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30/09/10
En el caso de Sakineh, todas las informaciones que Bernard-Henry Levy ha divulgado y que el propio Nicolas Sarkozy se ha encargado de confirmar son falsas. En el caso de Sakineh, todas las informaciones que Bernard-Henry Levy ha divulgado y que el propio Nicolas Sarkozy se ha encargado de confirmar son falsas. El anuncio de quemas del Corán por parte de pastores estadounidenses en ocasión de noveno aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001 sacudió el mundo musulmán. La reacción ante el anuncio es diferente según las culturas. Para los occidentales, se trata de una provocación que se debe relativizar. Es verdad que se trata de un libro que los musulmanes consideran sagrado pero, después de todo, sólo se trata de quemar papel. Por el contrario, en el mundo musulmán se estima que cuando se quema el Corán se trata de separar a los hombres de la palabra divina y de negarles la salvación. Lo anterior da lugar a reacciones emocionales incontrolables que los occidentales interpretan como histeria religiosa. Nada parecido pudiera suceder en Europa, y mucho menos en Francia, país conformado por un siglo de laicismo militante. Sin embargo… Movilización El señor Levy, quien se mantiene en contacto telefónico con el hijo de la víctima –residente en Tabriz, Irán– y con su abogado Javid Hustan Kian, quien acaba de instalarse en Francia huyendo del régimen iraní, no ha escatimado len detalles: la lapidación, cuya práctica fue interrumpida a través de una moratoria, fue supuestamente retomada por iniciativa del presidente Ahmadinejad. La señora Sakineh Mohammadi-Ashtiani pudiera ser ejecutada al término del ramadán. Mientras tanto, el director de la prisión, furioso por el escándalo mediático, supuestamente ordenó propinarle 99 latigazos. Porque esa agresión contra el rostro, ese bombardeo de piedras contra un rostro inocente y expuesto, ese refinamiento de crueldad, que llega incluso a codificar el tamaño de las piedras para garantizar que la víctima sufra durante mucho tiempo, es un excepcional concentrado de inhumanidad y de barbarie. Y porque hay, en esa manera de destruir un rostro, de hacer reventar su carne y de reducirla a un magma sanguinolento, porque hay en ese gesto de bombardear una cara hasta convertirla en una masa algo más que una ejecución. La lapidación no es una pena de muerte. La lapidación es más que una pena de muerte. La lapidación es la liquidación de una carne a la que se le ha seguido un juicio, retroactivo en cierta forma, por haber sido esa carne, precisamente esa carne: la carne de una mujer joven y bella, quizás amante, quizás amada, y que quizás gozó de la felicidad de ser amada y de amar.» El presidente Sarkozy confirmó las informaciones de Levy durante la conferencia anual de embajadores de Francia [2]. Después del discurso declaró que la mujer condenada se encontraba, en lo adelante, «bajo la responsabilidad de Francia». Rápidamente, numerosas asociaciones y personalidades se unieron a ese movimiento y se recogieron más de 140.000 firmas. El primer ministro francés Francois Fillon se presentó ante las cámaras del principal noticiero de la televisión pública para expresar su emoción y su solidaridad con Sakineh, «nuestra hermana de nosotros todos». Mientras tanto, la ex secretaria francesa de Estado para los Derechos Humanos, Rama Yade, afirmaba que Francia consideraba en lo adelante aquel caso como una «cuestión personal». Engaño Los fariseos exigen que Jesús se pronuncie sobre lo que hay que hacer. Si aconseja la lapidación, lo considerarán un fanático. Si se niega a castigarla, lo acusarán de oponerse a la ley. Pero Jesús salva a la mujer con la siguiente respuesta: «Quien esté libre de pecado, que lance la primera piedra». Jesús invierte así el dilema: si los fariseos la apedrean, es porque se creen puros. Si no lo hacen, son ellos quienes violan la Ley. El texto precisa que: «se retiraron uno por uno, empezando por los más viejos». En el pensamiento occidental, ese mito fundamenta la separación entre la ley religiosa y la ley civil. La adúltera ha pecado ante Dios y sólo ante él debe rendir cuentas. No ha cometido crimen ni debe ser juzgada por los hombres. Los mullahs deben ser fanáticos falócratas que reprimen los amores de las mujeres fuera del matrimonio y las mantienen sometidas a los hombres. Cegados por su propio oscurantismo, llegan incluso a matarlas y lo hacen de la peor manera. Podemos hablar, en este caso, de histeria religiosa colectiva ya que, en tal circunstancia, el reflejo normal de la gente sensata debiera ser verificar las acusaciones, cosa que nadie se ha molestado en hacer en todo este tiempo. Interrogantes La entrevista fue realmente sui generis ya que el señor Zadeh se preguntaba si su interlocutor, humorista de profesión, no le estaría tomando el pelo al expresarle sus temores, mientras que M’bala pedía que le repitieran varias veces las respuestas del funcionario iraní a sus preguntas porque no lograba creer hasta qué punto él mismo había sido manipulado. Después del derrocamiento de la dictadura del sha Reza Pahlevi, la República Islámica se preocupó ante todo por poner fin a las arbitrariedades e instaurar un Estado de derecho de la manera más rigurosa posible. En lo tocante a los crímenes que conducen a la apertura de un proceso, el sistema judicial [iraní] prevé desde hace mucho tiempo la posibilidad de interponer un recurso de apelación. En todos los casos, el Tribunal de Apelación se encarga automáticamente de verificar la legalidad del procedimiento aplicado. El sistema judicial [iraní] ofrece por lo tanto garantías muy superiores a las de las jurisdicciones francesas y los errores son mucho menos frecuentes. Las condenas, sin embargo, siguen siendo particularmente duras. El país aplica la pena de muerte. Más que disminuir la cantidad de condenas, la República Islámica ha preferido limitar su aplicación. Basta con el perdón de las víctimas, o el de sus familias, para que se anule la ejecución de las penas. Debido a la existencia de esa disposición y a su masiva aplicación, no existe [en Irán] el indulto presidencial. La pena capital se pronuncia frecuentemente, pero raramente se aplica. El sistema judicial [iraní] establece un plazo de 5 años entre el momento en que se pronuncia la condena y la ejecución de la misma, con la esperanza de que la familia de la víctima otorgue el perdón y que el condenado reciba así el indulto y sea liberado de inmediato. En la práctica, las ejecuciones se aplican principalmente a los grandes traficantes de droga, terroristas y asesinos de niños. La ejecución de la pena de muerte, mediante la horca, tiene carácter público. Es de esperar que la Revolución Islámica prosiga su evolución y opte próximamente por la abolición de la pena de muerte. Manipulaciones No hay nada, en definitiva, absolutamente nada de cierto en la versión de Levy y de Sarkozy sobre la historia de la señora Sakineh Mohammadi-Ashtiani. Puede ser que Bernard-Henry Levy haya repetido de buena fe falsas acusaciones que iban en el mismo sentido que su cruzada contra Irán. Los funcionarios de la diplomacia francesa, la más prestigiosa del mundo, seguramente le han hecho llegar todo tipo de informes sobre el caso. Notas |
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