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Fuente: El País ¿El motivo? Hace ya casi dos meses Najwa, española
de origen marroquí, optó por cubrir su cabeza con el hiyab
(pañuelo islámico). Cuatro de sus profesores le formularon
otros tantos apercebimientos, el último el 8 de abril. Se le reprochaba "llevar la cabeza cubierta, incumpliendo
las normas del reglamento de régimen interno". Mantenía
así "una actitud contraria a las normas de convivencia en
la clase". El artículo 32 del reglamento prohíbe ir
vestido de forma provocadora o llevar la cabeza cubierta. Como en 2002 con Fátima El Idrissi, en Madrid, o
en 2007, con Shaima Saidani, en Girona, u otras casos similares en Ceuta
y Melilla, la polémica del velo islámico irrumpía
de nuevo con fuerza en la enseñanza en España. A Najwa la dirección del instituto le vetó
asistir a clase, pero le permitió pasar las seis horas de la jornada
escolar en la sala de visitas excepto cuando acuden huéspedes,
explica la alumna. "Entonces me tengo que salir un rato", señala. "Allí vienen a verme algunos compañeros
y profesores que me dan los deberes que han puesto en clase", prosigue
Najwa. "Intento así no perder el curso". "De mayor
me gustaría ser profesora de matemáticas". "Le pedí a mi hija que aplazase su decisión
de ponerse el hiyab porque sospechaba que podría acarrear problemas",
indica este celador de una clínica madrileña. "Yo quise
dar el paso porque quería dejar claro que me gusta mi religión",
asegura Najwa. Una vez que Najwa dio el paso su padre la secundó,
no obstante, plenamente. Presentó un recurso de alzada contra la
sanción ante la Consejería de Educación de Madrid,
paso previo al contencioso-administrativo. Varios compañeros de
Najwa también se solidarizaron con ella entrando en clase con la
capucha puesta y tres fueron expulsados el viernes. En el recurso el padre asegura que el pañuelo "no
dificulta la identificación" de su hija y recuerda que el
uso del hiyab es "una manifestación de la libertada religiosa
garantizada por nuestra Constitución" en su artículo
16. Esos mismos argumentos empleó el presidente de la
Unión de Comunidades Islámicas de España, Riay Tatari,
en una carta dirigida al director del instituto, Eduardo de Bergia. El
reglamento del centro, insiste, "no es conforme con el desarrollo
normativo legal español". Recuerda además que el hiyab
es útil "para la prevención del contagio de parásitos
como el piojo". La otra gran rama del islam en España, la Federación
Española de Entidades Religiosas Islámicas, también
ha intervenido. Su presidente, Mohamed Alí, sostiene en una carta
enviada al Ministerio de Justicia que estas prohibiciones "alimentan
más si cabe el fanatismo religioso". De Bergia, el director del centro, se muestra confiado
en que se alcanzará una solución la semana próxima.
"El martes se reúne el consejo escolar para estudiar una modificación
del reglamento", explica. "Considero probable que salga adelante",
añade. El reglamento, reconoce, "quizá esté
algo desfasado". "La prohibición de cubrirse la cabeza
estaba pensada para alumnos empeñados en llevar gorras en clase",
pero no para el hiyab. - Shaima Saidani. La dirección
del colegio Joan Puigbert-Annexa de Girona le prohibió vestir en
clase el hiyab, el pañuelo que cubre el pelo. Tenía ocho
años, era 2007, y los responsables argumentaron que podía
ser causa de discriminación. La familia pensó en regresar
a Marruecos. No fue necesario. La Generalitat ordenó readmitirla.
El derecho a la escolarización, adujo, prevalece sobre las normas
de los centros. - Fátima Elidrisi. La
joven fue escolarizada con 13 años en el colegio católico
Inmaculada Concepción, en Madrid, en 2002. Las monjas le negaron
la asistencia a clase con velo. Renunció al colegio y se matriculó
en el instituto público Juan de Herrera. Fátima vistió
el hiyab hasta que abandonó sus estudios en 2005. - Zoubida Barik. La abogada musulmana fue expulsada del estrado por el juez de la Audiencia Nacional Javier Gómez Bermúdez por llevar el velo. Elevó una queja al Consejo General del Poder Judicial, que dio la razón al magistrado porque la normativa sólo permite una prenda en la cabeza: el birrete. La cuestión está ahora en el Tribunal Supremo.
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