Pre-Congreso de las Mujeres de Fe
El aporte de la mujer musulmana a la sociedad hoy

UMMA: Unión Mujeres Musulmanas Argentinas
El valor de transmitir la fe
Por: Masuma Assad de Paz

Es un orgullo para mí poder participar de tan honorable Congreso. Honorable, no en un sentido formal sino en muchos aspectos. Es un honor estar reunidas hoy, con mujeres mancomunadas con un mismo objetivo: rescatar nuestra esencia como mujeres de fe, y asumir nuestros roles como tales, partiendo del preámbulo de nuestra Constitución Nacional: “Dios fuente de toda razón y Justicia”.

Es un honor porque somos partícipes de un evento que en otro momento histórico hubiera sido impensable. Esto, ciertamente, merece nuestra reflexión. Reflexión acerca del cambio, acerca de nuestra sociedad, acerca de qué es lo que cambió. Pensar en estas cuestiones nos da cuenta de que los antiguos conflictos y rivalidades entre las tres religiones monoteístas no dejaron un saldo positivo en ningún aspecto, ni al interior de cada credo ni en la relación con otros credos. Podemos decir que estos conflictos, de algún modo, han contribuido al debilitamiento de la fe en las sociedades occidentales en la medida en que otros grupos sociales, cuyos objetivos eran muy distintos a los de la gente de fe, han ganado terreno.

Este debilitamiento de la fe ha llevado a una metamorfosis de los valores esenciales de la vida del ser humano y en consecuencia las sociedades en su transcurso han involucionado moralmente. La moral que era un elemento de cohesión de las antiguas sociedades ha dejado de ser un referente para las sociedades, creando según lo define Durkheim, un estado de anomia, anarquía, inseguridades, disgregación, o como dice Adela Cortina refiriéndose al laicismo como “la actitud antirreligiosa militante desde posiciones laicas, que atenta contra una ética de mínimos, imprescindible para la convivencia social en libertad.” En la actualidad las sociedades son muy diversas, muy complejas y hoy ya no se habla de valores esenciales sino de la relatividad del valor. Esta misma relatividad hace a las sociedades más complejas. Las certezas son reemplazadas por las incertezas.

La libertad absoluta, ligada a la esencia, es limitada por la multiplicidad de opciones a elegir pero que encadenan y aprisionan al hombre, convirtiendo a ese ser que nace independiente y con voluntad en un ser dependiente del consumismo y las pasiones atrofiando su voluntad. Las sociedades se distinguen por sus Estados.

El Estado Moderno actual se caracteriza por ser, según la denomina Max Weber, “racional”. Ello significa que sus acciones se basan en un cálculo de costo-beneficio. Es decir, este Estado moderno “racional”, característico de las sociedades industriales, mercantilistas ha destruido las antiguas relaciones existentes en la sociedad basadas en los valores esenciales para el desarrollo psíquico-físico y espiritual del ser humano como lo son el amor, el afecto, la gratitud, la bondad, la moral, el comportamiento ético. Esta lógica impregna todos los ámbitos de la vida política, económica y social. Así, cualquier adelanto científico o de otra índole que se lleve a cabo en estos términos sin tener reparo moral alguno conduce a catástrofes que terminan por destruir a la humanidad.

En el plano de los objetivos el hombre persigue ideales y objetivos espirituales y morales, no sólo materiales y limitados. Ideales no ambientales, regionales y temporales. Su altruismo no tiene igual, tampoco su capacidad de sacrificio por un ideal o un semejante. La ciencia, la tecnología, el consumismo, el ocio, la comodidad, desvinculados de toda moral, han privado al hombre de conocer su esencia innata, (fitrat en árabe), esa esencia más profunda que se encuentra en el ser humano y le permite conocer y reconocer a su Creador y Hacedor. Para el Islam la humanidad del ser humano, es decir, su vida espiritual y cultural, es genuina e independiente, no un mero reflejo de su animalidad o vida material. Una sociedad así construida, se vuelve violenta, desequilibrada, voraz.

Hoy, el principal perjudicado, el principal desplazado y excluido es “el ser humano”. En las diversas manifestaciones de la degradación moral del hombre se evidencia la necesidad de transmitir la fe. El hombre evolucionado, realmente es aquél que su espíritu guarde más independencia y pueda orientar y guiar la vida material. Sólo así se podrá decir que es un ser más humano. El valor de transmitir la fe radica en brindarle al hombre las herramientas necesarias para relacionarse con Dios, consigo mismo y con los demás. Transmitir la fe a través de la palabra contenida en las Sagradas Escrituras. El desarrollo sano y completo de todas las potencialidades humanas es posible sólo si el hombre conoce a Dios y le ruega. La transmisión de la palabra divina permitirá crear nuevas subjetividades a partir de las cuales se gestará la esperanza de producir cambios profundos en la sociedad actual. En el Sagrado Corán Dios cuando se dirige a los creyentes, siempre vincula su fe con su obrar. Por ejemplo uno de los últimos versículos del Corán dice:

¡Por la Época! (Es un juramento) Ciertamente, el hombre va cada vez a peor Excepto aquellos que creen Y obran rectamente Y se exhortan mutuamente a la verdad Y se exhortan mutuamente la paciencia. (Corán: Sura 103: La tarde)

En este versículo se ve claramente cómo la fe está unida a la acción. Pero para que la fe se vea plasmada en la acción es importante que la misma esté basada en el conocimiento de Dios.

¿Cómo transmitir la fe?

En este sentido qué podemos hacer nosotras, mujeres de fe. ¿Cuál es nuestra responsabilidad? ¿Para qué estamos reunidas hoy? ¿Cuáles son los valores que debemos rescatar? ¿Qué nos une a pesar de las diferencias? Durante mucho tiempo nuestros desencuentros fueron más el producto de la ignorancia y el desconocimiento que el producto de las diferencias doctrinales en sí mismas. Siempre se ha hecho hincapié en las nimiedades que nos diferencian que en las grandes coincidencias. Los prejuicios más comunes que se erigieron respecto a los musulmanes para incentivar la desunión de los creyentes ha sido que son violentos, que existe un odio ancestral con los judíos, que no consideran a Jesucristo como hijo de Dios. Estos conceptos no sólo fueron palabras sino que como sabemos y decimos los sociólogos: “las palabras construyen el mundo”. Estos prejuicios marcaron nuestra historia y es nuestra responsabilidad poner nuestro granito de arena para cambiarla buscando nuestros puntos de confluencia y no de divergencia. Para comenzar a transitar este camino juntas deseo fervientemente que mis hermanas judías y cristianas conozcan los versículos del Corán que hacen referencia a la relación entre la gente de fe o “Gente del Libro” como las denomina el Corán.:

¡“Oh Gentes del Libro!: (Cristianos y judíos) Venid a una palabra igual entre nosotros y vosotros: “Que no adoraremos excepto a Dios y que no le asociaremos nada Y no nos tomaremos unos a otros como dioses, aparte de Dios”. (Corán: Sura 3:64)

Es por cierto, un verdadero llamamiento al diálogo interreligioso contenido en una Escritura Sagrada. Un llamamiento que incentiva al acuerdo mutuo a partir tres ejes fundamentales que son:

*Adorar a Dios *No asociarle nada ni nadie a El *Sin imposición de ninguna índole.

¡Qué versículo maravilloso y ejemplificador! Esta es una clara demostración de la libertad de culto y convivencia entre religiones que debe reinar. Este es el camino y el método que han seguido todos los Profetas. Y esta misma responsabilidad, en ausencia de los Profetas o del Mesías queda en manos de la gente de fe que deben continuar con esta prédica.

El Sagrado Corán hace un llamamiento continuo a la unidad de los creyentes: “INNAMAL MU’MINUN IJUA” “Ciertamente, los creyentes son hermanos”

“Decid: “Creemos en Di os y en lo que hizo descender para nosotros y en lo que hizo descender para Abraham e Ismail e Isaac y Jacob y las doce tribus. Y en lo que le es entregado a Moisés y a Jesús Y en lo que les fue entregado a los profetas por su Señor. No hacemos diferencias entre ninguno de ellos y nos sometemos a El” (Corán, Sura 2:136)

También el Corán invita a la aceptación de los otros creyentes:

“Ciertamente, aquellos que creen, y los judíos y los cristianos y los sabeos, quienes crean en Dios y en el Día Ultimo y obren rectamente, tienen su recompensa junto a Su Señor. No habrán de temer y no estarán tristes.” (Sura 2:62) Y con este mismo espíritu fue escrita la declaración que formulara el Profeta sobre los cristianos:

“Que defenderé su religión y sus propiedades en cualquier sitio y modo en que se hallaren , en igual grado en que lo haría por mí mismo, por mi religión, por mis allegados y sus pertenencias y que les cobijaré, así mismo, contra cualquier daño, disgusto, imposición ilícita o responsabilidad ilegítima, escudándoles contra toda fuerza extranjera que pretendiese atacarlos, con mi propia persona y con los míos, ya fueren soldados o civiles, sin tener en cuenta la potencialidad del enemigo.” De este modo vemos que en el espíritu del Islam no sólo no existe ese fanatismo con el que nos suelen identificar sino que podemos decir que el diálogo es un valor en sí mismo que contribuye al fortalecimiento de los creyentes y a la construcción de una sociedad más sana y justa.

Valores en común para aportar a la sociedad Tomando el diálogo como uno de los valores principales a retomar y teniendo en cuenta el preámbulo de nuestra Constitución : “Dios fuente de toda razón y justicia” es que debemos comenzar a pensar en los valores que nos son comunes. Haciendo un análisis de los principios de creencia divina que son los que consideramos los pilares del Islam desde la escuela shiita , observo que, a pesar de no ser considerados principios por cada religión, son valores elementales, básicos y fundamentales para transmitir, y que contrariamente a lo que uno piensa, son comunes tanto con la religión judía, católica y que cualquier otra escuela islámica. Si nos detenemos a conocer cuáles son nos daremos cuenta que las diferencias están no en el contenido sino en el lugar que ocupan en el momento de jerarquizar estos valores. El Islam divide estos valores en principios y ramas. Los puntos en común entre es que ambos forman la estructura básica y fundamental dela creencia de todo musulmán. Sólo que los principios requieren ser aceptados individualmente y a través de una búsqueda profunda e individual, que se realiza a través del pensamiento, mientras que las ramas hacen referencia a las prácticas que debe llevar el creyente. Por ejemplo: Principios: monoteísmo, profecía, apostolado, justicia divina y resurrección. Ramas: oración, ayuno, peregrinación, dádiva, recomendación del bien y prohibición del mal, etc.

Vemos que la mayoría de estos principios están contenidos en todas las religiones y que sólo se altera la importancia que se le da a unos más que a otros. Estas diferencias han sido sobredimensionadas y han impedido que se avance en la transmisión de estos valores en forma conjunta.

Por ejemplo la oración es considerada un principio para la escuela sunnita mientras que para la escuela shiita es considerada una práctica obligatoria indispensable de todo musulmán pero no es considerado principio en la creencia en Dios. Lo mismo vemos que muchas veces se trata de diferenciar al Catolicismo del Islam a porque se considera que el Cristianismo es la religión del amor mientras que la religión islámica hace hincapié en la Justicia.

Quién puede decir que la religión católica no clama por justicia, y quién puede decir que El Islam cree sólo en la justicia divina y no en Su inmensa Misericordia. Todos los versículos del Corán excepto uno están encabezados con la frase “En el Nombre de Dios, el Clementísimo, el Misericordiosísimo”. Es importante saber en qué sentido se consideran principios. Se consideran principios porque la fe, desde el punto de vista islámico, debe estar basada en el conocimiento a través de la búsqueda incesante.

Es necesario que el hombre emprenda su búsqueda y que acepte Su existencia con conciencia y no dogmáticamente o por herencia. Existen dos caminos: el interno que es más profundo y lento y el externo que es a través del conocimiento de la naturaleza. Aquí es donde la transmisión de la fe se convierte en un valor. Aquellos valores que nosotras, mujeres de fe, tenemos incorporados en forma casi “natural”; ya sea porque poseemos una férrea devoción, o porque somos amantes de la contemplación y la reflexión; sin embargo se encuentran muy aletargados y ocultos en el resto de la sociedad. Muchos piensan que la fe es personal y que hace bien a quien cree, pero no se dan cuenta que la fe es una necesidad de todo ser humano. Quienes piensan de este modo sustituyen esa necesidad ocupándose de otras cosas para llenar ese vacío.

Sin embargo, no logran el estado de tranquilidad y sosiego. Viven una vida de temores, inseguridades y estrés permanente. Porque no encuentran el sentido de la vida y temen la muerte. Y si aún no se han aferrado a la fe es porque seguramente tengan una concepción negativa porque les ha sido trasmitida en forma dogmática o porque no ha encontrado un modelo espiritual que lo conduzca hacia el conocimiento de Dios. Nuestro objetivo es formar personas de bien, que en el futuro hagan una sociedad sana. La sociedad de hoy es como un árbol de pocas raíces débiles que cualquier viento la derriba y deja a los pichones revoloteando en el aire. Nosotras queremos formar seres humanos fuertes y recuperar las enseñanzas de los profetas. Por ello es necesario que el hombre emprenda su búsqueda de Dios y que acepte su Existencia con conciencia y no por imitación a sus antecesores.

El conocimiento y la fe son los componentes básicos de la dimensión espiritual del hombre, pero donde ni la fe es dogmática, ni la ciencia se limita a lo empírico. Este es un principio básico del Islam, considerado el primer pilar de los fundamentos de la creencia divina: Creer en Dios Unico a través de una búsqueda profunda y racional. El segundo principio del Islam es la creencia en la necesidad de los Profetas como mensajeros de Dios, encargados de transmitir el mensaje divino. Y considerarlos La sociedad necesita de los profetas. En este sentido pondero las palabras de Muhammad iqbal Lahore, gran erudito musulmán, quien dice: “la verdad revelada a través de la pura razón científica o filosófica es incapaz de producir ese fuego de viva convicción que sólo una revelación personal puede brindar. Esta es la razón por la que el pensamiento sólo ha influido muy poco al hombre mientras la religión revelada a los Profetas siempre ha elevado a los individuos y transformado sociedades enteras”.

Cada uno, individualmente puede tener sensaciones místicas, percepciones, pero ello no le da la guía ni lo convierte en guía para la sociedad. La sociedad necesita de los Profetas, quienes son reconocidos, entre otros atributos, por sus milagros, su poder transformador de sociedades y su permanencia a través de las épocas. No voy a explayarme en detalle respecto a los otros tres principios que son el Apostolado, la justicia Divina y la Resurrección, por una cuestión de espacio y tiempo. Brevemente podemos decir respecto a los apóstoles que son los encargados de preservar el mensaje transmitido por los Profetas. La justicia divina será imprescindible en la rendición de cuentas el Día del Juicio Final, donde todo hombre comparecerá ante su Señor y sólo lo acompañarán sus acciones. Y la Resurrección que también se encuentra en otras religiones, donde se verá plasmada la trascendencia del hombre en una vida eterna. Creo que la mayoría de estos principios son comunes a las tres religiones monoteístas en los que nos podemos poner de acuerdo y que son en sí mismos valores a rescatar para la construcción de una sociedad más sana y comprometida. Para terminar, no sin antes agradecerles vuestra atención, les transmitiré unas palabras dirigidas por el Imam Ali (P.), primer apóstol, sucesor del Profeta Muhammad (B.P.), en los últimos momentos de su vida, quien legó en su testamento a sus hijos, sus parientes y también a todos los musulmanes:

“...A ustedes les aconsejo el temor a Dios, y el orden en vuestros asuntos. Procurad siempre la unión y la rectitud entre los musulmanes”. “No os olvidéis de los huérfanos, observad los derechos de vuestros vecinos. Estableced al Corán como programa de vuestras acciones”. “Amad la oración, combatid y sacrificad en el camino de Dios con vuestras riquezas, vuestras lenguas y vuestras personas. ¡Uníos! “No abandonéis la recomendación del bien y la abstención del mal , pues si os desviáis de esta responsabilidad ante Dios, se erigirá una sociedad corrupta y vil y en este momento cualquier súplica o deseo que implores en contra de ellos no será respondida”

Dios los bendiga.