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La
Mujer, la Economía y el desarrollo humano
El factor humano Se levantaron muchas voces de protesta, incluidas las de
los sindicatos, las iglesias, las organizaciones no gubernamentales, la
Organización Internacional del Trabajo y el Fondo de las Naciones
Unidas para la Infancia (UNICEF), que publicó el documento "Ajuste
con Rostro Humano". Si bien no dudaba de la necesidad de cierto tipo
de ajuste, el UNICEF exhortó al FMI y al Banco Mundial a prestar
atención a la pobreza y a los seres humanos. Entre diversas propuestas,
sugirió que se mantuvieran los servicios básicos mínimos,
especialmente para los más vulnerables, y que se distribuyera la
carga del ajuste de manera más equitativa. Pero el principio básico
consistía en que las preocupaciones por los seres humanos no debían
ser "elementos adicionales" de un mismo conjunto de políticas
de ajuste; en cambio, debían incorporarse en un marco nuevo e integrado
de desarrollo a largo plazo, centrado en los seres humanos. Algunas de las exhortaciones para que se adoptaran nuevos criterios de ajuste procedieron de movimientos femeninos. Las mujeres con frecuencia debían soportar la carga del ajuste; pero rara vez se tomaban en cuenta sus necesidades y preocupaciones al formular políticas de ajuste. Las familias con un solo progenitor, generalmente encabezadas por mujeres, eran las más afectadas. Todo ello destacaba la necesidad de "dar a las políticas de ajuste un enfoque de género". Cómputo del trabajo no remunerado Gran parte del trabajo que se hace en la sociedad no se
reconoce y se subvalora: el trabajo doméstico y el trabajo en la
comunidad. Y la mayor parte de ese trabajo es realizado por las mujeres.
En las estadísticas de los países industrializados se omiten
aproximadamente dos tercios del tiempo total de trabajo de las mujeres,
pero sólo de un tercio del de los hombres. En los países
en desarrollo, la proporción es semejante respecto de las mujeres,
pero respecto de los hombres se reduce al menos de la cuarta parte. En el Informe sobre Desarrollo Humano 1995 se estimó
que, además de la producción mundial registrada en 1993,
por valor de 23 billones de dólares, el trabajo doméstico
y comunitario generó otros 16 billones de dólares. Y las
mujeres aportaron 11 billones de dólares a ese producto invisible.
En la mayoría de los países, las mujeres
trabajan más que los hombres. En el Japón, la carga de trabajo
de la mujer es aproximadamente un 7% superior a la del hombre; en Austria,
11% superior; y en Italia, 28% superior. Las mujeres de los países
en desarrollo tienden a soportar una parte de la carga de trabajo superior
aún a la correspondiente a los países industrializados,
como promedio alrededor del 13% superior a la carga del hombre, y en las
zonas rurales, un 20% superior. En las zonas rurales de Kenya, el trabajo
de las mujeres es superior en un 35% al de los hombres. En algunos países, la carga de trabajo de la mujer
es extrema. Las mujeres de la India trabajan 69 horas a la semana, en
tanto que los hombres trabajan 59. Las mujeres nepalesas trabajan 77 horas
y los hombres, 56. En Moldova, las mujeres trabajan unas 74 horas a la
semana, y en Kirguistán, más de 76 horas. Una limitación de las nuevas teorías sobre
el crecimiento económico es que tratan a los trabajadores como
si aparecieran mágicamente todos los días, listos para hacer
su trabajo. Tampoco pueden explicar la forma en que se prepara a la siguiente
generación de trabajadores para empleos productivos. La contribución de las mujeres a la reproducción social no se limita al hogar. Ellas son responsables también de ciertos tipos de trabajo en la comunidad. Un estudio reciente hecho en los Estados Unidos llegó a la conclusión de que, aunque los hombres y las mujeres hacen igual cantidad de trabajo voluntario y socialmente valioso en la comunidad, existen claras diferencias de género en cuanto al tipo de trabajo que realizan. Los hombres son más activos en los grupos cívicos, políticos y profesionales, en tanto que las mujeres participan en actividades de apoyo social en organizaciones caritativas, de servicios de salud y educacionales. En el Reino Unido, los sistemas de atención de la comunidad que han surgido desde el decenio de 1980 dependen principalmente de las mujeres. Y en el Líbano, son las mujeres quienes han formado las redes de organizaciones callejeras que prestan muchos servicios sociales vitales. La importancia social del trabajo en el hogar y en la comunidad trasciende sus efectos económicos. Merced a este trabajo se "reproduce" la sociedad, no sólo los trabajadores. Y en este sentido, dicho trabajo tiene un valor humano intrínseco que no puede reducirse a unidades de dinero o de tiempo. Gracias a esas actividades, se enriquece a las familias y las relaciones de la comunidad, se mantienen las tradiciones culturales y se mejora el desarrollo humano. Ésa es "reproducción social" en
sentido amplio. Las nuevas teorías acerca del crecimiento económico
pueden considerar esas actividades sólo como insumos de la producción,
como cierto tipo de "capital social" o como una forma amplia
de "capital humano". Por el contrario, dentro del criterio de
desarrollo humano hay una preocupación fundamental acerca de ellas
como actividades sociales que revisten importancia fundamental. En la concepción islámica el grado de participación
femenina en el desarrollo de la sociedad ha sido reconocido y por ello
Dios ha dispuesto la obligación de otorgarle el sustento y proveerla
de sus necesidades, materiales, afectivas y espirituales. Pero, al mismo
tiempo no le restó independencia a la mujer, reconociéndole
sus derechos a trabajar y ser dueña de su propia economía
y administrarla libremente como quiera. Precisamente, a raíz de
una justa valoración del rol de la mujer en la concepción,
crianza, preparación y desarrollo de la sociedad humana, es que
la libró de las obligaciones de procurar el sustento propio y de
la familia. Pero, no obstante, cuidando la prioridad de las ocupaciones
familiares, la estimuló para que, en la medida de sus posibilidades,
participe también de otras formas en el desarrollo económico
e incluso, en el terreno social, político y cultural le confirió
obligaciones comunes a la de los hombres. El fundador de la República Islámica de Irán, el Imam Jomeini (la Misericordia de Dios sea sobre él) dijo: "El Islam no solamente está de acuerdo con que trabaje la mujer, sino que mientras no interfiera con su rol fundamental, es decir, la educación de los hijos y el cuidado de la familia, incluso lo considera necesario. Un país no puede prescindir de la fuerza laboral de la mujer en diferentes áreas, pero esta labor no debe oponerse a su nobleza y dignidad moral y valores espirituales. La mujer no debe ser humillada bajo ningún aspecto"."La autoconciencia y la autovaloración de la propia dignidad de la mujer son bendiciones que la revolución (islámica) le ha deparado. La mujer camina a la par del hombre en procura de los grandes ideales humanos. Esto sólo se logra por medio del cuidado material, moral y espiritual de uno mismo y la autopurificación de la propia alma de los egoísmos y vicios que la corrompen".
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