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La mujer de la derecha en América Latina y en el mundo: Una perspectiva comparativa VOL. 2 Autor: Power, Margaret [Introducción] El estudio concluye que un valor principal para la mayoría de las mujeres de la derecha es la afirmación de la familia y su papel maternal dentro de ella, el que consideran como su principal rol. En segundo lugar, que para casi todas estas mujeres la defensa de la religión y la oposición a la secularización de la sociedad son igualmente importantes. Tercero, que para muchas mujeres la derecha representa una afirmación de su propia identidad y de su cultura. Otro tema importante relacionado con los anteriores es el miedo y su relación con la búsqueda de seguridad, el cual para muchas de estas mujeres se transmite del individuo a la familia y a la nación. Para muchas de ellas, la derecha, que pretende conservar la "tradición" les ofrece seguridad y protección en contra de lo que les amenaza. Quiero agradecer a Teresa Fernández, Mara Marrero, Martín Patiño, Nilda Vega por su aporte a la traducción de este ensayo y a Lessie Jo Frazier y Melinda Power por sus comentarios. I. La importancia de estudiar a la mujer
de derecha Sin embargo, surge la pregunta: ¿Por qué es importante estudiarla? Yo sugiero que hay tres razones importantes. Primero, estas mujeres contribuyen a lo que es la definición de la política en sus naciones. Sus creencias, declaraciones y acciones contribuyen a la formación de la cultura política y social de sus comunidades y países. Por ejemplo, como veremos más adelante, en 1963 y 1964 la mujer de la derecha en Brasil organizó un movimiento femenino de masas en contra del gobierno de Joao Goulart. Este movimiento abogó en favor del derrocamiento de Joao Goulart por las Fuerzas Armadas. Las mujeres conservadoras en Chile, por su parte, formaron un movimiento que se opuso al gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende y aplaudieron el golpe militar en 1973. En Turquía, la mujer islámica conservadora exige el derecho a ponerse el velo en público y, al hacerlo, desafía al Estado secular que Kemal Ataturk estableció al principio del siglo veinte. Segundo, la mujer de la derecha demuestra el campo de posibilidades políticas hechas por y para la mujer, y a la vez, representa un reto a la idea de que la mujer es más progresista que el hombre. Además, ella expone las limitaciones que existen en la mayoría de los estudios sobre la mujer, los que se han centrado en la mujer de la izquierda (o progresista), en la que ha sido victima del terror de la derecha o en la que refleja los valores sostenidos por los propios investigadores. La tercera razón, es que las mujeres de la derecha demuestran las debilidades y fracasos de los movimientos progresistas y feministas. Hoy en día, la gran mayoría de las mujeres derechistas no solo rechazan el feminismo, sino que lo definen como uno de sus enemigos principales. Por lo tanto, el estudio particular de estas mujeres nos ayudará a entender la razón del rechazo hacia el feminismo y, a la vez, facilitará a las feministas el superar ese obstáculo a la construcción de una sociedad basada en la igualdad entre los géneros. Aunque hoy en día existen muchos estudios acerca de la derecha y la mujer, también existen mitos. Mucha gente cree que la mujer de la derecha no tiene su propio tema (agenda) o demandas, y por ello se cree que adoptan y siguen la política definida por los hombres. En otras palabras, el hombre de la derecha, y no la mujer, tiene importancia y peso político; él es el actor, y ella solo sigue su mando. Como veremos más adelante, de hecho la mujer de la derecha ha podido interpretar las desconformidades y los anhelos de muchas mujeres y formular una agenda política que corresponde a la realidad, a las exigencias, y a los propósitos de muchas otras. Su capacidad para hacerlo ha facilitado los esfuerzos de este sector por organizarlas. Uno de los mitos más prevalente, es que tanto la derecha en general como la mujer derechista en particular se componen exclusiva, o predominantemente, de personas de las altas esferas. En otras palabras, los que se identifican con la derecha provienen de la élite y se afilian a ella para así poder proteger su posición privilegiada y mantener los beneficios que de ésta reciben. Como se explica en un estudio reciente relativo a la derecha en América Latina, "la derecha consiste de unas combinaciones distintas de elementos en contextos diferentes, pero de costumbre incluye, entre otros, los dueños de la riqueza tradicional --la tierra y los yacimientos minerales--, los empresarios y economistas antipopulistas, el ala conservadora de la iglesia tradicional, las élites internacionales anticomunistas, y, en la mayoría de los países, buena parte de las Fuerzas Armadas"[2]. Este concepto de lo que es la derecha se originó en Europa, y refleja la experiencia europea. Él ha sido aplicado, y creo yo de forma poco adecuada, a América Latina y al resto del mundo. Una perspectiva que explica la política de un individuo únicamente por referencia a su estatus económico, ignora la multitud de factores que determinan las selecciones políticas de una persona. Otro problema importante con esta definición de la derecha, que es una definición común, es que hace referencia a categorías (dueños de la tierra, hombres de negocios, militares) que, en su mayoría, excluyen a la mujer. Si el estatus económico fuera el elemento principal que definiera la política de la gente, entonces las mujeres que se opusieron a Allende habrían sido todas miembros de las clases altas que actuaron en defensa de sus intereses. Mi investigación revela que no fue así. En Chile, las mujeres que iniciaron el movimiento femenino contra Allende formaron parte de las clases altas. Sin embargo, debido a una combinación de factores, estas mujeres ricas lograron construir un movimiento amplio y multiclasista que tuvo éxito en convencer a la mayoría de las mujeres en Chile para que se opusieran a aquel gobierno. Yo creo que para poder comprender el por qué una cantidad sustancial de mujeres adopta las ideas de la derecha, tanto en América Latina como en el mundo entero, es necesario examinar los valores que estas mujeres poseen. Para muchas de ellas, de diversas clases, la derecha articula y proyecta los valores que les interesan. En el trabajo sobre la mujer conservadora en Guadalajara, Renée de la Torre ha hecho hincapié en la importancia de examinar los valores conservadores que las mujeres promuevan y los temas que ellas apoyan. Este enfoque nos permite distinguir entre las expresiones múltiples de la derecha y, a la vez, entender por qué tantas mujeres se acercan a la derecha. Como lo notaron de la Torre y Juan Manuel Ramírez Sáiz al explicar porque hacen una distinción entre el conservadurismo y la derecha, "Si bien el conservadurismo puede, en términos políticos, quedar arropado dentro de la derecha, usamos esta distinción para no equiparla con la derecha de tradición liberal o meramente empresarial, pues los conservadores no abogan por todas las libertades (ni las individuales, ni las del Mercado), y menos cuando éstas ponen en riesgo, debilitan o cuestionan los valores donde se edifican las instituciones tradicionales: la familia, la religión, el respeto a las autoridades, las buenas costumbres, etc."[3]. Puesto que esta lista de valores es larga, y varía con el tiempo y el país, he escogido sólo tres de ellos para explorarlos más a fondo en esta artículo. Primero, por supuesto, la afirmación de la familia y el papel maternal de la mujer se destaca en cualquier discusión de la mujer y la derecha. Segundo, para casi todas ellas la defensa de la religión y la oposición a la secularización de la sociedad son igualmente importantes. Tercero, para muchas mujeres la derecha representa una afirmación de su propia identidad y de su cultura. Para explorar este tema, examino el ejemplo de la mujer islámica. Un gran número de mujeres en el mundo musulmán tienen una interpretación conservadora de la religión porque esta representa tanto una afirmación de sus tradiciones culturales como un rechazo del imperialismo del mundo occidental. Otro tema importante relacionado con los otros ya mencionados es el miedo y su relación con la búsqueda de seguridad, el cual para muchas de estas mujeres se transmite del individuo a la familia y a la nación. Para muchas de ellas, la derecha, que pretende conservar la "tradición" les ofrece seguridad y protección en contra de lo que les amenaza. A este respeto, es notable como la gran mayoría de la gente en los Estados Unidos después del ataque terrorista del once de septiembre de 2001 acepta y promueve una política derechista: el militarismo y la guerra fuera del país y la eliminación de los derechos civiles adentro. Incluso, se ha propuesto y practicado el uso de la tortura en contra de los que el gobierno declara que son --o pueden ser-- miembros de la red Al Queda, o son simplemente presos Irakis detenidos por las fuerzas militares de los EEUU en Irak o Afghanistan. II. La maternidad y la derecha Las mujeres que se opusieron a la Unidad Popular creían que el gobierno de Allende debilitaba su papel de madre. En 1972 y 1973, el rápido crecimiento de la inflación y el déficit causados por el gobierno de los Estados Unidos en conjunto con la élite chilena en sus esfuerzos por sabotear la economía chilena y, por otra parte los errores cometidos y la falta de experiencia y conocimiento de la Unidad Popular en el manejo de la economía, obstruyeron seriamente los intentos del propio gobierno por enmendar la situación económica de la clase trabajadora. Las mujeres de la clase pobre y de la clase trabajadora experimentaron los resultados de estos fracasos económicos más agudamente. Casi todas las mujeres que entrevisté recuerdan con horror las mañanas en que se tuvieron que levantarse a las tres o cuatro de la mañana para hacer cola por el pan, leche o aceite. Como bien lo expresó una de éstas mujeres pobres, Rosa Elvira Durán, "el primer año [de Allende] fue todo una luna de miel. Los sueldos subieron, las cosas estaban bien, pero el segundo, nunca, nunca más quisiera volver a pasar por lo que pasé, porque era una anarquía total. ¿Sabe que para comprar un pollo flaco el año nuevo del 72, me amanecí desde las ocho de la noche hasta las diez de la mañana del día siguiente para que me vendieran un pollo polaco flaco, desnutrido que pesaba como un kilo? Para mí fue pésimo, pésimo"[5]. Esta escasez afectó más a las mujeres pobres particularmente porque, a diferencia de las ricas, ellas no tenían sirvientas que se pararan en las colas por ellas (en este caso ellas eran las sirvientas) y carecían del dinero para comprar lo que necesitaban en el mercado clandestino. Sin embargo, no eran tan sólo las inconveniencias físicas de hacer la cola las que afectaban a estas mujeres. El sentir que estaban fracasando como madres porque no podían proveer a sus hijos de comida y adquirir lo que necesitaban, era lo que más le afectaba. Aunque la clase social a que pertenecían estas mujeres influía en su capacidad para abastecerse en medio de la crisis económica que enfrentaban, y también en su posición política, no era determinante. Para muchas mujeres, su identidad de género, su papel de madre, el que ellas creían que el gobierno de Allende desprestigiaba, definía sus votos y su apoyo político para la oposición. Muy bien. Una de las razones principales por las cuales la mujer se identifica con la derecha es porque afirma su papel de madre y esposa. Las mujeres de la derecha han expresado claramente esta combinación de la feminidad y la maternidad, una fórmula que le ha servido de bien. El vincular sus creencias y acciones con su identidad maternal, les permitía" negar su papel de actores políticos y de reclamar que actuaban desde una posición de superioridad moral[6]. Cuando las mujeres derechistas marcharon en contra de Allende, negaron sus motivaciones políticas y se definieron sólo como madres que actuaban para poder asegurar el bienestar de sus familias y de su nación. Como lo expresó claramente María Correa Morandé, una dirigente de Poder Femenino, la organización de mujeres en contra de Allende, "porque el hecho de ser madre solamente pone a la mujer muy cauta, muy responsable, le da mucha trascendencia a las cosas, y los hombres, los hombres en realidad yo creo que el amor de padre es un amor adquirido, conciente, responsable, es un amor de racionamiento, pero no instintivo, porque no hay instinto en el amor. Yo soy el padre de esta criatura, pero no lo tuvo adentro como la mujer. No lo sintió vivo. No lo sintió vivir. Entonces la mujer tiene una responsabilidad mucho más grande sobre el género humano. Yo creo que por eso la mujer es muy cauta, muy responsable, no es así no más. Esa es la única razón que se me ocurre por qué [las mujeres] son más de derecha. La derecha es más ordenada, más respetuosa, son los dueños de la vidriería. La mujer también tiene cosas que son los hijos, y el amor maternal va por encima de cualquier cosa, de todo, no hay ninguna cosa que pueda compararse"[7]. La participación de la mujer en la política en nombre de su maternidad no es un fenómeno que se diera sólo en Chile. Durante 1930, la mujer componía alrededor de un veinte por ciento de los 200.000 miembros de la Acao Integralista Brasileira (integralistas), la organización fascista de brasileños. Ellas formaron parte de este grupo porque "veneraban la familia y la maternidad y temían que una conspiración capitalista comunista de banqueros internacionales (un eufemismo que denotaba los supuestos intereses judíos) que no sólo financiaban las turbas izquierdistas pero buscaba destruir sus hogares". Estas mujeres formaron parte de los integralistas para preservar su familia, y sus deberes dentro del grupo reflejan su concepto de género. Ellas eran "maternales, benefactoras y actuaban como esposas: sirviendo como mujeres ejemplares, inspirando a los hombres, ayudando a los pobres, y criando a los niños partidarios por la causa". Sin embargo, su participación en la militante organización fascista las puso en un estado de confrontación, el que demandó algunas modificaciones a su género "tradicional". Así como sus compañeros, ellas se pusieron el uniforme verde militar, y en más de una ocasión se pararon en guardia mientras su líder masculino se dirigía y se mofaba de los izquierdistas que amenazaban con atacarlos. No obstante, a pesar de sus vestimentas masculinas y de su disposición para confrontar a una multitud de hombres enojados, estas mujeres trabajaron para preservar las establecidas nociones de su género. Cuando desfilaban usaban ramos de flores en sus uniformes para suavizar y feminizar su apariencia y también organizaban clases de cocina y costura, economía del hogar, urbanidad y cuidado de niños[8]. Al principio de la década de los sesenta, la mujer brasileña conservadora salió otra vez a las calles de Sao Paulo y de otras ciudades de Brasil para marchar en contra del gobierno de Joao Goulart. Al reclamar por el supuesto insulto al rosario hecho por Goulart, organizaron una manifestación masiva de entre 500.000 a 800.000 mujeres, sólo dos semanas antes de que los militares derrocaran a ese gobierno[9]. Esta marcha, al igual que las de Chile, permitió a las fuerzas armadas brasileñas (y en 1973 a las chilenas) "justificar" su toma ilegal de poder para así responder a las exigencias de las mujeres que les reclamaron su pasividad frente a las políticas de los gobiernos elegidos. Como lo dijo Temma Kaplan, "Our mothers made us do it" (nuestras madres nos hicieron hacerlo)[10]. Y no es solamente en América Latina que la maternidad ha impulsado la participación política de la mujer. Y tampoco es verdad que las políticas maternalistas conducen sólo al conservadurismo. Los ejemplos de las agrupaciones de las madres de los desaparecidos que enfrentaron a las dictaduras militares en América Latina revelan que no[11]. Aunque carecían del derecho de sufragio o delreconocimiento como ciudadanas completas, las mujeres griegas conservadoras intervinieron, como madres, en la política de su nación y actuaron para salvar a sus niños de los comunistas. Durante la guerra civil (1946-1949), estas mujeres realizaron una exitosa campaña nacional e internacional en contra de los "comunistas", quienes habían conducido la liberación de Grecia del dominio nazi en la Segunda Guerra Mundial. Al reclamar que estos "comunistas" estaban adoptando niños griegos y mandándolos al bloque de naciones del este, estas mujeres, conducidas por la Reina Fredericka, la "madre de la nación", organizaron "pueblos para niños" en todo Grecia para albergar los infantes salvados de los comunistas. Representándose como madres para las que la preservación de la familia era su única preocupación, llevaron su caso a las Naciones Unidas y convencieron a esa organización que debía colaborar con sus esfuerzos por salvar a los niños y a su nación, por medio del apoyo a la repatriación de los niños. Ellas simultáneamente cortaron la ayudaa las fuerzas de izquierda y justificaron su derecho de hablar por la nación, no como políticos, sino como madres[12]. Lo que es sorprendente de tantas mujeres de la derecha es su uso de la maternidad para legitimar su entrada en la política. Al atribuir su frecuente e inaudita actividad política y pública a su papel como madres, ellas justificaron su comportamiento atípico sin retar sus atributos de mujer. ¿Habrá sido esto una táctica que emplearon para poder empeñar su trabajo en la política sin alterar sus nociones de género? O ¿esta postura refleja como ellas entendían su papel de mujer? Hago esta pregunta porque es un aspecto que necesita estudiarse y discutirse más. Ya que la mayoría de la literatura de la actividad política de la mujer se enfoca en mujeres progresistas, en mujeres que quieren transformar su estado o condición de vida, o en aquella que reta papeles restrictivos de su género, es muy importante notar que gran parte de las ideas teóricas desarrolladas alrededor de estas mujeres no necesariamente se aplican a la mujer de la derecha. Para la mujer de la derecha, el dominio de la maternidad es más que adoptar una táctica ingeniosa que le permita su participación en la política[13]. Representa una de sus más fundamentales creencias de lo que significa ser mujer. Para ella, la feminidad significa maternidad, ese era su destino y su identidad. La mujer de derecha consideraba la maternidad tan natural que el hecho de que cualquier mujer la rechazara, o que no pudiera ser madre, era considerado como una negación de su verdadera naturaleza, o se pensaba que estaban condenadas a vivir una vida miserable y frustrada. Tan fuertes eran estas creencias, que algunas mujeres derechistas se obsesionaron con la maternidad con una fuerza que trascendía a su participación activa. Por ejemplo, en un artículo publicado en Amiga, la revista de la Secretaría Nacional de la Mujer, una organización de mujeres a favor de Pinochet, se aconsejaba a las mujeres amamantar a sus bebés. En él se describía el desarrollo de la mujer desde su niñez hasta la madurez, esencialmente, como el proceso biológico para prepararse para ser madre. "En la mujer desde los primeros años de vida, el cuerpo empieza a prepararse para esa maravillosa tarea que la naturaleza le ha asignado, y que es la maternidad". Este apremiante proceso biológico es tan poderoso, que en algunos casos es el agente activo, mientras que la mujer simplemente es el recipiente pasivo en el cual toma lugar. El artículo que comentamos continúa diciendo: "Su organismo, por ello, dispone de órganos que funcionan en forma activa durante el embarazo y posteriormente, en el amamantamiento. Uno de estos órganos son las glándulas mamarias que en el período mismo de lactancia entran en actividad elaborando leche constantemente, aún en las horas de sueño"[14]. Esta cita sugiere una visión del embarazo y la lactancia en la cual los mecanismos naturales del cuerpo triunfan ante la misma conciencia de la mujer. También sirve para revelar hasta que punto la mujer de la derecha cree que la biología define su propio destino y explica sus posiciones y acciones políticas en contra de lo que ella ve como amenaza a la maternidad. III. Contra el feminismo, el mundo occidental,
y el colonialismo Es importante señalar que la relación de la mujer conservadora con el feminismo ha cambiado mucho durante el siglo veinte[15]. Hoy en día, la mayoría de las mujeres conservadoras distancian y distinguen sus luchas de las feministas. Se definen como femeninas, en oposición a las mujeres que se identifican como feministas. Su posición en contra del feminismo difiere notablemente de la de la mujer conservadora al principio del siglo. Por ejemplo, algunas de las mujeres que formaron parte de la derecha en Inglaterra y los EE. UU. en los años veinte y treinta del último siglo, habían participado en la lucha por el voto y se habían definido como feministas. Varias mujeres importantes de la Unión Fascista de Mujeres Británicas (BUF) habían luchado por el derecho de votar y la dirigente de la sección femenina de la BUF en los años treinta había sido detenida a causa de sus acciones en favor del sufragio de la mujer[16]. Estas mujeres no vieron ninguna contradicción entre su lucha por el voto y su apoyo al fascismo. Para ellas, los dos buscaban los derechos políticos y sociales para la mujer inglesa. En los años veinte, alrededor de un millón de mujeres ingresaron al Ku Klux Klan en los EE. UU. Muchas de ellas se unieron a la organización para así garantizar sus derechos y su seguridad como mujeres blancas y protestantes. La sección femenina del Ku Klux Klan, o por lo menos según la propaganda que el mismo Klan manejaba, proclamó que la organización "podía salvaguardar el sufragio de la mujer que recién en el año 1920 se le había otorgado y garantizar los derechos legales de la mujer, mientras se luchaba para conservar la supremacía blanca y el protestantismo"[17]. Igual que sus homólogas británicas, aquellas mujeres creyeron que la derecha les ofrecía tanto la seguridad como el respeto, y la visión de una sociedad racista donde tenían su lugar asegurado. A fines del siglo veinte, la relación amistosa entre la mujer conservadora y el feminismo terminó. En el mundo occidental el rechazo al feminismo se debe a dos cambios ideológicos y políticos importantes experimentados por las feministas a partir de los años sesenta. Uno es que hoy en día muchas feministas creen que el género es una construcción social y no un hecho biológico o natural. Por lo tanto, rechazan la idea de que por ser mujer una tiene que ser madre o esposa, o ser débil o dependiente del hombre, y abogan por la libertad, tanto para la mujer como por el hombre, de escoger su propia identidad y vocación. Segundo, el feminismo rechaza la idea de que la heterosexualidad es el estándar normativo y, en cambio, apoya el derecho de la gente a escoger su propia orientación sexual. Como repuesta a estos cambios, la mayoría de las mujeres conservadoras en los EE. UU. rechazan rotundamente al feminismo y la lucha por los derechos de la mujer. En las palabras de Beverly La Haye, fundadora de Concerned Women for America, la organización de mujeres conservadoras más grande en Estados Unidos (que dice contar con 500.000 miembros), "la retórica, en contra de Dios, en contra de la familia de feministas no representó [mis] creencias, o las de la gran mayoría de las mujeres"[18]. En el mundo poscolonial el rechazo al feminismo tiene otros matices. Por ejemplo, para la mujer islámica conservadora, refleja su repudio al mundo occidental y, a la vez, su identificación con el Islam. Por lo tanto, para ellas, su oposición al feminismo surge de su resistencia al colonialismo, y es paralelo a su noción de lo que debe ser correcto en los papeles de género. Heba Ra'uf es una mujer egipcia que estudió en Europa y en Estados Unidos; sus experiencias, que incluyen la ridiculización y humillación de su cultura, y el escuchar continuamente que ella era inferior, reforzaron su sentido de alejamiento del Oeste. Para ella, el Islam representa una fuente de superación personal y la afirmación de su identidad como mujer árabe e islámica. Su oposición al feminismo viene de su creencia que el Oeste supuestamente "desacredita y ve la maternidad como innecesaria". Como ella lo explica, "en veinte años la maternidad en el Oeste va hacer un asunto de adopción, y adopción bajo el disfraz de una meta de caridad". Ella, como muchas de las mujeres de la derecha alrededor del mundo, iguala al feminismo con el imperialismo occidental y un estilo de vida decadente, inmoral, y, por último, de poca seguridad. Según su opinión, estos problemas surgen de los que ella cree es el ataque del feminismo contra la familia y su promoción de la homosexualidad, que para ella es muy mala porque va en contra de la familia y el deber del ser humano de procrearse[19]. Ella contrapone el individualismo del mundo occidental a la seguridad que le ofrece la familia, que promueve "el valor de la seguridad"[20]. En Turquía las mujeres, especialmente las que son miembros del Virtue Party, dirigen el "new veiling movement", el movimiento que aboga por el derecho de la mujer a usar el velo. Estas mujeres rechazan el estado secular que Mustafa Kemal Ataturk estableció en los años veinte y reclaman su derecho de aparecer en público y en el parlamento con el velo puesto. En vez de ver el velo como un signo de opresión, ellas lo perciben como una afirmación de la edad dorada del imperio islámico (el imperio Otomano) y, a la vez, consideran su actitud como un repudio a "las normas occidentales y seculares de conducta". Según ellas, ponerse el velo les da poder porque les deja ser "inteligentes, valientes, castas, productivas, y virtuosas" y les brinda la posibilidad de llevar sus vidas "en una sumisión total al Islam"[21]. Podemos ver que el apoyo que la mujer egipcia o turca brinda al Islam es un tema muy complejo. Por un lado, refleja los esfuerzos de estas mujeres de alzar un estilo de vida centrado en la familia "tradicional" y de mantener una identidad de género rígido. Lo interesante es que para estas mujeres, esta opción les otorga poder y valor. Ellas ven a la familia como el lugar donde su estatus como madre y mujer está asegurado, no como un sitio de opresión. De hecho, rechazan al feminismo y otros conceptos que provienen del mundo moderno y occidental porque para ellas representan intentos imperialistas de colonizarles y amenaza a sus culturas. Por último, en los tiempos de la globalización, donde el capitalismo y la cultura norteamericana han (aparentemente) triunfado, la resistencia de estas mujeres al mundo occidental significa su desafío a la dominación del sistema político y económico que reina en el mundo actual. IV. Conclusión El estudio de la mujer de la derecha en América Latina y en el mundo entero está en su infancia, como señalé arriba. Por lo tanto, hacen falta los conceptos teóricos que necesitamos para así poder entender este tema de mejor manera. Espero que este artículo contribuya al desarrollo de la teoría que ilustre el estudio de la mujer de la derecha. Para terminar sólo voy a mencionar dos temas que me parecen interesantes y que tenemos que profundizar más. Uno de ellos, y que es sumamente importante, y que no se ha tocado lo suficiente, son las conexiones transnacionales que existen entre las mujeres conservadoras. ¿Hasta qué punto la mujer de la derecha mantiene contacto e intercambia ideas, sugerencias, y recursos con sus homólogas en otros países? Entender estos lazos es imprescindible para poder entender mucho más a la mujer de la derecha. De igual importancia es estudiar el nivel del éxito que tiene la mujer de la derecha en transmitir sus valores y sus ideas a sus hijos o a otros miembros de su familia. ¿Hasta qué punto esta mujer, como madre y esposa, reproduce sus ideas y sus valores en sus hijos, sus nietos, y su esposo? ¿Y por qué, cómo, y dónde surge la resistencia a sus ideas dentro de la familia misma? Estas son preguntas importantes, entre muchas otras, que requieren más investigación y estudio. Notas
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