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Olivia Orozco de la Torre : Coordinadora del Programa Socioeconómico y Empresarial de Casa Árabe En enero se inicia la Presidencia española
de la Unión Europea. Organismos públicos, universidades,
think tanks, asociaciones, círculos de empresarios y medios de
comunicación concluyen en estos últimos meses y semanas
iniciativas, foros y declaraciones en preparación de lo que serán
las acciones a desarrollar durante este primer semestre de 2010. En ese marco, uno de los aspectos en
que España puede incidir, a través de su reconocido papel
de puente entre Europa y los países árabes, es en el fortalecimiento
de la integración económica euro-árabe. En tres de
las prioridades marcadas por el Gobierno para la Presidencia española
de la UE, seguridad energética, cambio climático y recuperación
económica, la relación entre el conjunto europeo y el árabe
debe avanzar hacia una mayor integración económica potenciando
sus complementariedades. Suministro y distribución de
energía Como hemos ido siguiendo a través
de este Boletín, a lo largo del año pasado, se han realizado
algunos avances en el desarrollo de nuevas estructuras de interconexión
hacia estas regiones. También se han hecho avances
en la puesta en marcha del proyecto Nabucco, que llevará gas hasta
Austria desde Iraq, Irán y Egipto, pasando por Turquía y
otra decena de países (ver Boletín 13 y 14). Sin embargo, queda aún camino
por hacer en el proceso de integración entre los mercados energéticos
comunitarios y el desarrollo de sus infraestructuras de conexión,
tanto en gas como en electricidad, para que el potencial de las nuevas
conexiones pueda materializarse para garantizar una mayor seguridad energética
para toda Europa. Renovables y conexiones eléctricas
Más allá de los recursos
fósiles, los países del norte de África y Oriente
Medio (MENA) serán también una plataforma clave para el
desarrollo de las energías renovables, tanto solar como eólica,
cuyo potencial en la región está aún por desarrollar
(ver artículo sección sectores). Se están poniendo
en marcha algunas iniciativas en este terreno que conviene apoyar y que
muestran las posibilidades que podría tener una mayor cooperación
entre Europa y el conjunto de los países árabes. En esta línea, el proyecto Desertec representa un paradigma de cómo las complementariedades entre Europa y el mundo árabe pueden definir líneas de desarrollo común, en este caso, además, a través de un modelo de desarrollo sostenible y transformador. Iniciado por la fundación que lleva su mismo nombre, creada hace seis años entre el Club de Roma, la Fundación de Hamburgo para la Protección del Clima y el Centro Nacional de Jordania de Investigación en el Campo de las Energías Renovables (NERC), es resultado de una iniciativa privada a la que viene a acompañar, desde 2008, el impulso político del Plan Solar Mediterráneo de la Unión por el Mediterráneo (UPM). A través de una conexión eléctrica que unirá centros de producción de energía (termosolar, fotovoltaica y eólica) en países de Europa, Oriente Medio y norte de África, el proyecto pretende producir el 15% de la electricidad europea en 2050 (ver mapa). Para su desarrollo las compañías y centros europeos aportarían y transmitirían tecnología y conocimiento a los centros y redes de los países árabes, que desarrollarían, por su parte, el potencial de sus energías renovables. Proyecto DESERTEC de generación de energía
solar y transmisión eléctrica UE-MENA 1 La forma de cooperación bilateral más conocida como propia de los gobiernos locales es el hermanamiento entre ciudades. Su éxito se debe a que, con el paso del tiempo,
han ido evolucionando y adquiriendo mayor complejidad, como lo demuestra
el hecho de que tras los protocolos de hermanamiento entre municipios
tienen lugar a menudo acuerdos entre barrios de una y otra ciudad, o entre
asociaciones de vecinos, que entran en contacto para llevar a cabo todo
tipo de actividades. Se han convertido así en un instrumento de
cohesión e intercambio que sigue teniendo una enorme vitalidad. Las ciudades españolas no han sido ajenas a la dinámica
de hermanamientos, portadora de reconciliación y de paz, iniciada
tras la Segunda Guerra Mundial entre ciudades francesas y alemanas. En
los últimos años, y tras una fuerte concentración
de este tipo de cooperación con ciudades latinoamericanas, las
ciudades españolas se han girado hacia su entorno más próximo:
el norte de África y, por ende, los países árabes,
incorporados de forma reciente a esta dinámica de cooperación
con España. La figura del hermanamiento se plantea como una fórmula flexible y abierta de cooperación, no sometida a las dificultades que a veces conllevan las relaciones diplomáticas entre países. Consiste en elevar al más alto nivel las relaciones institucionales entre dos ciudades. El proceso de hermanamiento conlleva varias visitas previas
de estudio entre corporaciones municipales, acompañadas generalmente
por el sector asociativo de ambos municipios, para determinar las prioridades
y líneas de trabajo conjunto, que se verán luego reflejadas
en el acuerdo de hermanamiento a aprobar y firmar finalmente por los dos
ayuntamientos. Su valor añadido consiste precisamente en que los vínculos se manifiestan siempre desde lo local, siendo los conciudadanos quienes participan de estas relaciones, no reservadas de forma exclusiva a los lazos institucionales tradicionales. En numerosas ocasiones la iniciativa emana de la ciudadanía: asociaciones de amigos de un país o región; el interés por algún aspecto cultural, visible en muchas manifestaciones de la sociedad; el aprendizaje de una lengua; la atención que prestamos a las propias noticias que surgen de estos lugares; o las propias asociaciones de inmigrantes. En definitiva un cúmulo de circunstancias que hacen que surja la idea de estrechar los lazos con otra ciudad y que, en última instancia, se corroboran con la firma de un acuerdo de hermanamiento. Es este vínculo con la ciudadanía el que aporta estabilidad al hermanamiento más allá del devenir de las relaciones internacionales entre los países a otros niveles. Prueba de ello es que a veces las relaciones entre las diferentes administraciones, por diversas cuestiones, se enfrían o pasan por periodos de discordancia, mientras que la ciudadanía continúa desarrollando actividades en común Una cooperación muy concentrada en el Norte de África
pero cada vez más diversificada Los hermanamientos más conocidos son aquellos existentes entre ciudades con fuertes lazos históricos o culturales, como Córdoba y Kairouan, considerada esta última como una de las ciudades más importantes del mundo musulmán, o el ya tradicional hermanamiento entre capitales, como Madrid y Rabat. Pero lo cierto es que el hermanamiento con ciudades árabes dio sus primeros pasos como medio de establecer lazos de solidaridad internacional con municipios palestinos y saharauis en los años ochenta. Fruto de estos lazos, tejidos en un primer momento como
apoyo vinculado a una determinada causa política, algunos municipios
han acabado consolidando estos apoyos en acuerdos institucionales de hermanamiento.
En este sentido, gran parte de estos acuerdos se concentran entre ciudades
españolas y el norte de Marruecos así como con Argelia. Si bien la cooperación entre ciudades hermanadas se ha centrado principalmente en el intercambio de experiencias a nivel municipal y visitas institucionales, que incluían a los jóvenes y parte de la ciudadanía implicada en la promoción de dicho hermanamiento, éste ha ido ampliando su marco de actuación. Así, poco a poco se ha ido extendiendo a sectores más concretos de la gestión municipal, principalmente en relación con temas como: refuerzo institucional y desarrollo urbano (intercambio de funcionarios y cargos electos, formación y capacitación en planificación estratégica), cuestiones medioambientales (asesoramiento técnico sobre saneamiento público, cofinanciación de infraestructuras básicas de recogida de basura y tratamiento de residuos), o socioculturales y educativas; que han llevado a la participación directa de universidades, hospitales y asociaciones. Codesarrollo y redes de trabajo El papel de estos acuerdos en el codesarrollo de las ciudades es particularmente importante en el caso de Marruecos, donde los lazos se han ido reforzando, estableciéndose acuerdos marco en proyectos concretos como, por ejemplo, la campaña de recolecta de frutas y verduras, la creación de pequeñas empresas o cooperativas para mujeres, especialmente en zonas rurales, o la formación en materia de hostelería y restauración. Esto constituye un avance en la medida en que los ayuntamientos,
como parte del acuerdo mutuo de hermanamiento, incorporan estos aspectos
en los proyectos comunes de la mano, o incluso acompañando, iniciativas
privadas, ya sean de sindicatos o de los propios empresarios de la localidad.
Es el caso de muchos municipios andaluces o de la provincia de Lleida
(con la Unió de Pagesos). Principales hermanamientos entre ciudades
españolas y árabes Aunque las actividades de los hermanamientos consideradas como tradicionales (intercambios culturales y de jóvenes, visitas institucionales entre ambos municipios) siguen estando vigentes, nuevos aspectos reflejan la constante evolución de esta forma de cooperación en el tiempo y su utilización como marco para distintas iniciativas, permaneciendo abierta a las transformaciones sociales y al desarrollo de las relaciones internacionales. Entre estos nuevos aspectos se ha manifestado una tendencia en alza de la constitución de redes de trabajo en común entre municipios. Un ejemplo destacado es la red AN'MAR, establecida por municipios andaluces y marroquíes en el marco de su larga tradición de cooperación mutua. Se trata de un espacio de colaboración que no sólo
promueve el fortalecimiento de los hermanamientos ya existentes sino que
facilita la cooperación entre los municipios, superando la colaboración
bilateral y ofreciendo un marco de trabajo común en ámbitos
como el refuerzo institucional municipal o la cooperación cultural,
entre otros. La cooperación de los municipios españoles
sigue marcada por un incremento de las actuaciones destinadas a potenciar
el desarrollo integral del municipio, aunque la dimensión política
sigue estando presente. En su dimensión más política, los hermanamientos pueden convertirse en una herramienta de expresión de la opinión de la ciudadanía sobre distintas cuestiones de política exterior. Los hermanamientos con ciudades palestinas y con el territorio del Sáhara occidental son buena muestra de ello. Un ejemplo reciente es el caso de ciudad de Barcelona, hermanada a la vez con Gaza y con Tel Aviv y que, tras los ataques a Gaza en diciembre de 2008, se vio sometida a una fuerte campaña de la sociedad civil organizada de la ciudad exigiendo la cancelación del hermanamiento con la ciudad israelí. Esta campaña tuvo una importante repercusión
en los medios de comunicación y movilizó a una parte destacada
de la ciudadanía de Barcelona, pero el Ayuntamiento decidió
mantener las relaciones con ambas ciudades, como parte de su compromiso
a favor del diálogo entre ambos países. La dimensión
política que inevitablemente conlleva toda relación institucional
entre administraciones públicas no resulta siempre fácil
de modular, sobre todo en el contexto tan inestable como el mediterráneo. En conclusión, el mecanismo más antiguo de cooperación entre ciudades sigue cumpliendo con su función sencilla, pero fundamental: acercar a las poblaciones de la forma más próxima posible, sin recurrir a los instrumentos complejos que conlleva la cooperación al desarrollo clásica o la diplomacia entre Estados. Sigue pendiente que estas relaciones no sufran los altibajos propios de los cambios de coyuntura política, o de equipo de gobierno, y que dichas relaciones acaben articulándose a través de políticas coherentes, donde se demuestre en la práctica la interrelación entre las necesidades de la ciudadanía y la respuesta efectiva de los poderes públicos, reforzando un instrumento clave de codesarrollo local. Enlaces web de interés:
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