Los Derechos de Hermandad entre los Musulmanes

Mohammad Rida al Muz·affar nace el 5 de Sha'aban de 1322 de la Hégira (a.H.), correspondiente al año 1904 del calendario cristiano (miladí), en el seno de una familia de 'ulamá en las ciencias islámicas.

Nace en Nayáf (Iraq) y estudia con los grandes maestros de su época, sus hermanos Sheij 'Abdu 'n-Nabí y Sheij Mohammad Hasan, fiqh con Sheij Aqá D·ia ud-Din al 'Iráqí y con Mirza Moh·ammad H·usein Náiní y filosofía con Sheij Moh·ammad H·usein al-Isfahaní, quien ejerció sobre él una gran influencia intelectual. Alcanzó el más alto grado de Iytihád y dejó escritos en un estilo vivo y actual, numerosos textos que aun son estudiados en las madrasas islámicas orientales.

Dedicó su vida a revitalizar las enseñanzas islmicas y para ello creó el instituto de publicaciones "Muntada an-Nashr" que desarrolló con gran éxito una nueva línea pedagógica para la enseñanza de las ciencias islámicas. Combina en sus escritos la belleza de expresión y la exactitud en los significados y escribe con tal fluidez y convicción que arrastra con facilidad al lector a donde quiera llevarle.

En su libro Ah·lám al-Iaqz·ah (Sueños de la Vigilia) alcanza la cúspide de su poder de expresión, en comunión espiritual con su maestro Mullá S·adra ash-Shírází. Esta obra, en la que clarifica los más profundos problemas metafísicos mediante bellísimas anécdotas, le sitúa, sin duda, entre los maestros de la metafísica. Escribió, entre otras, una obra de Lógica que se ha convertido en libro de texto obligado para los estudiantes islámicos de filosofía, al-Mantiq al-Muz·affar. Por su especial belleza y actualidad hemos traducido este pequeño capítulo de su conocido trabajo de doctrina islámica 'Aqa'id al-Imamíah.

Capítulo 42. LA DOCTRINA DE LOS DERECHOS DE HERMANDAD ENTRE LOS MUSULMANES

Una de las mayores y más excelentes instrucciones del Islam a todos los musulmanes, sin diferencias de nacimiento, rango o posición social, es la hermandad. Pero, desgraciadamente, los musulmanes la tienen olvidada. Uno de los menores deberes de la hermandad islámica es desear para su hermano lo que desea para él mismo y no desear para su hermano lo que no desea para él mismo, tal y como podemos ver en un conocido hadiz del Imam Ya'far As-Sâdiq (La paz sea con él).

Debemos estudiar bien esta obligación, que no es más que uno de los pequeños deberes que los musulmanes tenemos, en opinión de los descendientes de nuestro amado Profeta Muhammad (La paz y las bendiciones sean con él y su descendencia). Al hacerlo, veremos que los musulmanes encuentran difícil realizarla, debido a que su moral práctica no está en consonancia con el espíritu islámico. Concentrémonos cuidadosamente en esta pequeña responsabilidad; si la gente la respetase, no encontraríamos entre ellos opresión, ni enemistad, ni robo, ni falsedad, ni difamación, ni traición.

La Ciudad de la Felicidad (Madinat ul-Fadílah) de los antiguos filósofos devendría una realidad, no sería necesario el gobierno, ni las cortes de justicia, la policía, las prisiones y la ley de enjuiciamiento criminal. Estarían libres de colonizadores y tiranos, los opresores no podrían ejercer sobre ellos su iniquidad y la tierra devendría un paraíso.

Más aún, si la hermandad islámica reinase entre las gentes, como el Islam dice que debe ser, el concepto de justicia desaparecería de nuestros diccionarios. La justicia y sus leyes no serían necesarios por más tiempo y la hermandad sería suficiente por si misma para asegurar el bienestar, la paz, la felicidad y el disfrute entre nosotros. En tal estado, no habría necesidad de la justicia y sus leyes, éstas son necesarias solamente cuando existe entre las gentes falta de amor.

Una madre es amable y buena con sus hijos por su amor y compasión, no porque se lo ordene la justicia. Podemos entender por qué una persona se ama solamente a sí mismo y aquello que le es agradable a Él en exclusiva; le es imposible amar algo o a alguien que no le pertenezca. Y cuando Él ama algo o a alguien, le es imposible dárselo a algún otro a quien no aprecie, a menos que exista un principio más fuerte que sus deseos, tal como una creencia en la justicia y la amabilidad que le permita desprenderse de algo que ama para entregárselo a alguien que no es de su agrado.

Tal ideal, cuando se establece en la mente humana, ocupa una posición que está por encima de todo lo material, de manera que hace posible establecer la supremacía de la justicia y la bondad y mostrar amabilidad hacia los demás.

Vemos como la persona necesita de estos ideales superiores cuando carece de amabilidad y del sentimiento de hermandad hacia su prójimo. Mientras carezca del sentimiento de hermandad, y lo cierto es que carece de ellos por su egoísmo y deseos, mientras ese sentimiento este ausente en Él, habrá de creer en la excelencia de la justicia y la amabilidad y seguir la guía que el Islam le proporciona.

Y si falla incluso es seguir esta guía, entonces no es digno de ser considerado musulmán; tal persona no es amigo de Dios, ni siquiera nominal, formalmente. No habrá hecho nada en el camino de Dios, como veremos en la tradición que viene a continuación. Usualmente, los deseos se sobreponen a las personas, haciéndoles difícil creer incluso en la justicia, de manera que le resulta muchísimo más difícil aún alcanzar el estado de perfección espiritual que le permita sobreponerse a sus deseos.

Vemos que, mientras la persona no es capaz de percibir la llamada de sus deseos, es muy difícil para el poseer el sentimiento de hermandad. ésta es la causa por la que Imam As-Sâdiq (La paz sea con él) no deseaba explicarle a Mu'allâ ibn Junais más de lo que éste era capaz de entender, temiendo que no pudiese ponerlo en práctica. Mu'allâ le preguntó:

- ¿Cuál es la obligación de un musulmán con otro?
- Existen siete obligaciones para él. Si no cumple una sola de ellas, no puede considerarse amigo o siervo de Dios pues, realmente, no habrá hecho lo necesario por la causa de Dios.
- ¿Cuales son esas siete cosas?
- Me das pena. Temo que puedas aprenderlas y luego no quieras o no seas capaz de ponerlas en práctica. No hay más poder que el poder de Dios.
Mu'allâ relata que el Imam le dijo:
- Primero, el menor de tus deberes es desear para tu hermano lo que desees para ti y no desear par él lo que no desees para ti.

Así pues, ¡Ése es el menor de los deberes! ¿A caso nos resulta eso tan fácil a los musulmanes de hoy en día? Aquellos que se llaman así mismos musulmanes y no cumplen con esta pequeña, pero estricta, obligación, pueden con razón sentirse desgraciados.

Es sorprendente que se atribuya al Islam la culpa del estado de atraso en el que viven los musulmanes, cuando, en realidad, la única razón de este atraso es el propio comportamiento de los musulmanes; mejor dicho, de aquellos que se llaman así mismos musulmanes, pero no cumplen con esta pequeña obligación.

Citaremos, tras está pequeña reflexión sobre nuestras presentes circunstancias, las siete obligaciones que Imam Ya'far (La paz sea con él) le dijo a Mu'allâ.
a) Desear para tu hermano lo que deseas para ti y no desear par él lo que no deseas par ti.
b) No enfadar a tu hermano, sino buscar complacerle y obedecer sus deseos.
c) Ayudarle con tu alma, tu lengua, tus manos y tus pies.
d) Ser para Él sus ojos, para que pueda guiarse y su espejo, para que pueda mirarse.
e) No comer mientras Él permanezca hambriento y no beber ni vestirte mientras el permanezca sediento y desnudo.
f) Si tú tienes un sirviente y Él no, deberás enviárselo para que le ayude en sus trabajos, le lave las ropas, le cocine y le arregle la cama.
g) Deberás aceptar sus promesas y sus invitaciones, visitarle cuando está enfermo, preguntarle lo que necesita antes de que él te lo pida, apresurándote a realizarlo si puedes y acudir a su funeral.

Cuando el Imam Ya'far (La paz sea con él) hubo terminado de enumerarlos, le dijo:
Si realizas estas obligaciones, podrás llamarte su amigo y el también será amigo tuyo.
El sentido de la amistad que los Puros Imames (La paz sea con ellos) trataron de inculcar en sus seguidores es mayor que el sentimiento de hermandad islámica ordinario. Escuchemos la siguiente conversación entre Imam Ya'far As-Sâdiq (La paz sea con él) y Abán ibn Taghlabî.

Relató Abán:
- Estaba realizando mi circunvalación a la Kaaba (tawaf) con el Imam As-Sâdiq (La paz sea con él), cuando uno de mis amigos me hizo señales desde lejos para que acudiera en su ayuda rápidamente. Viéndolo el Imam, me dijo:
- ¡Oh Abán! ¿No es a ti a quien llama?
- Sí - repliqué.
- ¿No cree él en lo mismo que crees tú?
- Sí.
- Entonces, ¿Qué esperas para romper tu tawaf y correr en su ayuda?
"Le pregunte si era eso obligatorio para mí y me respondió que sí. Fui en su ayuda y regresé junto al Imam y le pregunté sobre los derechos de los creyentes.
- No me preguntes sobre eso -me dijo, pero yo insistí.
- Dale a tu hermano la mitad de lo que posees -me dijo mirándome. Al ver mi sorpresa, me dijo:
- ¡Oh Abán! ¿Acaso no sabes que Dios ama a aquellos creyentes que prefieren a los otros antes que a sí mismos?
- Sí. -repliqué
- Cuando le hayas dado a tu hermano la mitad de lo que posees, no lo habrás por ello preferido a ti mismo, sólo cuando le des la otra mitad también, le habrás preferido a ti mismo.

Si, al escuchar esto, sentimos vergüenza de nosotros mismo, entonces no podemos llamarnos creyentes verdaderamente. Estamos muy lejos de las enseñanzas del Profeta. Cualquiera de nosotros, al leer estas historias, nos sentiremos tan sorprendidos como Abán lo estuvo, pero luego nos olvidaremos de ello como si no fuese dirigido a nosotros y no fuéramos responsables de observar tal comportamiento en nuestra vida cotidiana.

Fuente: www.islam-shia.org