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La importancia de la Razón en el Islam En esta lección desarrollaremos entrevistas mantenidas
por los Imames con personas escépticas, muy importantes y simples
a la vez. El Imam as-Sâdiq (La paz sea con él) ofrecía clases magníficas presenciadas por muchos individuos. Todos los días, al término de la clase, recibía a quienes se oponían a su pensamiento, oía sus objeciones y les respondía adecuadamente. Generalmente las conversaciones se extendían hasta el mediodía, ocasión que el Imam aprovechaba para rezar y luego regresar a su casa. Cierta vez antes de realizar la oración un hombre llamado Abu Shakr se le acercó y le dijo: ¿Me permites decirte algo sin que medie consideración alguna? Di lo que quieras, le respondió el Imam. Abu Shakr preguntó: ¿Por qué engañas a tus alumnos y oyentes relatándoles leyendas? ¿A qué leyenda te refieres? agregó el Imam. Lo que dices respecto a Dios no es otra cosa que leyenda. Tu dios invisible es como el dios hindú al cual nadie puede ver porque está cubierto con un paño. Los guardias de su templo se excusan ante los fieles diciéndoles que si los humanos lo ven podrían morir. Tu dices que Dios ha creado el universo, el mismo dios que no se puede ver ni oír, al que solo oyeron los profetas, dijo Abu Shakr. El Imam le explicó: Según tú, yo cuento leyendas, convoco a un dios invisible, tu niegas a ese dios invisible ¿No es cierto? Ahora dime. ¿Puedes ver tu propio interior? Abu Shakr dijo: No! Dijo el Imam: Si pudieras verlo no dirías que Dios es pura leyenda por no poder ser visto. Entonces Abu Shakr preguntó: Pero, ¿qué
relación existe entre mi interior y la creencia en Dios? Tu aseguras
que lo que no se ve, no se oye, no se toca o saborea no existe y como
no existe no se debe adorar, expuso el Imam. - Sí, esa es mi lógica,
- asintió Abu Shakr. Claro, es que tu solo puedes aceptar lo que ves, jamás lo conocerías.- observó el Imam - Si tu sabiduría fuera más elevada sabrías que en tu interior existen tantos seres vivos que su número es como el de los granos de arena del desierto. Ellos nacen dentro de ti, crecen, se reproducen y luego de un tiempo mueren. Tú no puedes verlos, ni oírlos, ni tocarlos, olerlos o saborearlos. Ellos nacen, se desarrollan y mueren para que tu vivas. Crees que por inteligencia los niegas cuando es tu ignorancia la causa que te lleva a ello. Si investigaras acerca de tu cuerpo y supieras lo que ocurre en su interior ya no dirías "no creo en Dios porque no lo veo, es pura leyenda". Ahora dime: ¿Ves esta roca? (señalando una
que estaba cerca suyo) ¿La consideras sólida, firme e inerte?
Es que tus ojos son incapaces de ver su movimiento. Si te dijeran que
dentro suyo los movimientos son tan veloces que comparados con vosotros,
los nuestros son quietud, no lo aceptarías y también dirías
que son leyendas. Tal vez, algún día a través de
la ciencia el hombre pueda ver el movimiento interno de las piedras, concluyó
el Imam. Por lo tanto negar a Dios porque no se lo detecta a través
de los sentidos no constituye ninguna prueba, quien lo niega por no percibirlo
por medio de estas vías es como quien niega la circulación
de la sangre porque no la siente, la existencia de las células
que conforman el organismo o la veloz marcha del átomo en el corazón
de las piedras simplemente porque no la ve. "El hombre cuerdo es incapaz de
negar a Dios" Hasta aquí hemos aprendido que los sentidos no constituyen
la única vía de conocimiento y que el no sentir a Dios no
prueba su no existencia. En esta parte daremos un paso al frente. Una entrevista entre un Imam y un escéptico Un incrédulo egipcio que había oído
sobre la sabiduría del Imam As-Sadiq (La paz sea con él)
viajó a Medina a fin de discutir con él. Al llegar se le
dijo que el Imam se había dirigido a la Meca. Entonces fue allí
y lo encontró haciendo el Tawaf (circunvalación). Cuando
concluyó el Imam lo llamó: ¡Ven! Fue y se sentó
frente a él. De inmediato un grupo de alumnos del Imam los rodeó.
Husham, uno de ellos, relata la entrevista: Antes que el
ateo comenzara a hablar el Imam usó palabras muy simples pero se
refirió al punto débil y más crucial de la escuela
materialista. Dijo: ¿Por ventura has sabido que la tierra consta
de un interior y un exterior? Sí, respondió el ateo. ¿Y
has investigado las profundidades de la tierra? No, respondió esta
vez. ¿Sabes lo que hay dentro de ella? preguntó el Imam.
No lo se pero supongo que no existe nada, dijo el hombre. As-Sadiq (La
paz sea con él) dijo: Tu suposición es señal de incapacidad
para conocer la verdad y llegar a la certeza. ¿Has ascendido a
los cielos? No, dijo. ¿Y sabes qué cosas pueblan los cielos?
No, repitió. El Imam exclamó: ¡Asombroso! No has ido
ni al este ni al oeste, no has traspasado los límites de la tierra
no has ascendido hasta los cielos; sin moverte de tu sitio para ver si
existen otros seres o no. Acaso quien razona ¿puede negar lo que ignora? El
incrédulo, que no encontraba respuesta, ante el gran razonamiento
del Imam, dijo en tono de frustración: Jamás alguien me
ha hablado así. Otra entrevista del Imam, con un médico
hindú: - ¿Acaso has recorrido todo el universo y no
has hallado a Dios como para afirmar que por no percibirlo no existe?
Entrevista mantenida entre Russel, renombrado filósofo
materialista y el monoteísta Kopleston, citada en el libro "Lo
que entendemos de Dios y la Creación" El tema principal de esta lección está sintetizado
en la súplica Yami'atul Aimmatul Mu'minín, cuando dice:
Fala intiqul munsif liaqlihi inkaraq ual mausumu bisihhatil ma'rifatih
yuhudak, que significa: "Dios mío, el hombre justo es incapaz
de negarte, porque razona y quien razona es incapaz de afirmar que no
existes". Fuente: www.islam-shia.org
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