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La mujer musulmana y el peligro de cultura de occidente EN NOMBRE DE DIOS, EL COMPASIVO, EL MISERICORDIOSO Por Juan Manuel Yangüela Introducción Durante milenios, las civilizaciones reposaron en la mujer.
Su papel de formadora de la próxima generación, apenas reconoce
minúsculas excepciones. Y ese papel decisivo basado en el reconocimiento
implícito de la diversidad y de la complementariedad de ambos sexos.
Desde el siglo XIX el progresismo en Occidente irrumpe
en la cuestión a partir de la absurda idea de la igualdad de hombres
y mujeres, y en poco más de un siglo destruye lo que la naturaleza
y la civilización habían construido en milenios. El primer
golpe fue convencer a las mujeres de que sólo los trabajos masculinos
eran importantes. El segundo golpe fue la creación de un sistema social
y familiar en la que el trabajo femenino se fue haciendo cada vez más
necesario e inevitable. Con estas realidades se colocaba la mujer en la primera
de las trampas de la modernidad. Para funcionar, el sistema montado exigía
una de estas dos cosas: No dándose ninguna de esas dos soluciones, el feminismo
occidental imponía a la mujer esta realidad: el ejercicio de algún
trabajo o profesión no la librada _ no la podía librar_
de sus responsabilidades de esposa y de madre, si lo era. Con lo cual,
lejos de conquistar un lugar igual al lado del hombre se encontraba con
que en el reparto le correspondían a ella dos papeles que en numerosísimos
casos se mostraban total o parcialmente incompatibles. El resultado a la larga no era dudoso. Una proporción
creciente de las mujeres "modernas" de Europa y Estados Unidos
optan por tener una "pareja" (o varias, simultáneas o
sucesivas) pero no tener hijos. En el mejor de los casos, el ideal para
tales mujeres toma el nombre del matrimonio "dink" (double income,
no kids - ingreso doble, sin hijos). Las consecuencias de todo esto sobre
la evolución de la población se leen por ahora en las notorias
estadísticas y en las terribles dificultades de los sistemas provisionales,
pero en su momento causarán una catástrofe inimaginable.
Pero todo esto, a pesar de su atroz gravedad, no es el
peor. El progresismo luchaba también por suprimir todo aquello
que diferenciara a la mujer del hombre. La próxima víctima
tenía que ser el pudor. Persistentemente se luchó contra
ese sentimiento que parte de la conciencia de la parte animal de los seres
humanos y se convierten en tal (en pudor) al encontrarse con la delicadeza
propia de la condición femenina. El pudor era la señal de
la mujer, muralla exterior de su condición. Tras un siglo de lucha, hoy se ha matado el pudor en millones
de mujeres, que no dudan en exhibirse desnudas (con tres trapitos malcubriendo
sus "vergüenzas) todos los veranos, a lo que deben agregarse
otros millones que se desnudan por precio en los sets de televisión
y en los estudios de los pornógrafos. El resultado es un mar de
carne femenina convertida en un pingüe negocio al alcance _ televisión
e Internet mediante _ de todos los bolsillos y de todas las edades. La liberación femenina, que prometía la dignificación
de la mujer frente al menosprecio masculino, la ha convertido en el más
banal de los objetos de consumo para el hombre, en el más barato
de los gags de los que vive la sociedad enferma que marcha hacia la nada.
La modernidad y el feminismo en Occidente, uno de sus hijos
dilectos, prometía valorizar a las mujeres "despreciadas"
por las religiones y fundar la revalorización en la razón.
Pasado el tiempo, podemos contemplar el triste desemboque,
la inmensa pasarela de mujeres que han perdido el recato y el pudor, que
eran sus armas para defender su condición y se han rendido a los
hombres que las tienen, íntegras, al alcance de la vista durante
el día y al alcance de la mano cuando el sol empieza a bajar. El feminismo y la liberación femenina culminan en
esta reducción de la personalidad de las mujeres a mujeres - objetos.
Los hombres que ven en ellas sólo una presa que no merece sino
desprecio porque se entrega al cazador sin resistencia. No diré que toda mujer que se exhiba sin pudor ni
recato esté ya perdida para la virtud. Pero si diré enfáticamente
que el sistema la ha hecho pisar el primer tropezón. No se puede
pedir la misma integridad a quien respeta su cuerpo que a quien lo tira
a los perros. Occidente ha dejado de ser para no ser nada. No tiene vocación
de ser. Su ciclo está agotado. Pero no su exportación del
material cultural decadente. Occidente busca a través de su arrogancia
y prepotencia la colonización cultural del mundo islámico.
Debemos estar alerta. Tanto en la diáspora como en sociedades islámicas.
Todos mis aportes y conocimientos en este artículo,
lo hago desde la situación de decadencia que vive mi país,
la Argentina. Mi país vive una crisis dentro de la crisis, una
decadencia en el marco de la decadencia de Occidente. Disolución
de la disolución. La cara más repulsiva y más decadente del
sistema que nos gobierna: la cultural. Porque la faz cultural del régimen
es la que muestra con mayor claridad y contundencia su quiebra. Son extrañas algunas de las metas a las que lleva
el feminismo occidental. Lucha para que se reconozca a las mujeres en
la política y en las empresas, pero al mismo tiempo les hace perder
las virtudes y la personalidad femeninas que antaño conquistaban
un lugar propio en la sociedad, sin necesidad de "cupos". En el siguiente trabajo, incluyó cuatro apartados donde describo la situación cultural de Occidente a partir de la proliferación del movimiento feminista y sus consecuencias, y por otro lado, explicó los peligros de la exportación de la decadencia occidental hacia el mundo islámico tanto para las sociedades musulmanas como para aquellos que viven en la diáspora. Este último punto es más bien un alerta sobre el riesgo eventual de adoptar el modelo occidental. La imbelización de las masas a través de los medios de comunicación La fuerza de presión que el mundo moderno ejerce
sobre cada persona no puede compararse con ninguna otra. Esa fuerza está
dada por instrumentos de persuasión infinitamente más poderosos
que los que antes existían. Los medios masivos de comunicación en general y la televisión en particular son las vías por las que se canaliza esa fuerza de presión. Para ello, usan cuatro métodos de persuasión: información (un noticiero), incitación (publicidad), opinión (una "mesa redonda") y diversión (series, películas, shows, etc.). En los cuatro, todo es mensaje, todo tiende a conformar al espectador a imagen y semejanza del medio. No es que "el mensaje es el medio". La realidad es que el espectador termina siendo lo que
es el mensaje del medio. Veamos cada una de las formas del mensaje. La
información es selectiva, insiste y destaca todo lo que afirma
la mentalidad moderna. En cuanto a la incitación, es incitación
al consumo, es decir, colocar en el centro de la vida el tener como fuente
de realización y felicidad. La parte de opinión, las mesas redondas, no son
"redondas" por casualidad. No tienen cabecera. Todas son presentadas
como opiniones equivalentes y el propósito no es llegar a establecer
una verdad, sino que cada cual pueda opinar. Un cura, un rabino, una prostituta
y un afinador de pianos. Todos los cuales hablan como si supieran del
tema que se debate. Es cierto que de vez en cuando se pueda oír
una voz sensata. Son "accidentes" en el sistema, cuya función
esencial es hacer que todo sea cuestión opinable. En cinco minutos
no se puede decir nada importante sobre ningún tema. Y menos cuando
la opinión va a quedar enredada entre mil hileras de palabras tendientes
a confundir. Por último, la diversión es la frutilla del
postre. Tiene mil formas, pero responde a no más de media decena
de estereotipos: el primero es el de la pornografía. La pornografía
no es sólo diversión. Lleva un mensaje profundísimo
e importantísimo. Es la banalización del sexo, su conversión
en una actividad lúdica. Para qué decir lo que hace con la mujer. Es la única parte en que es razonable el discurso feminista. No hay cultura más denigratoria e injuriosa para la mujer que la del capitalismo tardío. No hacen falta muchas pruebas: basta mirar un día de televisión o contemplar con atención un quiosco de revistas. Decir que la mujer ha sido convertida en un objeto de consumo tiene un triste destino inexorable: se gastan, se envejece a velocidad supersónica. La mujer ha corrido el destino del sexo: se ha banalizado,
ha permitido comprobar que su anatomía es monótona y ha
producido una fatiga impensada. Todas las estadísticas muestran
esa actitud de saturación y de cansancio. El sexo, la mujer, están
en todos lados, pero mucho menos que antes en la atención del hombre,
que sufre una verdadera sobredosis de sexo. El resto de la diversión participa de los caracteres
de la pornografía. Un niño que ha sido sometido desde la
más temprana infancia a un régimen de cuatro horas de televisión
tiene, en el mejor de los casos, zonas muertas en su espíritu.
Ya sólo percibe sensaciones. Lo que sucede es producto de una convicción muy
arraigada en el hombre moderno, de su concepción de la libertad
como licencia para pensar y hacer "lo que quiera". Estas cuestiones "relacionadas con el sexo" están
indisolublemente unidas a la familia. Lo que estamos defendiendo como
musulmanes, no son _ como dicen ellos_ "tabúes" sexuales
sino la solidez de la vida familiar. Un sexo sin límites es destructivo
de la familia, porque ésta implica _ precisamente_ la colocación
de lo sexual dentro de un orden. No el rechazo de lo sexual, sino su rescate
de lo puramente animal y su inserción en un orden humano. Pero hay otro aspecto de la ideología de los medios
que conviene destacar. El primer aspecto que acabamos de considerar está
vinculado al tema de los géneros y las conductas sexuales que afectan
a la familia. El siguiente es el tema de los derechos humanos, al que
los medios han otorgado un papel central. Hay una cuestión decisiva en esto, que es la perspectiva
desde la que se platean los derechos. A todo derecho corresponde una obligación.
Si tengo derecho a transitar, hay una obligación de dejarme hacerlo.
El problema comienza cuando presiento que las relaciones humanas exclusivamente
desde el ángulo de los derechos. De ese modo convierto al otro
en alguien al que debo exigirle el respeto de tales derechos. El mundo de los derechos es un mundo de ajenos que deben
cuidarse de no pisar mis derechos. El mundo de las obligaciones es un
mundo de preocupaciones por el otro, al que le debo el cumplimiento de
mi deber. El resultado concreto del mundo de los derechos es el refuerzo
del individualismo. Cada hombre es una isla pertrechada de derechos. En la otra tesitura, cada hombre está ligado a todos los otros por su obligación hacia ellos de cumplir con sus deberes. Hay una obligación de amar. No hay ningún derecho de ser amado. La educación sexual, coronación de la enseñanza progresista Es algo obvio que hablar sobre la educación hay
una matiz inevitable de conducción de e - ducere (conducir). Unas
generaciones de padres y maestros toman a su cargo otras generaciones
de menores, y les muestran el camino que proponen. De aquí venimos,
hacia allá vamos. Toda educación es educación en
los valores que una generación le transmite a otra. No hay más que dos formas de transmitir valores:
la forma discursiva, la enseñanza racional de las virtudes es la
primera. La segunda, que se halla mucho más extendida (ahora y
siempre) es el ejemplo, es el relato de lo malo que le sucede al que obra
mal, y los bienes que puede esperar aquel que obra bien. Desde muchos lugares voces autorizadas hablan, últimamente,
de la tiranía del relativismo. El relativismo convertido en religión.
Esa tiranía está montando su cárcel a nuestro alrededor
sin que haya una reacción de signo contrario pero de fuerza equivalente.
El relativismo y el laicismo han expulsado, primero, a los valores morales
de la escuela. A continuación los medios de difusión pusieron
en pie un sistema de contra - valores, y por último la escuela
asumió esos contra - valores transmitidos por los medios, reforzando
su mensaje. En muchas partes del mundo se está enseñando
a los niños y jóvenes una materia titulada "educación
sexual" que viene a ser como la coronación de la enseñanza
progresista, una especie de frutilla del postre delicioso que es hoy (que
quisiera ser hoy) la educación. La sustancia de la materia (anatomía
y técnica sexual) se enseña con media docena de clases. Los docentes encargados de la educación sexual preparan
un cuestionario destinado a alumnos de 12 a 15 años, en el que
se formulan preguntas sobre sexo con un lenguaje crudo, tan crudo que
ocasionalmente, llega a provocar algún tipo de reacción
airada de padres. Y también de algunos periodistas. Ahora ¿qué se imaginan? ¿Qué
estos protagonistas modernos y posmodernos de una "educación
sexual" para adolescentes se van a detener en algún punto
de racionalidad o sentido común? Si se tira la borda la vergüenza,
el pudor y la limpieza ¿dónde se pondrán los límites? Da pena escuchar a pedagogos o padres occidentales sorprendidos
cuando los colegios tropiezan con un educando ineducable. ¿Lograrán
algún día entender que la otra educación _ la informal,
la TV_ los ha convertido en lo que son: unos animalitos, sin freno ni
interés en nada, malcriados por un medio que lo único que
transmite es una demencial libertad sin límites? Pero sobre todo ¿alguien cree en seria que la materia
"educación sexual" tiene como meta principal educar la
sexualidad? Es obvio que se trata simplemente de un paso más en
la edificación del hombre nuevo del nuevo milenio. Del relativismo
en los principios se pasa al relativismo de las conductas. Del "sapere
aude" (atrévete a saber) de Kant se pasa al "agere aude"
(atrévete a actuar). Y de esa experiencia salen hombres y mujeres
absolutamente incapaces de afrontar un matrimonio y una familia. La promiscuidad
y el hedonismo como programa de vida hacen imposible ni siquiera pensar
en la fidelidad, el sacrificio, la responsabilidad. Y sin ellos no hay
matrimonio posible, no hay familia que dure. Una nota de Diario Crítica del año pasado
relata la oferta en la web de una señorita rumana de 18 años
de dad, que ofrece su virginidad a cambio de los fondos necesarios para
costearse una carrera universitaria. Parece que tal cosa (la virginidad)
es un bien depreciado por exceso de oferta y la señorita rumana
tendrá que mejorar su propuesta para conseguir demandantes. Apenas
hubo interesados. Igualmente creo que luego apareció un empresario
italiano, con el cual perdió la virginidad. Y con ella, su dignidad.
Pero a propósito de este suceso, recordemos otro
caso _ esta vez norteamericana_ llamada Natalie Dylan (pionera en la materia)
de 22 años de edad que ofreció lo mismo que la rumana y
para justificarse declaró "vivimos en una sociedad capitalista
¿por qué no habría de capitalizar mi virginidad?"
. Por un lado, siento pena por estas jóvenes, pero
en cierto modo me alegra, confieso, leer este tipo de cosas. Quiere decir
que hasta las señoritas rumanas desprejuiciadas y las norteamericanas
avisadas han comprendido perfectamente bien lo que es el capitalismo.
No es un sistema económico basada en la propiedad privada, en la
economía de mercado, en la ley de la oferta y la demanda, ni ninguna
de esas respuestas que figuran en los libros de ciencia económica.
El capitalismo es aquel sistema en el que todo tiene su precio en dinero,
aun la virginidad y ese precio representa el máximo valor que la
sociedad atribuye a las cosas. No es, en efecto, un régimen que se defina por tecnicismos
económicos, es un sistema que da predominio al ethos (conjunto
de valoraciones) de los comerciantes y organiza el mundo a partir de estas
valoraciones. No tiene su fundamento en el bolsillo, sino en la mente
y el corazón. En el capitalismo lo que se termina amando por sobre
todas las cosas es el capital. Y en lo sexual se convierte en el lenguaje común,
en instancia unificadora de la modernidad. Son los pecados occidentales por tener una educación moderna ausente de toda tradición, autoridad y religión. Banalización del sexo El sexo como función zoológica tiene dos
consecuencias: el placer y la procreación. Los animales (mamíferos
superiores) que comparten con el hombre casi toda la mecánica del
sexo, solo advierten la primera de las funciones, por su inmediatez con
el ejercicio. La procreación, en cambio, está separada en
el tiempo y no puede, en consecuencia, ser percibida. Exigiría
una conclusión causa - efecto imposible para las bestias. El hombre, en cambio, sabe que lo sexual es o puede ser
la causa de la procreación. Aquí tenemos la primera diferencia
del sexo humano. Ese conocimiento abre por un lado las puertas de la responsabilidad,
y por el otro da un primer fundamento, desde el punto de vista natural,
a las instituciones que contienen y reglamentan esa responsabilidad. El
sexo propiamente humano es, pues, el sexo responsable, el sexo en el que
se supera lo animal y se lo pone al servicio de un propósito. El programa de la modernidad triunfante es un regreso al
sexo irresponsable y banal de los animales. El talante triunfante no difiere
en nada al vigente entre los animales. Andar lo más posible desnudo,
usar el sexo sin restricciones o normas. Eso es lo que hacen los perros,
el ganado vacuno y en general los mamíferos. Pero no puede llamar
la atención esta "solución" de lo sexual cuando
en el ámbito culto de las universidades se enseña que el
hombre no es otra cosa que una especie animal más. Esta actitud se complementa con una lucha feroz _ y con
todos los medios disponibles_ contra la maternidad. Las diversas formas
de contracepción y, sobre todo, la muy organizada campaña
mundial por el aborto muestran el camino. La maternidad ha pasado, de
ser una responsabilidad y un gozo, a ser una "consecuencia"
contra la que hay que estar prevenido. El sexo se ha convertido _como en los animales_ en pura
fuente de placer. La dinámica de esta posición tenía
que llevar _ y llevó_ al desprestigio de las formas responsables
y humanas de lo sexual. Para hacer estallar la familia se han inventado
"nuevas formas" de ella que tienden a acercarla al ideal del
sexo - placer. Así se ha calificado en Occidente de familia y se
intenta igual en derechos, las uniones entre homosexuales que por definición
no apuntan sino al placer. Vivimos en una época que ha hecho de lo sexual una
revolución cultural, empeñada en olvidar que el deseo del
placer convierte el equilibrio humano en algo peligrosamente inestable.
Pero el ataque más burdo ha sido la llamada ideología
de género, según la cual los seres humanos deberían
clasificarse de acuerdo a sus peculiares gustos sexuales. Debería
sorprender que en una cultura como la occidental, caracterizada entre
otras cosas por la reflexión racional, haya personas capaces de
sostener semejante sandez, que pone al 97 % de la población mundial
en uno de los géneros y al 3 % restante en los otro cinco. No debería, sin embargo, asombrarnos. No es sino una de las consecuencias de olvidar el sexo - responsabilidad y ensalzar el sexo - placer como fundamento de todo. Lo trágico es que estas jugadas ideológico - semánticas tiene a la larga resultados terribles para las realidades sociales y en especial para la juventud. La frecuentación del sexo - placer desde muy jóvenes afecta sobre todo a los hombres y los hace cada vez más ineptos para una relación madura y responsable. El matrimonio y la familia se vuelven fórmulas hueras que disimulan el ejercicio del sexo - placer y que, en consecuencia, se deshacen ante la primera dificultad. El divorcio es la enfermedad necesaria de estas uniones contraídas por quienes han olvidado la dura problemática del matrimonio responsable. El estallido de la familia Todas las reivindicaciones de la modernidad suponen la elevación de los problemas a normas. El divorcio como fracaso del matrimonio, el aborto como fracaso de la paternidad, la homosexualidad como fracaso del sexo normal. En cado caso, se razona a partir del fracaso y se defiende ese fracaso como engendrador de la norma. Esas son las vías de penetración en la sociedad
que de esa manera se cuartea y derrumba. La consecuencia inevitable es
el estallido de la familia, con un padre y una madre con funciones imprescindibles
e irremplazables. Y una sociedad es tan feliz como lo son sus familias.
El objetivo final del progresismo aliado cultural incondicional
del capitalismo salvaje es la inmanencia, el mundo sin Dios, el hombre
sin ataduras. El camino es la libertad absoluta y la igualdad completa.
Pero, de todos modos, es un negocio que cuesta caro. La
desintegración del tejido social es un problema agudo. El gran obstáculo para las utopías es la
familia. Siempre se tropieza con la familia. Es que ella introduce, en
ese mundo ideal, los avatares del amor, la predilección de los
padres por sus hijos, la herencia, el hogar como sede. Todo ello es intragable
para quienes imaginan un mundo regido tan sólo por la razón,
un mundo de iguales en el que no hay preferencias que no sean racionales,
una riqueza dividida por igual, unos edificios comunes donde no se imponga
el cariño sino el mérito. Cuando se arman, en la cabeza,
esos mundos perfectos, de pronto se tropieza con la familia, que rompe
los esquemas racionalistas, que es una pequeña sociedad de amor
y de religión, y no de trabajo y eficiencia. Occidente avanza en los nacimientos producidos en "fábricas
de hombres", bebés "in vitro", pero sin necesidad
del vientre materno. Se trata de liberar a la mujer de la maldición
del embarazo. Puede tener sexo sin sentido sin consecuencias, y si se
olvidó de preverlo, esta la píldora del día después.
Y si no funcionó, está el aborto gratuito, y seguro, con
todas las garantías de la ciencia. Ahora, ¿por qué
no librar definitivamente a la mujer de su carga y traspasarla a las fábricas
de hombres? Eso sería la culminación del sexo sólo
como un pasatiempo, sin ninguna posibilidad de consecuencias, porque a
la instalación de las fábricas seguiría, desde luego
una operación irreversible que anulara la función procreadora
de la mujer. La familia es y será siempre la misma, la construida
sobre la base de la naturaleza humana. Quieren los occidentales culminar
la utopía moderna con la abolición lisa y llana de la familia,
pues mientras subsistan esos retrógrados matrimonios que dan culto
a Allah (alabado sea Él) y crían hijos en la fe verdadera,
la modernidad no habrá triunfado del todo. A pesar de la larga crisis por la que atraviesa, la familia
no parece tener alterativa viable. La familia es la institución
educativa más sencilla y universal, la más económica
y eficaz, y también la única capaz de proporcionar una educación
completa. Chesterton decía que quienes hablan contra la familia
no saben lo que hacen, porque no saben lo que deshacen. Pues la familia
es la primera condición de la vida humana, como el aire, el agua,
la luz y la tierra. Como dice el filósofo José Ramón Ayllón: "Sin familia, la especie humana no es viable, ni siquiera biológicamente. Un niño, una anciana, un hombre enfermo, no se valen por sí mismo y necesitan un hogar donde poder vivir, amar y ser amados, alimentados, cuidados. El hombre es un ser familiar precisamente porque nace, crece y muere necesitado. Además, todo hombre es hijo, y esa condición es tan radical como el hecho de ser varón o mujer. Ningún niño nace de una encina, decía Homero, y tampoco en soledad, sino en los brazos de sus padres: nace para ser hijo. Por tanto, la filiación, la dependencia de origen, es una característica fundamental de la persona" . La mujer musulmana y el Nuevo Orden Mundial No pasa día alguno sin que los periódicos
mundiales nos anoticien sobre algún hecho de violencia contra la
mujer en sociedades islámicas o sobre el estado de situación
del "velo islámico" en sociedades occidentales. Sin contar
con las películas hollywedense que actúan como verdaderos
lobbys en contra del mundo islámico, en general, y de la mujer
musulmán, en particular. "La mujer musulmana es oprimida por el Islam"
es allí unas de las afirmaciones, más aceptadas en el mundo
y que por sí sola parece explicar el carácter irreducible
de la civilización islámica. Según la visión occidental, la mujer musulmán
goza de todos los récords de discriminación, alineación
y atraso. Es el retrato personificado de la mujer sometida. Sometida a
los hombres, a las costumbres tribales y a las leyes intransigentes de
esta religión que es el Islam. Ella es la víctima ineluctable
de un Islam totalitario, machista y tiránico. Muchas veces estamos invitados a pensar en la ignorancia
de los medios de comunicación en el tratamiento de la información.
En mi caso, pienso que pueden existir casos aislados donde la falta de
conocimiento no permite una correcta lectura de la información,
pero la mayor parte de los ellos se trata de malicia, de mala intención,
de "mala fe". La tergiversación de la realidad no es
gratuita, cuando un ataque dañino se torna constante, continuo,
permanente hacia la imagen de la mujer musulmán y a la reafirmación
de su identidad a través del uso del velo islámico (hijab).
Entonces, cabría preguntarse el por qué de esta mala intención.
Aquí nos encontramos con los objetivos del Nuevo
Orden Mundial, con el famoso "choque de las civilizaciones",
que anunciará el politólogo norteamericano Samuel P. Huntington.
Y es que la mirada occidental del Islam en general ha sido siempre distorsionada,
siempre fue una visión donde prevaleció el poder, la prepotencia
y las ambiciones de dominación. Digámoslo claramente: el
único enemigo del Nuevo Orden Mundial es el mundo islámico.
Es el último escollo que queda. La última resistencia capaz
de anteponer un modelo alternativo a la decadencia reinante en Occidente.
El enemigo es consciente de que el Islam intuye su juego. Por eso, utiliza el arma de la seducción cultural, el aflojamiento de la moral. Lo que brillante y grandilocuentemente lo manifestará el pasado 14 de septiembre de 2009 en un encuentro con el Presidente y los representantes de la Asamblea de los Expertos del Liderazgo, el Líder Supremo de la Revolución Islámica de Irán, Ayatolá Sayyed Alí Jameneí: "En el contexto actual, el enemigo se ha lanzado en una guerra suave contra el Estado islámico y tiene por objeto esencialmente convertir los puntos fuertes y las oportunidades del Estado en puntos flacos y en amenazas" . Guerra blanda. Guerra cultural. Guerra cultural utilizando toda la tecnología
de avanzada disponible. Si bien, el Líder Supremo de la Revolución
Islámica, Ayatolá Sayyed Alí Jameneí, se dirigía
en su discurso a la querida República Islámica de Irán,
podemos extender su mensaje a todos nosotros que vivimos en la diáspora.
Ya lo decía Murteza Mutahhari: "la penetración
cultural e intelectual occidental en nuestra sociedad (islámica),
¿no representa una estrategia propagandística mal intencionada
que si la dejamos extender dirigirá al género humano a la
autodestrucción?" . La guerra no sólo se juega en el campo militar,
sino en el cultural. Y tal vez, sea el más importante, por su carácter
decisorio en la forma de conciencia. La agresión a la identidad de la mujer musulmán
es parte de la estrategia de la guerra suave. El Nuevo Orden Mundial es
consciente de que destruyendo el concepto tradicional de la mujer musulmán,
no sólo la familia entrará en crisis, sino también
lo hará la comunidad, la patria, y por ende, la religión.
Es oportuno citar a Frantz Fanon, quien en su artículo titulado
"Argelia se quita el velo" desnuda la táctica emplea
por los franceses para colonizar las conciencias de los argelinos: "Los
responsables de la administración francesa en Argelia, encargados
por el poder de intentar a cualquier precio la desintegración de
las formas de existencia susceptibles de evocar una realidad nacional,
aplicaron el máximo de sus esfuerzos por destruir la costumbre
del velo, interpretada para el caso como símbolo de status de la
mujer argelina. En un primer nivel, se manipuló simple y llanamente
la famosa fórmula: conquistemos a las mujeres y el resto se nos
dará por añadidura" . Los franceses tenían en
claro que la mujer es el elemento central del tejido social, cualquier
desliz en sus funciones, quehaceres, la desintegración de la comunidad
cobrará vida. El discurso sobre la mujer musulmana está plagado
de tópicos que, al convertirse en usuales, parecen prácticamente
irrefutables. Son repetidos hasta la saciedad y ejemplificados con patéticos
relatos que inciden siempre en lo mismo. A quienes elaboran este discurso
no les interesa para nada la situación de la mujer musulmana, sino
el cumplimiento de sus estereotipos. La mujer musulmana como tal no es
vista por los occidentalistas, no les interesa, no les preocupa cuáles
pueden ser sus problemas. A ese Occidente lo único que lo mueve
es el tenaz deseo de corroborarse una y otra vez. Tan inseguro está
de sus valores que necesita comprobar que son universalmente aceptados
y aplaudidos. La mujer musulmana real es invisible para Occidente, pertenece
a un mundo que todavía no ha podido violar, y ello exaspera a una
cultura que cree que lo puede manipular todo. Incapaz de rasgar el velo,
se satisface en las mentiras que inventa sobre aquello que esta detrás
de lo que no puede desvelar. Se tiene incluso la impresión de que la situación
de la mujer musulmán tal como se vive tradicionalmente, constituye
la "infracción ideal" a través de la cual una
determinada ideología hegemónica occidental quiere implicarse
con el fin de desacreditar todo un sistema de valores culturales. No obstante, considerando que la mujer occidental (incluida
la israelí) ya fue destruida espiritualmente, degrada al sólo
aspecto corporal, ahora queda por hacer lo mismo con la mujer musulmán.
Buscan transformar a la mujer musulmán en mujer - objeto. Objeto
sin valor. Mero objeto sexual. Mujer deseada sólo corporalmente.
Sin espíritu. Sin identidad. Primacía de la apariencia física
por sobre la personalidad y la razón. De manera que, si viniese alguien y nos preguntase: ¿Quiénes representan a la mujer occidental, cuáles son sus modelos o arquetipos a seguir? Contestaríamos sin temor a equivocarnos: Madonna, Britney Spears, Jennifer López, Shakira, Paris Hilton, Angeline Jolie, etc. ¿Qué tienen en común? Pues, todas ellas mujeres expresan el éxito profesional sin grandes sacrificios y solvencia económica. Son los típicos ídolos modernos. Los falsos dioses de la modernidad. Representan el concepto moderno de la mujer occidental liberada, sin ataduras. Pero, deberíamos agregar que se trata también de mujeres vulgares en su forma de vestir. No guardan intimidad ni encanto. Vacías. Carente de todo espíritu. Transgresoras de lo políticamente correcto. Funcionales al sistema que las creó y las fomentó.
A través de sus imágenes se nuclean campañas que
promocionan la emancipación de la mujer según el modelo
occidental. Por consiguiente, para alcanzar su cometido, el Nuevo Orden
Mundial emplea, entre otras cosas: Sin embargo, la consecuencia más profunda del abandono
del rol tradicional de la mujer occidental, ha sido el "envejecimiento
poblacional", sobre todo en la Vieja Europa. El Nuevo Orden Mundial
al impulsar la liberación de la mujer, la emancipación de
las cadenas opresoras del hombre, la persecución de fines egoístas,
el vivir el presente sin pasado ni futuro, ha conducido a que la mujer
pierda interés en su función materna. No siente la maternidad
como elemento central de su condición de mujer. De los tres roles mencionados anteriormente, tal vez el
más importante sea el la maternidad. Esta siendo cuidadosamente
esmerilado, limado, erosionado, por ciertas ideologías ultrafeministas
que pretenden que la gloria de la mujer debe excluir expresamente para
manifestarse la maternidad. Es decir que, para esa mirada, la maternidad
sería más bien una carga o un peso -y son una carga y un
peso gozosos- y hasta casi sería una maldición donde la
mujer debiera liberarse de la esclavitud de ser madre para poder vivir
una autentica libertad, de acuerdo al impulso de sus caprichos. De verdad creo que aquí se juega algo fundamental
de la condición humana. La maternidad puede tener también
cierta raíz en el mundo animal donde uno encuentra casos curiosos
de entrega maternal, pero para la persona humana el papel de la madre
es fundamental para la formación de esa persona y lo sabemos muy
bien. También, sabemos muy bien, como lo aclara la psicología
actual, que esa relación de la madre con el bebé comienza
mucho antes del nacimiento de la criatura, mucho antes de haberle visto
el rostro o haberlo tenido entre sus brazos. Es necesario no sólo dejarnos llevar por el sentido
innato del aprecio a la madre que todos tenemos, sino por una reflexión
sobre esto. Debemos evitar que esa cultura del feminismo extremo que es
una cultura de muerte y de destrucción de la familia y del orden
natural vaya abriéndose paso especialmente entre las jóvenes
generaciones. A veces en contra de la maternidad se exhiben casos desdichados,
sin duda, por ejemplo de las madres adolescentes o de los embarazos no
deseados y se quiere suprimir rápidamente esto sea por vía
de una anticoncepción desenfrenada por vía de la esterilización
quirúrgica o aún del aborto. Esto nos llaman a la necesidad
de una auténtica educación para el amor que en el caso de
las niñas debe ser una educación para el amor, la castidad,
el matrimonio, la familia y para ejercer la autentica condición
materna que es la gloria de la mujer cuando sea el momento que corresponda. Conclusión Resumiendo, el proyecto de emancipación de la mujer
según el modelo occidental es un proyecto colonialista, al cual
hay que resistir utilizando todos los medios necesarios, ya que toda adhesión
a este modelo significa una traición a la identidad islámica.
Ahora bien, así como describimos el estado actual,
debemos pensar qué hacer frente a esta amenaza. Nos topamos con
lo más difícil. Por un lado, debemos demostrar firmeza en nuestras convicciones.
Difundir nuestras posiciones con vigor. No ocultarnos ni en lo público
ni en lo privado para agradar al prójimo, sino identificarnos como
lo que somos: musulmanes. La mujer musulmán tiene la obligación de personificar el "contra modelo" islámico de este Occidente pervertido. La respuesta a la embestida occidental es simple: las musulmanas usan hijab (cubriendo sus cabezas y cuerpos) porque Allah así les ha ordenado: "Oh Profeta, dile a tus mujeres e hijas y a las mujeres que creen que dejen caer sus ropas cuando estén alrededor de ellos (cuando salen o están junto a hombres). Eso será mejor para que sean reconocidas (como musulmanes)
y no ignoradas
" (Qur'an 33:59). Una mujer musulmana que cubre su cabeza esta haciendo una
declaración y una reafirmación de su identidad. Todo el
que la vea sabrá que es musulmana y que tiene una moral. El Corán dice: "Dile a los hombres creyentes
que deberán bajar sus miradas y guardar la molestia; que los hará
más puros; Allah sabe todo lo que hacen
Y di a las mujeres
creyentes que deberán bajar sus miradas y guardar su modestia;
y no deberán enseñar su belleza y ropas excepto en lo ordinario;
que deberán dejar caer sus velos sobre sus pechos y no enseñar
su belleza más que a sus maridos
" (Qur'an 24: 30-31).
El Islam no ha creado estándares sobre el estilo
de vestidos o tipos de ropas que los musulmanes deban vestir. Como sea,
algunos requerimientos deben ser satisfechos. El primer requerimiento es sobre las partes del cuerpo
que deben ser cubiertos. La segunda exigencia es sobre la soltura. La ropa debe
ser lo suficientemente suelta para que la silueta de la mujer no pueda
ser vista. El grosor es el tercer requisito. La ropa debe ser lo suficientemente
gruesa para que no se puede ver a través de ellas ni el color de
la piel ni las formas. Otro requerimiento es el tener un aspecto totalmente digno.
La ropa no deberá atraer la atención de los hombres. No
deberá ser brillosa o llamativa de tal manera que todos noten a
la mujer y al vestido. La hijab no es tan sólo un vestido que cubre, más
importante son el comportamiento, maneras, diálogos y apariencia
en público. La vestimenta es tan sólo una faceta del ser
total. El requerimiento básico de la vestimenta de la mujer
aplica igual a la de los hombres con la única diferencia que la
modestidad requiere que los hombres se cubran desde el ombligo hasta las
rodillas excepto para sus esposas. La vestimenta de los hombres no debe
ser como la de las mujeres, ni ajustada ni provocativa. Un musulmán
deberá mostrar su identidad como musulmán. Hombres no están
autorizados a vestir oro o seda. Sin embargo, ambas son permitidas para
las mujeres. Para ambos, las obligaciones de vestimenta no significan
una restricción, sino una manera en que la sociedad funcione es
una apropiada manera islámica. El Islam es una alternativa de vida muy beneficiosa para
la mujer occidental que no se identifica con el modelo y los valores materialistas
que hoy en día proliferan. Difundir, divulgar, diseminar, nuestra
verdad es una tarea ardua, pero de resultados maravillosos. Por otro lado, se impone la necesidad de crear lo que he
dado a llamar "islotes" de islamismo. Obviamente, va dirigido
a aquellos que vivimos en la diáspora. Estos islotes de islamismo
son espacios de encuentro de reflexión, de recreación, de
intercambio, etc., donde se reafirme la identidad y la pertenencia musulmana,
en medio de terrenos hostiles. Recordemos, que vivimos en sociedades que
aborrecen a Dios y a toda su creación. Es necesario saber que no
estamos solos en esta lucha. La Umma (comunidad) hace a la fuerza.
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