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Trasfondo histórico de la islamofobia en
Occidente
Al hacer un breve repaso de la historia de las relaciones
que han existido entre el mundo árabe-musulmán y Occidente
desde hace catorce siglos podemos observar que el discurso inamistoso
entre ambos constituye la prolongación de la tradición occidental
consistente en tener poco respeto y poca consideración hacia los
musulmanes
En las relaciones que existen entre las dos civilizaciones,
la religión ha desempeñado siempre un papel de suma importancia
en la legitimación de todas las guerras que occidente oponía
al mundo árabe-musulmán, la rivalidad entre dos bloques
cobro amplitud a partir del siglo XIX.
A partir de esa época, y a medida que los
occidentales comenzaron a tomar conciencia de su supuesta superioridad
cultural, ideológica, política y religiosa con respecto
a los musulmanes, éstos fueron llamados a pesar suyo a desempeñar
el papel de símbolo de todo lo que es aborrecido en Occidente.
Siendo conscientes del refinamiento de su sistema de valores, de su sistema
político, religioso, económico y moral, los intelectuales,
viajeros y aventureros y dirigentes europeos veían en todos los
aspectos de la vida de los musulmanes pruebas de su antagonismo con respecto
a Europa. Con lo cual, todos los comportamientos, las tradiciones religiosas
y sociales de los musulmanes, y en particular de los árabes, sus
costumbres, su modo de vida fueron tachados de arcaicos, atrasados, trasnochados
y contrarios a los valores occidentales
Como lo subraya José María Tortosa : (catedrático
de sociología de la Universidad de Alicante)
La percepción que las sociedades occidentales tienen del mundo
árabe (identificado con el mundo islámico) está distorsionada
y condicionada por un conjunto de estereotipos negativos, reforzados desde
los medios de comunicación. El fanatismo, el terrorismo y el peligro
de una invasión son rasgos que se atribuyen genéricamente
al pueblo árabe, olvidando las cualidades y la rica herencia científica
y cultural que esta civilización ha aportado al mundo occidental[
Lo que es aún peor es que los intelectuales y los medios de comunicación
occidentales de hoy siguen contemplando a las sociedades musulmanes desde
la misma perspectiva cargada de menosprecio y desdén de todos los
aspectos de la vida musulmana. Basta con ver los debates apasionantes
que provocan temas como la cuestión del hiyab (velo) o la situación
de la mujer y ver cómo la mayoría de los intelectuales que
intervienen en estos debates insisten en el hecho de que estas prácticas
existentes en el islam y defendidas a capa y espada por los musulmanes
son contrarias a los valores occidentales y no tienen, por tanto, ninguna
cabida en la sociedades occidentales.
Este fenómeno de islamofobia se explica según el islamólogo
Jacques Wardenbourg, por el hecho de que las relaciones entre el mundo
musulmán y el mundo occidental fueron marcadas a lo largo de varios
siglos por los traumas y traumas y las heridas que los musulmanes infligieron
a los europeos. Estos traumas dejaron en el imaginaro colectivo occidental
malos recuerdos del islam, que se transformó en fuente de espanto
y miedo. Lo cual determinó que en las relaciones de Europa con
el islam la primera obsesión de los europeos fuera rechazar todo
ataque de los musulmanes. Del otro lado, el expansionismo colonial europeo
en tierra musulmana con todos los trastornos culturales y la crisis de
identidad que creó en varios países árabe-musulmanes,
no hizo sino tensar las relaciones entre el mundo occidental y el mundo
europeo.
El avasallamiento del mundo árabe-musulmán por Occidente,
sigue estando en la actualidad bajo diversas formas .
Hubo una época de apaciguamiento de las relaciones
entre el mundo occidental y el Islam que se sitúa en el período
que siguió a la Segunda Guerra Mundial, que desembocó a
la vez en la aceleración del proceso de descolonización
y el comienzo del enfrentamiento entre el liberalismo y el comunismo,
lo que relegó provisionalmente a un segundo palmo el antagonismo
multisecular existente entre islam y Occidente. De esta manera las tres
primeras décadas que siguieron a la II Guerra Mundial fueron marcadas
por una tregua relativa en las relaciones entre los países occidentales
y los países árabe-musulmanes, que no eran contempladas
desde el prisma de la confrontación y la rivalidad, sino del dialógo
y el respeto mutuo. Este contexto marcado por la cooperación internacional
y en el que los países musulmanes priorizaban el desarrollo de
sus estructuras económicas, políticas y sociales favoreció
el fortalecimiento de la comunicación y el diálogo entre
las élites y las sociedades civiles de los dos bloques, lo que
dio como resultado la disminución de la percepción negativa
y excluyente que occidente tenía para con el mundo árabe-musulmán.
Este acercamiento entre los países musulmanes y Occidente fue operado
por una élite musulmana educada en las universidades occidentales
e impregnada de su cultura. Ahora bien, habida cuenta de las crisis económicas,
sociales y políticas por las que atraviesan sociedades musulmanes,
de la agravación del problema del paro y la falta de libertades
políticas, la mayoría de las sociedades musulmanes comienzan
a ver de un mal ojo el acercamiento entre sus élites y los países
occidentales, sobre todo si tenemos en cuenta que este acercamiento no
incluía a todas las capas sociales de estos países. Ante
la degradación de la condiciones de vida de estas sociedades, y
la agravación de la corrupción de unas élites políticas
musulmanas cuya primera obsesión consiste en mantenerse en el poder
y enriquecerse como sea, se asiste a la aparición de un número
importante de movimientos islámicos que desaprueban las políticas
sociales y económicas adoptadas por los responsables de sus países
y acusan al mismo tiempo a los occidentales de sostener bajo mano regímenes
dictatoriales que sirven sus propios intereses y saquean las riquezas
de sus países.
El fortalecimiento de estos movimientos islámicos, que cuentan
cada vez mas con una base social más amplia, tuvo como primer resultado
la revolución irani de 1979 que constituyó una ruptura y
el comienzo del distanciamiento entre Occidente y el mundo musulmán.
Por lo que, a lo largo de los años ochenta y como resultado de
la desaparición de la Unión Soviética y el final
de la confrontación Este/Oeste, el Islam volvió a estar
en el punto de mira de los dirigentes occidentales que comenzaron a ver
en el avance de los movimientos islámicos una amenaza dirigida
principalmente contra sus intereses y sus valores.
Por otra parte, partiendo de una visión etnocéntrica encaminada
a conseguir objetivos ideológicos y corroborar sus ideas preconcebidas
sobre la religión musulmana, los medios de comunicación,
los intelectuales y los responsables politicos occidentales, sin tener
ningún conocimiento de esta religión, por rudimentario que
sea, propagan un Islam , arcaico, inaceptable, opresor, totalitario, machista,
sexista falto de libertades individuales y de derechos humanos hablando
de que estos atributos son la propia esencia del islam. Cuando a ciencia
cierta el Islam es y predica todo lo contrario.
Tratan de presentar al Islam como un dogma"
impenetrable" a toda evolución e " incompatible"
con la modernidad, la democracia y la laicidad, es el objetivo perseguido
por todos los detractores de esta religión. A estos prejuicios,
hay que añadir el leitmotiv que se repite constantemente en la
mayoría de las editoriales y los libros occidentales que tratan
del islam, y que consiste en poner hincapié en el hecho de que,
dada su naturaleza totalitaria, esta religión no sería compatible
con los valores democráticos occidentales.
Definitivamente la total ignorancia sobre el dogma islámico hace
que diariamente los casos de islamofobia fluyan y tengan consecuencias
inhumanas y carentes de todo tipo de derechos sobre todo de aquellos por
lo que supuestamente bregan los occidentales , los tan mentados derechos
humanos los mismos que cuando se trata de un musulmán no se tienen
en cuenta
Trabajo realizado para UMMA por la Dra. Patricia
Sinkari (abogada)

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