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Maor ha dejado el judaísmo. Hoy se siente musulmana. Una profunda transformación para una joven que va siempre con el velo tapando su cabeza y el Corán en mano. Su decisión originó un terremoto familiar
multiplicado por las circunstancias. Basta decir que su padre es un simpatizante
del movimiento ultraderechista Kaj, ilegalizado en Israel por sus ideas
contra los árabes. "Somos un país muy pequeño.
Y no hay suficiente lugar para judíos y árabes por lo que
alguien tiene que irse y otro quedarse. Estoy a favor del tránsfer",
justifica el padre, Alex. Entre la risa y la tristeza, Maor añade: "Creo
que mi padre echaría a los árabes de Israel, incluyéndome
a mí". Alex aclara que "es mi hija y siempre estaré
a su lado". A los 13 años, empezó a interesarse
en el Corán. "En la sinagoga no encontré las respuestas
que buscaba. La primera vez que fui a la mezquita lloré sin parar.
Salí de la mezquita con el corazón limpio y puro",
cuenta la joven. A los 16 años, lanzó la bomba. Se quería
convertir al Islam. Su madre Rafeket recuerda: "Cuando nos lo dijo,
nos sorprendimos y opusimos. Intentamos convencerla. Al final solo pusimos
una condición, que si ésa era su decisión final que
esperara a cumplir los 18 años". La frustración invadió a la madre.
"La dije que ella nació judía y así debía
continuar. Además, convertirse a otra religión es siempre
complicado. No puede ser que un día se ponga el velo, entre en
casa y nos diga soy musulmana, no judía". Pero nada o nadie la hizo cambiar de opinión.
Ni tan siquiera el recuerdo del Holocausto que segó la vida de
sus abuelos en Europa. "Maor lleva el nombre de mi padre, asesinado
por los nazis en la Shoa y cada año venía conmigo para recordar
su memoria. No sé que pasará este año", se sincera
la madre. Maor dice entenderles: "Es normal que se sientan
traicionados. A veces yo misma me siento muy mal ya que soy descendiente
de personas que se sacrificaron, lucharon y murieron por conservar el
judaísmo. Mis abuelos murieron solo por el hecho de ser judíos
y ahora su nieta decide convertirse al Islam". Tras abrazar el Corán, Maor buscó en
Internet una familia musulmana en Israel. "No quería abandonar
a mis padres pero pensé que lo mejor para mí era vivir en
un entorno adecuado a mis nuevas convicciones", afirma. El reencuentro fue emotivo. Tras abrazarse, su madre
le susurró: "¿Eres feliz? Si es así, yo también
lo soy pese a lo que estoy sufriendo. Pero si un día te sientes
mal, no te avergüences de volver a casa. Todos tenemos derecho a
equivocarnos y rectificar". Cuando pasearon por el mercado, una vendedora intentó
convencer a su madre para convertirse al Islam. "De ninguna manera.
No porque tenga nada contra el Islam sino porque estoy bien siendo judía.
Uno hace un cambio tan radical en su vida cuando se encuentra en dificultades",
respondió Rafeket. La aventura de Maor en Um El Fajem no ha durado mucho
y ya está de vuelta en Carmiel, con la cabeza tapada aun con el
velo pero bien alta. "El Islam me da las respuestas. Debo estar aquí
con mi familia. Rezar es Yihad. Respetar a tus padres es Yihad",
añade. Sin estudiar ni trabajar, prefiere dedicarse al Corán
y esperar que su príncipe azul se cruce en su sorprendente camino.
Un príncipe que debe ser musulmán: "Mis padres saben
que si me he convertido al Islam lo más normal es que me case con
un musulmán. Inshallah". Fuente: www.elmundo.es
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