ha vuelto evidente. Ellos creen que todos los tipos de amor son impulsados sexualmente, pero gradualmente la motivación carnal asume un aspecto espiritual o contemplativo bajo condiciones específicas. Para ellos, el amor es primariamente sexual, con sólo manifestaciones platónicas ocasionales. Sin embargo, esta dualidad o dos calidades del amor son afirmadas por ellos sólo en términos de su expresión, objetivo y efectos. No hay dualidad en la medida en que el origen y la causalidad del amor son referidas.

Con respecto a la última categoría de pensadores mencionados anteriormente, no es una cuestión de sorpresa que, a su juicio en una base material de la espiritualidad humana, ellos no vean una dificultad insuperable en la mutua transformación material y espiritual de los aspectos del comportamiento humano. De hecho, uno de ellos afirma que cada asunto espiritual tiene una base natural y cada cosa natural tiene una extensión espiritual .

Sea como sea, no necesitamos discutir lo anterior en una gran profundidad psicológica y filosófica. Podemos así evitar entrar en los pros y los contras de las muchas interpretaciones antiguas y actuales de cualquier base del amor. Por el momento, debe ser suficiente sugerir que el amor, en efecto, puede dar lugar a la creatividad del intelecto humano y del espíritu, así como inducir el perfeccionamiento artístico y cultural de importancia sociológica.

La sugerencia anterior es válida, independientemente de que el amor se origine en el instinto sexual, y luego se vuelve capaz de expresarse a sí mismo en términos físicos y también espirituales, de una manera intercambiable. Cualquier efecto sublime del amor es muy diferente a su presunta forma instintiva, o a una simple consciencia animal que no busca más que una satisfacción fisiológica.


El amor se evidencia a sí mismo en algunas circunstancias. Cuando los seres humanos alcanzan sus deseos sexuales, posteriormente se vuelven egocéntricos, relacionando al amor meramente como una herramienta o como un medio para la satisfacción de uno mismo. Sin embargo, cuando los seres humanos evidencian el amor como a una afección genuina, ya no son más egoístas. Al contrario, su amor significa el más deseable espíritu de auto-sacrificio.

En otras palabras, los individuos enamorados genuinamente son capaces de superar sus motivaciones egoístas por el bien de los demás.

La literatura mundial esta repleta con muchas cualidades del amor esplendorosas, incluidas las de un catalizador, profesor o inspirador. Desde la literatura Persa, podemos citar un verso de Sadi, como el siguiente:


Quienquiera que se enamora más allá de sí mismo

produce para el amor, pero para el suyo propio.

Quienquiera que no se enamore, no evoluciona muy valientemente

la plata derretida no da brillo.


Otro famoso poeta iraní, Hafiz, se refiere al amor de un ruiseñor por las rosas y las musas de la siguiente manera: --

Por la gracia de las rosas, el ruiseñor realiza su canto

Todas esas canciones y las letras de manera agradable

¡Más allá de lo que su pico hace improvisando!


Sin duda, el amor se ha elogiado de muchas maneras, tanto en el Este y como en el Oeste. Sin embargo, la conceptualización del amor ha llegado a ser una diferencia entre lo oriental y lo occidental, Para muchos occidentales, el amor puede valer la pena tanto como lo que encarna la dulzura mutuamente alcanzada por los amantes. Las personas de sexo opuesto en Occidente prefieren la conveniencia y el disfrute de vivir juntos, en el amor mutuo y la comodidad, a la constante molestia y el aburrimiento de la vida individual. Su objetivo es maximizar el disfrute de la vida.


En Oriente, el amor es considerado como algo inexorablemente deseado en sí mismo. En efecto, se presta una perspectiva global a la personalidad humana, mientras se ennoblece e inspira el espíritu. No es de extrañar, al amor ha sido descripto como un catalizador, purificador y otras formas similares. Evidentemente, en todos estos y otros atributos, uno puede discernir una sugerencia implícita en el sentido de que el amor no es más que una introducción a la dulce unión que suele seguir, o bien a la mera sensación de disfrutar de la convivencia en el cuerpo y el espíritu

Incluso para algunos impresionables Orientales, el amor entre los futuros cónyuges puede significar algo preliminar para sus placeres posteriores en la unión y la convivencia. Sin embargo, incluso su experiencia preliminar de ser amado por cada uno puede (o debe) mejorar progresivamente su humanidad. Esto no es algo que vaya a convertirse en algo meramente favorable a cualquier previsión de goces de las relaciones conyugales o de convivencia.

En ambos casos, si el amor es interpretado como una verdadera introducción a la unión del hombre y la mujer, en términos de convertirse en un cuerpo y espíritu, esto es aún más favorable a la salubridad de los logros humanos


En resumen, en el amor, como en otros asuntos, los Occidentales y los Orientales difieren en su enfoque intelectual. Un occidental típico es a menudo incapaz de alimentar el amor dentro de cualquier marco abstracto que vaya más allá de cualquier proceso mecánico de hacer frente a los problemas de la vida rutinaria. Eventualmente, con el tiempo él distinguir al amor de la lujuria, y también creerá en la empatía y en la armonía espiritual, lo cual será capaz de reproducir.

En caso contrario, el amor viene a él como un talento natural, guiando al matrimonio,
Por otra parte, un típico Oriental, trata de apreciar el amor más allá de las exigencias de la rutina de la vida.

El amor había sido sexual en su origen, calidad y efecto, probablemente no habría requerido un tratamiento distinto en la ética sexual. Lo que sea que fuere se ha señalado anteriormente en relación con los Pro y los contra de la ética sexual no habría sido suficiente.

En consecuencia, la moral en relación con el fomento de la inclinación a amar puede ser tratada de manera diferente a la del instinto sexual. Gratificar el instinto sexual no es lo único relacionado con el amor. En efecto, la satisfacción sexual no es suficiente para mantener el amor, el cual necesita también contención psicológica. Además, cualquier negación del amor puede dar lugar a enfermedades, no podrá ser subsanado mediante ninguna otra satisfacción del instinto sexual, asumiendo que el primero se deriva de este último.


Bertrand Russell trasmite la necesidad de un amor profundo de la siguiente manera:

"Aquellos que nunca han conocido la profunda intimidad y el intenso compañerismo del feliz amor mutuo han perdido lo mejor que la vida tiene para dar, inconscientemente, sino es conscientemente, sienten esto y la decepción resultante se inclina hacia la envidia, la opresión y la crueldad".


A veces se afirma que la religión es el enemigo del amor. El razonamiento detrás de la habitual reclamación se basa en una situación en la que una religión no distingue entre el amor y la lujuria. Por lo tanto, la maldad de la lujuria también se atribuye al amor. Esta alegación no es cierta en el caso del Islam.

Sin embargo, puede ser de interés para el cristianismo. El Islam no trata a la pasión sexual como malo en sí mismo, no habla de la asociación directa o indirecta con el amor como algo malo o indeseable.

La profunda sinceridad y el amor mutuo entre los esposos son muy respetados en el Islam. Las enseñanzas islámicas encomiendan la realización del amor sobre una base sana y duradera.

En el contexto general de la religión versus el amor, hay un punto que a menudo se ignora. Esto se refiere a la tendencia de oposición mutua entre el intelecto humano y el amor. Algunos moralistas han pasado por alto este error en forma indiscriminada con exclusión al amor de la moral. Sólo consideran al amor como ciego y capaz de anular el intelecto. Ellos creen que el amor no es dócil a la razón, infieren erróneamente que también es menos susceptible a la disciplina convencional, legal o moral. En otras palabras, ellos no ven nada más que anarquía, exuberancia y rebeldía en el amor.

Por consiguiente, las religiones o los sistemas sociales, que basan sus consideraciones en materia de moralidad por sí sola, no son conducentes a ningún tratamiento saludable del amor. Ellos tratan al amor como algo más allá del alcance de cualquier recomendación o asesoramiento. Esto es a pesar del hecho que es digno de asesoramiento en cuestiones del amor pueden consentir una modalidad de respuesta a cualquier eventual manifestación en las circunstancias extenuantes sobre las que uno se supone que no tienen ningún control
Esto es a fin de maximizar los efectos beneficiosos y sublimes del amor, sin dejar de ser inmunes a sus consecuencias perjudiciales, si los hubiere.

En el contexto anterior, la principal cuestión que se plantea se refiere a la relación que incluyente mutuamente al amor y a la castidad. Uno puede preguntarse si el amor puede o no, en su sentido más positivo, florecer en cualquier entorno social permisivo. O, es simplemente una cuestión de si el significado del amor esta siempre relacionado con la utilidad social vinculado con preferencia a la castidad, previendo un cierto estado prosaico para las mujeres.

En su libro "Los Placeres de la Filosofía", Will Durante reconoció que el amor es generalmente acordado en ser la cosa más fascinante en el curso de la vida humana. Al mismo tiempo, él notó con sorpresa que en muy raras ocasiones la atención se centró en el origen y el crecimiento del amor, en obras de relevancia multilingüe, poética y filosófica de los más sensacionales poetas y escritores sobre el tema del amor.

Will Durant señaló además que la parte analítica de las obras literarias y del material científico en relación con el amor es extremadamente limitada. La cobertura típica va desde la reproducción de los protozoos ordinarios al abnegado espíritu de Dante, o la extasíes poéticas de Petrarca, entre otros similares. En todos estos esfuerzos, cualquier investigación a fondo de la objetividad sorprendente, el origen natural, los factores en el crecimiento sano de evolución y otros aspectos similares del amor que han sido encontrados por él desaparecerían.

A principios de este documento, hemos identificado tres de las antiguas escuelas de las zonas áridas. El pensamiento moderno sobre el origen y el fin del amor, con el fin de deducir su única o doble cara interacción con el instinto sexual. Hemos tomado nota de que el amor, tal como lo conciben en Occidente tanto el Oriente, es diferente de la lujuria. Además como ya se explicó, es universalmente reconocida como loable y respetable, a pesar de las diferentes conceptualizaciones. Además, es universalmente reconocida como loable y respetable, a pesar de las diferentes conceptualizaciones.
Lo que queda por examinar ahora es principalmente la cuestión de amor en relación a la castidad, especialmente con el fin de especificar las áreas y condiciones en que puedan florecer.

En lo que respecta al amor y la castidad, las normas sociales pueden ser explícitas o implícitas en términos morales. Cuando estos están explícitamente regulados, las mujeres se le puede asignar una posición elevada en la sociedad, de modo que normalmente no son accesibles por los hombres. Uno puede preguntarse en cuanto a que una de estas dos series de condiciones son aptas para mejorar el amor y la castidad.


Casualmente, es notable que las llamadas sociedades abiertas o permisivas sean "ipso facto" incapaces de promover las condiciones para las relaciones de amor profundo e intenso. Sus condiciones llevan a la porfía y al desenfreno, en el proceso de búsqueda de asuntos transitorios, y al mismo tiempo a dedicarse a los placeres momentáneos y lujuriosos.

Los ambientes sociales permisivos fomentan la sensualidad y el libertinaje. No son conducentes al amor beneficioso que es el estimado por los filósofos y los sociólogos, en términos de su intenso desarrollo, los efectos son profundamente receptivos y altruistas. Brindando las condiciones sociales apropiadas, el amor puede permitir de hecho las personalidades maduras para él concentran las energías individuales para los buenos propósitos, hacen sus opiniones claras y afiladas, inducen la empatía hacia el ser amado, así como promueve el genio como la originalidad y la excelencia de pensamientos y logros.

El auténtico amor de sanas cualidades ha sido elogiado no sólo por los antiguos, sino también por los escritores modernos, incluyendo a algunos que favorecieron la propuesta de la nueva libertad sexual. En su obra máxima: "Historia de la Civilización", Will Durant menciona acerca de los hombres homosexuales de la connotación griega tradicional en la representación del amor en sus baladas, y sobre el amor heterosexual en los episodios de la famosa Las Mil y Una Noches, que se remonta a siglos antes que los de la media Edad. Indicó que el interés en las historias de amor natural orientales creció hasta un punto más que en el de la rutina. Aunque las exhortaciones de la Iglesia iban hacia la promoción de la castidad y la virtud.


Además, Will Durant considera a una compilación literaria, tal como "Las Mil y Una Noches", como una posible fuente de inspiración para la posterior composición lírica en el extranjero. Él se refiere usualmente de manera sarcástica a la extraordinaria observación del contemporáneo escritor occidental en el sentido de que el amor significa lo mismo para la carnalidad humana que la vida para la espiritualidad humana.

De hecho, como Will Durant observa, muchos comenzaron a preguntarse cómo puede ser explicada la abstracción de la sensualidad en el amor más razonable. Las personas se volvieron curiosas acerca de los factores intelectuales y otros similares que transformaron un hambre instintiva animal, tal como se evidencia a veces por la concupiscencia humana, en un amor sereno y tierno. La curiosidad giraba entorno a la cuestión de cómo la pasión carnal podía convertirse en compasión espiritual.


Will Durant por otro lado probó que dentro de cualquier sublimación introspectiva del deseo carnal existen consecuencias de las imaginaciones platónicas acerca de un bien amado en varios contextos intelectuales. Él planteó la pregunta de si la mencionada sublimación es el resultado del notable crecimiento de la civilización, con la tardía participación progresiva de los matrimonios.

Él aparentemente creyó que una respuesta a la pregunta que él planteó podía mentir sobre una tendencia humana. Él precisó que lo que sea que uno haya buscado y no haya encontrado podría convertirse en un estimado y extraordinario valor. Así, el aprecio de la belleza podía variar con la intensidad del deseo. Y, el deseo tendería a intensificarse cuando estuviese inhibido y a disminuir cuando estuviese satisfecho. -


Will Durant aludió a la argumentación de William James de que la modestia femenina era alborotadamente instintiva, pero inculcado por las sucesivas generaciones de mujeres sin temor de que cualquier comportamiento por el contrario atraería interés o el desprecio indeseable de otros. Él apuntó que las mujeres desvergonzadas no podían tener ningún interés continuo en los hombres. Sólo las mujeres quienes se abstienen de cualquier hilaridad exuberante y quienes se abstienen de conceder o de invitar a la atracción de los hombres son las mejores orientadas para atraer a los hombres.


De acuerdo a Will Durant, cualquier exposición de las partes íntimas del ser humano, de su estado normal de ocultamiento, podría no evocar más que interés casual por parte de los espectadores. En cualquier caso, rara vez da lugar a una excitación instantánea del deseo carnal. Porque, incluso los jóvenes prefieren la modestia en las mujeres jóvenes. Al hacer eso, puede ser que no comprendan necesariamente que la delicadeza de la reserva femenina podría ser un indicativo de un alto nivel de reacción discreta, así como de dulzura.


Aún más, la modestia en las mujeres puede ser capaz de cautivar a los hombres, y el despertar de un amor recíproco, en previsión de cualquier posterior consumación. Así, podría ser llevado a los hombres para mejorar sus capacidades y para la resolución de logros significativos.


De la misma forma, Will Durant menciona el hecho de que las mujeres parecen estar demasiado dispuestas a descartar la moralidad convencional, como si se tratara de alguna ropa vieja que dejó de estar a la moda. Observó que estas mujeres podrían ser audaces, no sólo en mostrarse a sí mismas, sino en sus gustos de sastrería.
Consecuentemente, el imaginario masculino disminuyó en relación con la apariencia de las mujeres, lo cual fue especificado por él a ser el único efecto adverso del cambio radical en la perspectiva y en el comportamiento de la mujer. Él que opinó que, si no hubiera sido por el residual imaginario de los hombres, tal vez habría permanecido la falta de visualización de la belleza femenina.

En cuanto al amor romántico de Bertrand Russell, podemos citar de sus propias palabras lo siguiente:

"La esencia del amor es aquella que considera al objeto amado como muy difícil de poseer y como muy preciado… La creencia en el inmenso valor de la mujer es un efecto psicológico de la dificultad de obtenerla, el sentimiento del hombre hacia ella no toma la forma de amor romántico."

Entonces Bertrand Russell dice:


Desde el punto de vista de las artes, es ciertamente deplorable cuando las mujeres están demasiado accesibles; lo que es lo más deseable es que sean difíciles pero no imposibles de acceder. En un estado de libertad completa, en la otra mano, un hombre capaz del gran amor de la poesía, puede tener tanto éxito a través de su encanto, ya que él rara vez tienen necesidad de sus mejores esfuerzos imaginativos para lograr una conquista."

Además menciona en otro contexto lo siguiente:


"Entre la gente moderna emancipada, el amor en el sentido serio que nos preocupa a nosotros es el sufrimiento de un nuevo peligro. Cuando la gente ya no siente ninguna barrera contra la moral sexual en todas las ocasiones, incluso cuando uno se inclina ante algún impulso trivial, que adquirir la costumbre de disociar el sexo de la emoción y de los serios sentimientos de afecto, sino que pueden incluso llegar a asociarse con sentimientos de odio."