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Durante la Intifada de Al-Aqsa fueron arrestadas
720 mujeres palestinas, de ellas siguen aún detenidas 102. Un informe del Comité Público contra la Tortura de Israel (abril 2008) relataba seis casos, en lo que va del año, en que las fuerzas israelíes habían amenazado a prisioneros palestinos con detener a miembros de su familia. Hay informes documentados de detenciones de miembros de las familias de prisioneros políticos sin razón legal alguna para hacerlo. Ese informe fue remitido a la Knesset. El jefe del
servicio de seguridad interna israelí (Shin Bet) corroboró
que la Unidad de Investigación había confirmado al menos
una situación de ese tipo durante la vista del caso. Algunas de las mujeres detenidas tienen hermanos
o maridos retenidos también en otras cárceles, pero la administración
de las prisiones de Israel se niega a conceder el intercambio de visitas
entre los miembros de las familias. El Ministerio palestino para los Prisioneros ha asegurado
en sus informes que todas las mujeres arrestadas habían sido sometidas
a torturas psicológicas o físicas y en algunos casos a ambas,
en diferentes grados y métodos. Algunas eran también acosadas
sexualmente. Suelen mantener a las mujeres varios meses en celdas y cámaras
de interrogatorio para trasladarlas después a siniestras prisiones
donde han de sobrevivir en muy duras condiciones; algunas fueron liberadas
pero sin indemnización ni disculpa algunas. De las ciento dos mujeres palestinas que siguen aún
prisioneras desde la Intifada de Al Aqsa, noventa y ocho provienen de
lugares del norte de Palestina y Jerusalén y cuatro son de las
zonas sureñas. Entre ellas hay cuatro muchachas menores de edad. La Dra. Mariam Saleh, Vicepresidenta del Consejo
Legislativo Palestino y Ministra para Asuntos de la Mujer se encuentra
entre esas detenidas. Cincuenta y dos de esas prisioneras han sido ya sentenciadas,
algunas a cadena perpetua, otras a penas de varias vidas de duración.
Cuarenta y cinco tienen la sentencia suspendida, seis están detenidas
en centros de detención administrativa. Cuatro dieron a luz en
prisión sin los adecuados cuidados sanitarios y les negaron que
algún familiar pudiera acompañarlas durante el parto. Esas
madres son: Mervat Taha, Manal Ghanem, Samar Subaih y Fatima Alziq. Antes
de la Intifada, otras muchas mujeres tuvieron a sus bebés en condiciones
parecidas. El sufrimiento de las mujeres palestinas en las cárceles israelíes no ha dejado de aumentar; las condiciones de las prisioneras se deterioran de forma continua y peligrosa; además, están sometidas a campañas de represión por parte del departamento israelí de prisiones sin miramiento alguno hacia sus necesidades específicas de género. Ese trato ha acabado afectando gravemente su salud mental, especialmente de las que llevan confinadas en solitario períodos que van desde unos meses a varios años. Confinamiento en solitario también
tras la muerte El castigo que supone la detención de las mujeres
palestinas no se limita sólo a mujeres vivas, las autoridades ocupantes
israelíes han arrestado a varias mujeres después de haberlas
asesinado y, para que el castigo sea más efectivo, han encerrado
sus cuerpos en congeladores o en fosas comunes numeradas, negándose
a entregarlos o a permitir que sus familias les puedan dar un entierro
digno. Algunos de los nombres de las mujeres muertas y hechas después
prisioneras son: Israel es el único país ocupante en el mundo
capaz de castigar a los seres humanos aún después de muertos,
en violación de todas las normas y leyes universales éticas.
Lo hacen sobre todo porque saben lo importante que para un musulmán
es, desde el punto de vista religioso, enterrar un cuerpo muerto. Uno de los procedimientos manipuladores de Israel es fingir el arresto de un miembro de la familia de un prisionero para presionarle e intentar así que confiese y coopere. Para esos tortuosos objetivos se utiliza a madres, hijas, esposas y hermanas a fin de presionar psicológica y mentalmente cuanto puedan los prisioneros. La madre de un prisionero declaró que la habían esposado antes del encuentro con su hijo para darle a éste la impresión de que se lo iban a hacer pasar muy mal por culpa suya. Otro prisionero, de nombre Mahmoud Alswaiti, fue detenido
en la ciudad cisjordana de Hebrón como sospechoso de pertenencia
a grupo armado. Se le dijo que su mujer y su padre habían sido
también arrestados y, para agobiarle aún más y hacer
creíble su historia, los guardias israelíes obligaron a
su mujer y a su padre a caminar cerca de la ventana de la celda donde
se encontraba para que pudiera verles rodeados de guardias fuertemente
armados. También obligaron al padre a vestir una camisa similar
a la que llevan los prisioneros. Al ver esas actuaciones una vez y otra, Alswaiti intentó
suicidarse, el comité remitió la prueba de uno de los interrogadores
de que Alswaiti había tratado de estrangularse utilizando su propia
camisa y que también había estado golpeándose la
cabeza contra la pared y la mesa por la impotencia sentida al no poder
ayudar a su mujer y a su anciano padre y no poder librarles de la humillante
experiencia. Lo que puede esperar una madre palestina Normalmente, todas las madres tienen una serie de sueños
y esperanzas, como ser testigos de la graduación de sus hijos o
de sus bodas. Pero los sueños de las madres palestinas son distintos,
descabellados
Ribhiyeh tiene problemas coronarios y de diabetes y no
puede ir de visita más de una vez a la semana. Por eso sólo
puede visitar a un hijo cada vez y ella se siente como si dejara abandonados
a los otros cuatro. Detenido en la prisión de Mejido. Su hermano Samir,
29 años, está sentenciado a 40 años y diez días
de cárcel, fue arrestado hace seis años y sufre problemas
renales. Samir está detenido en la prisión de Rimon. Buraq,
de 23 años, fue encarcelado al principio por tres años,
y luego liberado; después le arrestaron de nuevo por un período
de 17 meses; y los investigadores están pidiendo una pena de prisión
de 7 años. Le acaban de trasladar a la prisión de Mejido.
Hazim, 27 años, desde hace seis años cumple sentencia de
cadena perpetua en la prisión de Yalbua. Muhammad, el menor de
sus hijos, tiene 20 años, fue detenido hace año y medio
pero aún no le han condenado. Su madre sufre mucho porque no puede disfrutar de la presencia
de sus hijos en otro lugar que no sea la cárcel. Sonreía
y lloraba al explicar que su hijo Muhammad y su hermano Hazim se habían
encontrado una vez en una de las celdas de la prisión de Yalbua,
pero que no pudieron identificarse el uno al otro porque cuando detuvieron
a Hazim, Muhammad era aún muy pequeño y, además,
su hinchado rostro a causa de las torturas padecidas le hacían
irreconocible. La madre confía en poder ver a todos sus hijos a
la vez. Declaró que, además, a tres de ellos, Muhammad,
Buraq y Mazin, no les había vuelto a ver desde el momento en que
se los llevaron detenidos.
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